Pensó en ser abogado, pero terminó en la Facultad de Comunicación porque se le había pasado el plazo para anotarse en la carrera de Derecho y apostó por lo novedoso de esa propuesta. Ignacio Álvarez creía que iba a terminar en una agencia de publicidad como creativo, pero encontró la vocación periodística sobre la marcha.
Fue mientras cursaba cuarto año en la Universidad Católica que su entonces docente, Gustavo Rey, lo recomendó para trabajar en un programa radial con Julia Amoretti en CX44, donde se convirtió en el “che pibe”.
En 1993, Karen Yavetz y Nicole Mitnik lo convocaron para conducir Historias de piel en Del Plata FM. Ese programa de sexo fue su primera transgresión en los medios.
A los 32 años llegó su primera gran oportunidad con Zona Urbana (Canal 10), el periodístico que llevó adelante junto a Gabriel Pereira, Cecilia Bonino, Gustavo Escanlar y la economista Laura Raffo. “Me la jugaba toda ahí porque era el primer programa periodístico de televisión. Tenía que salir bien porque me jugaba mi futuro”, dijo en una entrevista con El Observador al recordar el estrés de aquella época.
Luego llegó Pan y circo (Canal 10) y, más adelante, su regreso a la pantalla con Santo y seña (Canal 4). Hoy su presente está en el streaming con Todo se sabe.
Además, rompió el molde en el dial, primero con Las cosas en su sitio (Sarandí) y, desde hace unos años, con La Pecera (Azul FM).
El 25 de junio cumplió 55 años y, por ese motivo, repasamos cinco curiosidades que quizás no conocías sobre uno de los periodistas más polémicos de Uruguay.
Hizo retiros espirituales
Participó de retiros espirituales, una experiencia que, según explicó a El País, lo marcó y le permitió profundizar su vínculo con la fe. Se definió como católico, dijo estar bautizado y confirmado, y recordó que los retiros le permitieron sentir la presencia de Dios. Explicó que duraban cuatro días, incluían momentos de reflexión personal y contaban con el acompañamiento de un sacerdote o religioso.
“Más allá de entender las cosas que a uno le pasan, siente otras cosas que tienen que ver con esa eternidad, Dios, o como se le quiera llamar”, describió. Dijo también que en las iglesias lo sensibilizan y que ahí se siente “despojado de la figura”.
Se le filtró un video íntimo
Una década atrás, quedó en el centro de la atención pública luego de que se viralizara un video íntimo suyo. Según explicó, las imágenes habían sido grabadas entre 2010 y 2011, mientras estuvo separado de su hoy exesposa. Según relató, el video estaba en un celular viejo que guardaba en su casa y que fue robado en un hurto. Días después, un oyente lo alertó sobre la existencia de las imágenes.
Álvarez contó que, al recibir el video, sintió una enorme exposición y pudor. El periodista hizo la denuncia para intentar identificar a quien divulgó el material y cuestionó la falta de legislación específica sobre la difusión de imágenes íntimas en Uruguay. Señaló que lo que más lamentaba era el impacto familiar.
Dos años después, en una entrevista con Petinatti, volvió a referirse al episodio y lo definió como uno de los momentos más difíciles de su vida. Al mismo tiempo, reflexionó sobre la doble moral y sostuvo que mantener relaciones sexuales entre adultos no debería ser motivo de vergüenza.
Mujica fue su jefe y no le pagó
Mientras estudiaba Comunicación en la Universidad Católica, consiguió una participación en Un trato con Julia, el magazine que conducía Julia Amoretti en CX 44, entonces la radio de los tupamaros. “Era el che pibe y hablaba un poquito al aire”, recordó en Canal 4.
Ganaba dos pesos y decidió pedir un aumento. Lo enviaron a la oficina del director. Al entrar, vio a “un viejo todo sucio” y pensó que se había equivocado. Era José Mujica, a quien aún no conocía.
“Sí, m’hijo”, le respondió, y le concedió el aumento. Poco después, la radio fue clausurada tras los incidentes del Hospital Filtro y Álvarez quedó sin cobrar. Años después, ya presidente, Mujica escuchó la anécdota, aunque no la recordaba.
Tuvo un cruce con Aldo Silva
Fue a raíz de los audios y videos vinculados al caso de la presunta violación grupal en Cordón. Aldo Silva había reconocido que tuvo acceso al material y decidió no difundirlo tras evaluarlo con Radio Sarandí: “Hay temas en los que uno no debe meterse”. Álvarez respetó su decisión, aunque marcó diferencias: dijo que, ante información que podía cambiar la visión sobre un hecho de interés público, él sí optaría por difundirla.
Poco después, Silva aseguró en Copiloto de lujo que nunca buscó atacar a Álvarez ni sentirse superior por su decisión. “Nosotros elegimos una y los demás otra. Está perfecto”, afirmó. Incluso bromeó: “Nacho tiene más éxito que yo”, y remató: “Yo no me siento mejor que ningún colega”.
No lloró la muerte de su madre
Reconoció que no lloró la muerte de su madre, que falleció cuando tenía 48 años, debido a la relación conflictiva que mantenían. “Lo sentí como una liberación”, admitió en Te quiero contar. Con el tiempo, entendió que había negado y tapado ese dolor como mecanismo de defensa.
Años después, empezó a permitirse llorar, expresar el dolor y aprendió a vincularse de otra manera con sus emociones. Tras separare de su esposa y madre de sus hijos, tras dos décadas de relación, dijo haber atravesado un proceso que lo conectó con el sufrimiento y con él mismo.
También relacionó ese cambio con años de terapia. “Antes sentía que el llanto era un signo de debilidad”, explicó en Un café con Claudia (Canal 4). En ese proceso llegó a una conclusión: la coraza que permite seguir adelante puede acarrear un costo. “Si querés crecer en serio, tenés que bajar esas armaduras y vivir de verdad”, sostuvo en esa entrevista.