Reconocido por sus decenas de personajes en telenovelas argentinas, Luis Machín regresó a Uruguay. El multipremiado actor de cine, teatro y televisión presenta esta vez el espectáculo Relatividad que lo enfrenta a un nuevo desafío: ponerse en la piel del mismísimo Albert Einstein. “Siempre me generó mucha curiosidad”, indica sobre el personaje que lucirá este viernes en el Teatro El Galpón. Cruzar el Río de la Plata se ha convertido en los últimos años en parte de una rutina habitual para el artista, que suele viajar a Uruguay para presentar sus obras o para los rodajes de series que integra. “Me encanta recorrer Ciudad Vieja”, comenta.
—¿Cómo es interpretar a un personaje como Albert Einstein?
—En principio uno lo aborda desde la curiosidad. Empiezo a indagar: “¿cómo era este hombre?”. Más allá de los rasgos que uno conoce, siempre me despertó mucha curiosidad. Primero voy al registro filmográfico y fotográfico para partir de los condimentos que la gente ya tiene y está aceptado. Hay una fisonomía particular, con sus pelos, su bigote y su forma de vestir. Esos son los primeros datos que el personaje real te ofrece y después uno empieza a meterse en cuestiones más vinculadas a su obra y su legado. En este caso, la obra es aborda temáticas desconocidas sobre él, como lo son sus vínculos familiares, la relación con sus hijos, etc. Esto hay que aclararlo porque no hay que saber de física para entender la obra, que habla del hombre más allá de su obra. Era un hombre por fuera de lo común con un carácter casi histriónico. Tenía algo muy convocante.
—¿Componer un personaje que existió en la vida real implica un desafío mayor para un actor?
—Hay un trabajo extra en la medida de que uno tiene que acercarse a los rasgos fisonómicos del personaje que la gente ya conoce. El público se fija y dice “che, está parecido”. Y el teatro en ese sentido es maravilloso porque lo trae de la muerte. La gente lo ve ahí interactuando con otros. Y esa reconstrucción tiene un carácter. Pero después, en realidad, el desafío es poder contar una historia que sea contundente y que produzca interés. En este caso tenemos una historia que es muy interesante.
—Estás viniendo seguido a presentar tus espectáculos y a rodar series, ¿cómo te llevás con Montevideo?
—Cada vez que estoy llegando a Montevideo me viene una alegría enorme. Es una ciudad que he visitado muchas veces en los últimos seis años y la conozco bastante por la cantidad de lugares en los que estuvimos filmando. Así que tuve la oportunidad de recorrerla. Yo no soy muy de la Rambla, pero me encanta recorrer el Centro y caminar por Ciudad Vieja. Ya tengo como mis lugares, como el Café Brasilero. Yo soy rosarino y le encuentro muchas similitudes con Rosario, en lo humano y en la conformación de la ciudad.
—¿Cómo impacta en la industria audiovisual argentina que se hayan mudado tantos rodajes a Uruguay?
—La industria audiovisual argentina está extremadamente resentida. Viene siendo muy atacada desde el gobierno de una forma violenta. La actividad audiovisual genera una gran cantidad de empleo, y mientras en Argentina se resiente, en Uruguay le dan beneficios que le permiten instalar producciones de alto vuelo con costos más bajos. Además hay un gran nivel técnico y artístico que es ideal para la estas producciones. Eso es lo que me ha traído varias veces a Montevideo. Pero es cierto que eso lleva a que haya más empleo local en Uruguay en desmedro del nuestro. Uno queda dolido porque hay un montón de colegas y compañeros técnicos que están sufriendo esta debacle. Lo que queda es buscar alternativas para seguir produciendo y contando historias, y en ese sentido Uruguay siempre abrió los brazos para poder hacerlo.
—¿En qué momento identificás que comenzó esa debacle? Antes del gobierno de Milei ya había pocas producciones locales.
—Antes de este gobierno hubo una pandemia en que en Argentina se cerró todo mucho más que en Uruguay, donde se siguió produciendo. Argentina tomó medidas con las que yo concuerdo porque en ese momento había que defender a la vida por sobre todas las cosas, pero eso tuvo un impacto negativo en el sector. Y también es cierto que venimos de un cambio de paradigma en la forma de mirar ficción que viene de hace muchos años. Pero también es un hecho que el gobierno actual viene agrediendo a la cultura, y tiene por ejemplo al Instituto Nacional de Cine prácticamente cerrado de facto.
—¿Cómo evaluás el apoyo popular que tuvo Javier Milei en las recientes elecciones legislativas?
—No lo comprendo más allá del nivel de presión que se ejecutó sobre la gente. Donald Trump jugó claramente a favor de un gobierno argentino de ultraderecha y generó un espantoso miedo a los que tienen un crédito o están empezando a pagar algo en dólares. Les dijeron que el dólar se iba a ir a 3000 y la gente asustada se quedó con un dólar barato. Eso claramente impacta de forma negativa en la industria nacional. Hay una mayoría que ha aceptado eso y vimos en una democracia donde se debe respetar. Yo no lo entiendo y lo padezco. No creo en la violencia y no creo que esos que esos discursos y esas políticas le hagan bien a la mayoría del país.
—¿Lo padecés en lo vinculado a los recortes o además creés que el discurso anticultura del gobierno está calando en el público?
—Por supuesto que eso cala en parte del público. Tenemos un presidente que dice barbaridades contra los sectores que le son adversos, como es el de la cultura en general. Los castiga y los degrada públicamente. Hay gente que quiere culpar a alguien por la situación del país sin informarse mucho y compra ese discurso. Igualmente también pienso que si uno tiene un hilo de inteligencia y de sensibilidad eso debería pasarle por el costado. La mayoría no se come ese discurso de descalificación a la hora de ir a ver a los artistas que le gustan o escuchar a sus cantantes. No importa si son adversos al gobierno o no.
—¿Pero creés que hay artistas que perdieron público por estos motivos?
—Seguramente pasó, pero si la gente va menos al teatro es porque la situación económica es desastrosa.
—¿Considerás que del otro lado la oposición está en condiciones de reorganizarse para ofrecer una alternativa superadora?
—Históricamente las oposiciones cuando pierden se desmiembran. Habrá que buscar el camino para que tenga una posibilidad real de gobierno, pero todavía está en una etapa de pases de facturas y resentimiento que suele suceder cuando se pierde una elección. Encontrar una salida que se convierta en una alternativa real a esta va a llevar tiempo. Lamentablemente es tiempo que mucha gente no puede esperar, pero la mayoría lo eligió así.
—Hoy hablabas del cambio de paradigma en la forma de consumir ficción y este implica también que haya público que acceda a tus personajes a través de recortes de 20 segundos en las nuevas redes sociales, ¿te gusta o te preocupa?
—Yo creo que es una buena forma de llegar a un público que de otra manera no llegaría. Hay mucha gente joven que no vio las novelas que se hacían hace 10 o 15 años y ahora tiene la posibilidad de ver parte de aquellas producciones de esta forma. Yo no uso mucho las redes sociales, pero a veces me aparecen videítos de cosas que hice hace mucho tiempo y siguen generando atractivo y comentarios entre la gente. Me acerca a un público más contemporáneo y eso me parece extraordinario. Los avances tecnológicos me gustan en la medida que sean fortalecedores de una identidad que nos siga representando.
—Hay mucho de tu personaje en Viudas e hijos del Rock and Roll.
—Sí. Esa fue una experiencia maravillosa. Fue un programa muy visto en el que construimos con Verónica Llinás el recorte de una familia de una clase social venida a menos. Había una crítica a sus comportamientos, porque eran altamente groseros y se trataban espantosamente mal. Estaba planteado con mucho humor, en clave de comedia negra y eso lo hacía más digerible. Son trabajos que permiten reflexionar.
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