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Comedia musical familiar sobre el asunto de crecer con una banda de sonido llena de canciones uruguayas

Se estrena en cines, "Temas propios" de Guillermo Rocamora, con algunos himnos del rock y el vínculo de un padre y un hijo

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La familia de "Temas propios"

Es como una comedia musical uruguaya lo que, desde ya, es una rareza. Su banda de sonido, además, está bañada de canciones del alguna vez llamado “rock nacional” que dialogan con la historia y la animan. Y esa es otra rareza. Se llama Temas propios, es la tercera película del uruguayo Guillermo Rocamoray se estrena hoy en cines.

Solo, su ópera prima, se estrenó en 2013 y es una minimalista comedia dramática sobre un trompetista de banda policial. Rocamora fue asistente de producción en Whisky, una marca de agua con la que su cine está lejanamente emparentado.

Su segundo estreno fue en 2019: La libertad es una palabra grande es un documental sobre uno de los liberados de la guerra al terrorismo que vino a dar a Uruguay. Tenía una estética doméstica, casi de cinema verité, para contar la odisea de Mohamed Motan, con todo su alcance personal y político.

Temas propios es un gran avance para Rocamora y su crecimiento será puesto a prueba en la serie israelí sobre el atentado de la AMIA, cuyo rodaje acaba de terminar y tuvo locación más visible en la Ciudad Vieja.

Ya habrá tiempo para hablar de eso. Rocamora está ahora promoviendo el estreno, hoy en cines locales, de Temas propios, comedia musical sobre los vínculos de un padre y un hijo y una madre. El anglicismo para definirla es un “coming of age”, o sea el pasaje de la adolescencia a la juventud.

El púber acá es Manuel (Franco Rizzaro) que anda en una temporada conflictiva que incluye la separación de sus padres, el descubrimiento del amor y de una vocación y los inconvenientes de formar una primera banda de rock. Rocamora mira todo eso con cariño.

Justo, César (Diego Cremonessi), el padre de Manuel, canaliza su crisis de mediana edad sumándose a la banda de su hijo con un entusiasmo que no da para la rabia juvenil de los chicos.

La madre (Valeria Lois) está - y con cierta razón, diremos los adultos- preocupada por Manuel e insiste que haga un test vocacional en una negación que solo una madre preocupada puede atravesar. Por ahí anda Eli, una suerte de ángel que interpreta Angela Torres y que enamora a Manuel.

Con el hermano más chico, Agustín (Vicente Luan), el más sensato en medio de ese tembladeral, van a pernoctar a una salón comercial gigantesco y abandonado que hace las veces de piso de soltero paterno. La locación es un punto destacado del diseño de producción de Gonzalo Delgado.

(Si le da curiosidad dónde está esa reliquia arquitectínica del Uruguay industrial, queda por la calle Democracia, atrás del Palacio, ubica Rocamora).

El escenario funciona como un símbolo del momento de la vida de padre e hijo, un mundo con todo para construir de nuevo. Es tan complicado ser un adolescente como ser un adulto. El padre está en su propio coming of age, si se permite repetir el anglicismo. La madre, también.

Todo acompañado por una playlist curada y producida por Juan Campodónico y Martín Rivero.

El éxito de Los Autómatas, la banda punk juvenil de César que se reúne para la ocasión, es Psychosound de Chicos eléctricos y hay una versión que hace Alta Fidelidad -el nombre de la banda de Manuel en la que se insmiscuye su padre- de “Gris” de Loop Lascano, un himno multigeneracional y que aporta un lindo momento.

El nombre de la banda, ya que estamos, es una referencia a Alta fidelidad -la novela de Hornby, la película de Frears- cuyo espíritu está claramente presente en las intenciones de Rocamora y en el espíritu indie de la película y la banda de sonido.

Hay, además, una interesante unión de la argentina Torres con Niña Lobo y Rivero aporta la siempre linda “Los días mueren sin tu amor”. De Niña Lobo es, además, “No soy yo”, la canción que Manuel compone durante todo la película y que es el botín de guerra paterno-filial.

Todo eso hace de Temas propios -las implicancias del título refieren todos- una comedia simpática y familiar que combina sensibilidad indie con mirada rioplatense.

Sobre algunas de estas cosas, Rocamora charló con El País, en un junket de prensa en los estudios Reducto donde se reprodujeron sets y props de la película (el carrito de supermercado y el bomberito de otra linda escena, por ejemplo). Atrás, había una espontánea y ruidosa reunión de Los Autómatas, con varios miembros de Alta Fidelidad en la vuelta. Una reunión familiar.

—¡“Psychosound” de los Chicos!

-Eso fue parte de un trabajo grande con Juan y Martín porque el guion no traía nada específico del ambiente musical. Lo que sí necesitaba era que al hijo le gustara la música que el padre había hecho y que el padre tuviera lugar en la banda del hijo. Era complejo y se aparecieron con “Psychosound”.

-¿En qué momento Temas propios se convirtió en una playlist así?

-De siempre. La génesis de este proyecto es una historia familiar: mi hermano siendo adolescente y cuando mis padres se estaban separando invitó a mi padre (que había tenido una banda) a tocar la batería con él. Y eso quedó marcado en mi vida.

-La película es así el vínculo entre un padre y un hijo...

-Manuel está viendo qué hacer y el papá es un poco el motor que a veces impulsa demasiado y que está en un proceso personal y la mamá hace de freno, por miedos válidos y entendible. Esos son los vínculos centrales.

-La locación juega un papel crucial...

-En el guion era una vieja ferretería. Pero cuando Gonzalo Delgado leyó el guion, me dijo que el lugar tenía que ser enorme, del tamaño de una automotora. Y apareció ese local que para mi termina dándole a la película un volumen que no hubiera tenido. Esa presencia, esa escalera. Como el personaje se llama César bromeábamos con que era el propio Palacio de César.

-¿Cómo pensó la ciudad?

-Es un no lugar. Bromeamos con Cremonessi que la película es “uruguatina”, mitad uruguaya, mitad argentina. La llevamos a un lugar de que no se sabe muy bien dónde transcurre y pulimos, incluso, los modismos para que no sea de acá ni de allá. No sentíamos que la historia necesitara la rambla y el mate.

-Su cine es variado. ¿Qué le interesa de un proyecto?
-Más que director, soy un contador de historias. En los asados soy el que cuenta anécdotas y el que escucha los cuentos de los otros. Soy un narrador de historias y puedo conectar con Mohammed y su crisis en Uruguay o con este padre y este hijo. O con los personajes que cuentan la historia de la AMIA. El cuento me puede. ¡Si hasta escucho a Landriscina!

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