Nano Folle, recién jubilado de "Subrayado" de Canal 10: “Ya hice toda la televisión que tenía que hacer”

A días de retirarse de la televisión, Aureliano "Nano" Folle reflexiona con Sábado Show sobre la jubilación, la vejez, su salud y una libertad recién estrenada, sin horarios ni pendientes.

Programa de despedida de Aureliano Folle en "Subrayado".
Programa de despedida de Aureliano Folle en "Subrayado".
Foto: Ignacio Sanchez.

Dice Aureliano “Nano” Folle que se encuentra en un estado contemplativo. “Estoy mirando bastante lo que sucede a mi alrededor y conmigo. Me siento un hombre que, a pesar de la edad que tengo, estoy en plenitud. Estoy tranquilo y contento”, dice el periodista a una semana de su retiro de la pantalla de Canal 10. Sobre su presente, su carrera y la crónica roja es esta charla.

“Lo tuve que googlear porque me ocupé del tema, jubilación viene de la palabra jubileo, de júbilo. O sea, la jubilación no es un bajón. En Uruguay tenemos un problema con las infancias y con las vejeces. Estamos metiendo a todos nuestros viejos en residenciales. Se convirtió en un fantástico negocio, como en algún momento fue el pádel. Porque la gente se saca a los viejos de arriba, porque son un problema. No deberíamos ser un problema los viejos. Somos la gente que acumula sabiduría, que tiene respuestas más claras. Está mal el enfoque del anciano engreído y ácido que no sirve para nada”, agrega el periodista que fue parte de El País por muchos años, trabajó en radio y se retiró a fin de año luego de 23 años en Subrayado.

—¿Cómo fue el primer día después de 23 años en Canal 10?
—Creo que me lo había pensado y repensado. Fue normal. Fue un placer no tener más el lunes. Y lo más lindo es la emoción de la despedida de la gente, lo humano, eso es lo más lindo de todo. Lo demás, es lo que hay, no mucho más.

—Ese poco gusto por dar entrevistas sigue vigente.
—Sí. Le dije a un programa de televisión que me invitaron que ya no tengo más nada que decir. Ya dije todo, hice todo, ya está. No siento que tenga nada que decir.

—Sos periodista de raza, tal vez está la idea de escribir un libro…
—Estoy leyendo tres libros a la vez porque volví a leer. La página en blanco es lo que más me seduce, pero también quiero viajar. Quiero ir a los pequeños rincones del país por mi cuenta, sin cámara, a disfrutarlo. El domingo fui a comer una ensalada de camarones. Hice 200 kilómetros de ida y 200 de vuelta por esa ensalada.

—Así que feliz porque no hay reloj ni horarios.
—El tiempo lo manejo yo, como la hora que me levanto o duermo la siesta. Lo único que hago es, cuando tengo hambre como. Me encanta quedarme quieto en casa, tranquilo. Salí un poquito y nada más, pero estoy pasándola bomba. No esperaba otra cosa que lo que está pasando.

—¿Cuándo empezaste a pensar en el retiro? Tuvo haber sido un proceso interno.
—Me gusta mucho hacer televisión, soy un orfebre de esto. Me gusta estar encima de la historia, y hay que retirarse cuando llega la edad. Tengo edad de jubilación hace casi cinco años y me fui quedando. Y la edad, y la cara, marca un tiempo. Cuando tenés una misma cara durante 23 años en televisión, es hora de cambiar. Es lo que sucede en un jardín cuando los árboles tienen un tiempo, después se caen y se plantan nuevos. Hay que poder salir de los lugares y saber hacerlo con tiempo, bien. Ese es un punto muy difícil de explicar en este país porque todos somos muy aferrados a las cosas. “¿No vas a hacer más televisión?” No. Ya hice toda la televisión que tenía que hacer. Puede que escriba algo, pero tampoco es un mandato. Así que veré a dónde me lleva el agua, porque lo que hice fue levantar los remos del bote y dejar que el agua me lleve. Y estoy feliz, realmente estoy feliz.

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Danilo Tegaldo, María Noel Marrone y Nano Folle en "Subrayado Tarde".
Foto: Captura de Canal 10

—Te encantó trabajar y está bueno que puedas disfrutar de esta etapa distinta, nueva, para vos.
—Creo que el suflé se fue haciendo, y cuando llegó el momento, estaba hecho. Porque cuando crece hay que sacarlo. Eso fue lo que pasó conmigo. Fui pensando durante un tiempo en la jubilación y me pidieron que me quedara. Se fue Blanca (Rodríguez) y dije “ta, es ahora”. Puse una fecha en medio de las fiestas para que no hubiera tanto ruido, pero fue igual, hubo un ruido bárbaro.

—¿Cómo no va a hacer ruido si sos una de las caras y voces más conocidas de la radio y televisión? Además hiciste programas pioneros como Víctimas y victimarios, Historias de cárcel y Uruguayos en el mundo.
—Sí, está bien, pero hay un momento que hay que levantarse de la silla y caminar. Eso lo entendí y traté que no se interpusiera nada ni nadie. Entonces, por más que hay gente a la que le costó entenderlo, es fácilmente explicable. En estos 23 años hice todo en televisión. Lo decías bien, hice todos los programas que tuve ganas, todos con cierto éxito, entonces no tengo pendientes. La gente también me dice “hacés esto y tenés un boom”, pero no me interesa. Es extraño de explicar, porque la gente cree que tengo que tener otro programa, y no es así. De repente descubro en las fiestas del Uruguay un montón de historias de gente vieja que se está por ir y tiene cosas para decir, y surge algo. Tampoco estoy negado, pero no lo estoy pensando. Si la página en blanco me da un nuevo libro de los cuentos cortos, una novela, o algo autobiográfico, bienvenido sea, y sino se quedará en blanco.

—¿Eso no te genera estrés?
—Ningún estrés. Cuando escribí La Otra Mirada, sentía que tenía que decir algo de todo lo que había quedado de Historias de cárcel, y fue lo que hice. Pero hoy estoy libre de todo eso.

—Ahora hay tiempo para familia y amigos, o ir al cine de noche.
—Lo que surja. Por eso a las entrevistas digo que no. Me dicen: “pero sos un tipo con 45 años de laburo”; sí, pero ya pasó. El espacio dénselo a otro.

Nano Folle
Nano Folle. Foto: Archivo.

—Decías que estabas leyendo tres libros. ¿Cuáles son
—Estoy leyendo Onetti que me regaló mi mujer, también a Marosa di Giorgio que presentó mi primer librito de cuentos en Linardi, en el 86. Así que antes de ser ultra famosa, tuve el honor de que Marosa presentara el librito. Y además me compré la Biblia, nunca la había leído como libro. Así que estoy ocupadito en eso. También empecé a cocinar, estoy haciendo cosas especiales ahora que tengo más tiempo. Me meto en la cocina y hago inventos. Estoy disfrutándolo, y estoy recién jubilado, así que no sé para dónde me llevará. Estoy esperando ver qué aroma me viene a la nariz para saber dónde voy, porque soy muy intuitivo en ese sentido, no sigo patrones.

—Poder oler cuál es la historia para contar ha sido tu diferencial.
—Sí, puede ser. Yo me divertí mucho, aprendí mucho y me completé como ser humano con esta profesión. Así que le debo un montón, por tanto la respeto lo suficiente como para no meterme en sus problemas.

—Además de trabajar en El País, radio y conducir Subrayado fuiste pionero en la crónica roja, y dejaste frases icónicas como “eran dos”. ¿Hay algo que te haya dado para pensar, “qué increíble que haya pasado esto”?
—Increíble, no. Lo fui viviendo como me toca la vida, un día a la vez. Sí me di cuenta que hice algo que me gustó hacer y me pareció importante: escuchar todas las voces en la crónica policial. Un error que se comete es creer que la crónica policial es solamente la información de la policía, y por eso es crónica policial. Es como si hicieras la crónica laboral y solamente cubrieras el Ministerio de Trabajo. Eso me llevó a entender y a poder mirar desde otro ángulo algunas cosas. Me amplió la mirada, fue como encontrar un lente gran angular, porque empezó a abrirse un espectro interesante. Me di cuenta que tenía que aprender a pararme frente a la escena de un crimen, como se para un policía, un forense, un fiscal o un juez, tenía que aprender a mirar. Ese aprendizaje fue como hacer una carrera, como ir a facultad.

—¿Cuánto te llevó?
—Duró unos años y hubo un momento donde entendí, tenía una circunferencia de comprensión de lo que es el mundo de la delincuencia, el mundo del delito. Y ahí surge la relación con algunos policías, y con algunos delincuentes también, y el mayor acercamiento que puedas tener a la verdad. Porque ese es el rol del periodista, un ente testigo de lo que sucede, tratando de no llevar agua para ningún molino.

Nano Folle
Nano Folle. Foto: Archivo.

—Llegó un momento que hasta se abusó del tema, con música y todo.
—Sí, se abusó de la crónica policial. Incluso algún noticiero abrió su edición central con la “tentativa de rapiña a una farmacia”, porque si no abrías con la crónica policial parecía que el noticiero no tenía sentido. Y el mundo es mucho más que la crónica policial. Porque la crónica roja que lo que hace es explicarnos nuestros problemas. De ahí surgieron Víctimas y victimarios e Historias de cárcel, para tratar de explicar el delito. Y a pesar de que hay un poco más de violencia, crimen, no hay más programas que explique. Parece que no redituara. Sin embargo, lo que más busca la gente es comprender qué nos pasa. No que te digan, “fue a las 8 de la mañana, encontraron 8 vainas, y murieron dos”. Eso está bien, pero ¿qué pasó? Esa es la función que hay que hacer.

—Y en cuestiones de salud, ¿cómo estás? Porque estuviste embromado hace un tiempo.
—Supongo que bien, subí al ring dos veces con el cáncer. Tengo dos operaciones grandes, una me abrieron al medio entero para sacar un liposarcoma maligno que pesaba dos kilos, una comadreja tenía adentro. Por suerte estaba encapsulado, tengo buenos glóbulos blancos y hace dos años me sacaron medio pulmón por un cáncer de pulmón. Y estoy acá, tranquilazo.

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