PARÍS | ANA MARÍA ECHEVERRÍA -AFP
El británico Damien Hirst, cuya calavera de más de ocho mil diamantes es la obra de arte más cara del mundo, envió otra obra cubierta de moscas a una exposición en París consagrada, ni más ni menos, que a la representación de la muerte.
La muestra ¡Es la vida! Las Vanidades de Caravaggio a Damien Hirst, que abre sus puertas hoy en el museo Maillol, reúne más de 160 obras de diferentes técnicas, entre las que hay pinturas, mosaicos, esculturas, joyas y fotografías. Todas ellas tienen como objetivo recordar al hombre el carácter vano de su existencia de cara a la muerte ineluctable.
"Vanidad de vanidades, todo es vanidad": esas palabras del Libro del Eclesiastés, en el Antiguo Testamento, han sido reinterpretadas, a través de 2000 años de historia, por grandes artistas clásicos, modernos y contemporáneos.
Desde el italiano Caravaggio, el español Francisco de Zurbarán y el francés Théodore Géricault, hasta Jean Michel Basquiat, Andy Warhol, Piotr Uklanski y Antonio Saura, pasando por Paul Cézanne, Georges Braque y Pablo Picasso, han reinterpretado el "memento mori" ("recuerda que vas a morir") que tanto predicaron los antiguos romanos.
Figuran también en la muestra un mosaico italiano de Pompeya, del siglo primero después de Cristo, una Naturaleza muerta de Cézanne, con una calavera y un candelabro y otra de Picasso y un autorretrato del estadounidense Robert Maplethorpe, que es un testimonio directo del joven artista que va morir de Sida, a los 42 años.
Además, suntuosas joyas con calaveras incrustradas en diamantes, cruzadas por serpientes, una calavera del chino Yan Pei ming y un Cupido dormido, realizada por Genovesino hacia 1652.
El hilo conductor de la fascinante exposición que reúne calaveras, espectros, huesos y esqueletos hasta en las joyas del veneciano Codognato, es la obsesión contradictoria de "carpe diem" (disfruta hoy, porque mañana morirás), y la vanidad de poder, del saber, de la vida, ante el hecho de que todos acabaremos en polvo.
Pero según Patrizia Nitti, directora artística del museo Maillol, la calavera de Hirst (figura emblemática del arte conceptual) es "la maravillosa sorpresa" de esta exposición, cuyas principales obras provienen de colecciones privadas y probablemente no volverán a verse en público jamás.
Damien Hirst "nos había prometido una sorpresa", contó Nitti en vísperas de la apertura de la exhibición, que concluye a fines de junio del 2010.
"Pensábamos que era una broma. Pero la obra acaba de llegar y es una pequeña maravilla. Incluso los dientes son en ala de mosca", exclamó, indicando que el museo expone otra calavera con moscas de Hirst (Fear of death) realizado en 2007.
"Pero la que acaba de llegar es mucho más hermosa porque está completa, con todo y quijada", declaró Nitti, sin ocultar su entusiasmo por la pieza de Hirst, de 45 años, que causó un revuelo con su primer tiburón embalsamado en formol, propulsando al mercado del arte el movimiento de los Young British Artists, los jóvenes artistas británicos.
"La historia de la muerte en el arte constituye la parte de sombras de la historia del arte", resumió Alain Tapié en el catálogo de la muestra, que está despertando gran expectativa, no solamente en Francia sino también en toda Europa.
La dulce muerte
"La exposición no es triste. Es una manera de aprender a domesticar la muerte", concluyó la directora del museo, buscando sin duda no alentar la depresión que la exposición pudiera producir, así como también no multiplicar la morbosidad de los visitantes. La idea es que la muestra funcione como una más: de hecho, a la salida, en la tienda del pequeño museo, están a la venta las coloridas calaveras de azúcar mexicanas.