La increíble historia de la deportista uruguaya Alfonsina Maldonado llegó a Disney: “Es un viaje al alma”

La jinete que siendo bebé sufrió serias quemaduras protagoniza "Las Huellas del Fuego", documental de Disney+ sobre su historia y una exigente carrera a caballo por la Patagonia. La uruguaya habla del dolor, los caballos y sus sueños.

Alfonsina Maldonado Urse nació en Florida, el 9 de diciembre de 1984. Cursó sus estudios primarios en la Escuela Rural N° 105 Costas de Aria de Florida, a la que iba a caballo. Asistió a la Escuela de Avicultura de Florida, donde se graduó con el título de técnica agropecuaria.
Alfonsina Maldonado de 43 años es oriunda de Florida.

La historia de Alfonsina Maldonado llega a Disney+ con Las Huellas del Fuego, documental de ESPN Films en colaboración con Neto Films que combina su historia de vida con un desafío deportivo extremo: una exigente carrera a caballo por la Patagonia argentina.

La producción acompaña a la deportista uruguaya durante una competencia que estaba prevista para completarse en 10 días, pero que ella y su equipo terminaron en siete. Sin una ruta marcada y atravesando montañas, precipicios, frío, hambre y agotamiento, Maldonado volvió a poner a prueba sus límites físicos y emocionales.

Pero la carrera es apenas el hilo conductor de una historia mucho más profunda. Maldonado sufrió graves quemaduras cuando era bebé y desde entonces convive con el dolor crónico, además de sufrir la amputación de una de sus manos. Los caballos, asegura, fueron fundamentales en su vida y también en su reconstrucción personal.

“Fue un viaje hermosísimo al alma”, define sobre la experiencia que terminó convertida en una producción de alcance latinoamericano. Ahora, mientras inicia el camino clasificatorio hacia los Juegos Paralímpicos de 2028, espera que el documental sirva para que otros se animen a perseguir sus propios desafíos.

-¿Cómo fue terminar protagonizando un documental para Disney?

-Es surrealista. ¿Quién se lo va a imaginar? La verdad es que ha sido un viaje hermosísimo al alma, algo inesperado. Todo comenzó con una llamada para invitarme a participar de esta carrera porque querían contar una historia de superación y la competencia también era muy compleja. Se fueron sumando personas al proyecto y terminamos en Disney y ESPN. Fue increíble.

-¿Qué tan exigente era la carrera?

-Muy desafiante. Había precipicios, montañas, frío extremo, hambre... No había una ruta marcada. La carrera estaba pronosticada para hacerse en 10 días y nosotros la hicimos en siete. Ganamos porque éramos unos “indios salvajes”. Ni la organización estaba preparada para que fuéramos tan rápido. Nos pedían que aflojáramos por los caballos, pero nuestros caballos venían impecables.

-¿Cómo te preparaste?

-Desde el primer momento dije: “Yo voy a ganar esta carrera”. Se corría en equipo y llamé a Santi, mi compañero hasta el fin del mundo. Él vivía en Nueva Zelanda. Primero me mandó un audio de tres minutos diciéndome que no y, cuando terminó, me llamó y me dijo: “Voy”. Le dije: “Pero yo quiero ganar, así que tenemos que entrenar para ganar”. Entrenamos 40 días juntos. Montábamos hasta 12 horas por día; el día que montamos menos fueron ocho horas.

-¿También fue una preparación pensando en tus próximos objetivos deportivos?

-Sí. Yo quería ganar esta carrera para prepararme emocionalmente para mis últimos Juegos, en 2028. Como era una carrera muy exigente, pensaba: “Si no puedo con esta carrera, no voy a poder con lo otro”. La clasificación ya comenzó y acá estamos.

María Victoria Franca, Alfonsina Maldonado, Julián Dabien y Janet Andrada.
María Victoria Franca, Alfonsina Maldonado, Julián Dabien y Janet Andrada.

-¿Tuviste alguna preparación especial para enfrentarte a las cámaras?

-No, para nada. Intento ser lo más simple posible. Julián Dabad, el director y director de fotografía, estaba fascinado porque yo no me maquillo ni me peino. Me parece sumamente hermoso poder ser uno mismo. Además, durante la carrera no se repetía nada. Lo que salía, salía. Lo que estás viendo está sucediendo realmente, no está programado.

-El documental también cuenta tu historia y tu convivencia con el dolor. ¿Cómo fue enfrentarte a una prueba tan exigente?

-Creo que esa es una de las cosas más lindas que tiene mi historia. La convivencia con el dolor crónico es una inspiración constante. En esta carrera sabía que me iba a someter a dolores muy extremos, al frío, al cansancio, a dormir donde cayera la noche, al hambre y a estar mojada. Y realmente sucedió todo eso. Pero estaba convencidísima y mi fe cada día crecía más.

-¿Cómo se manifiesta el dolor crónico con el que convivís?

-Normalmente está localizado en la zona de las quemaduras. Durante el día sentís que te pincha, que te arde, espasmos, tirones. Si no hay un tratamiento para estirar y trabajar determinados puntos, empieza a extenderse por todo el cuerpo. Puedo sentir mareos, jaquecas, zumbidos en los oídos o espasmos en el estómago.

Alfonsina Maldonado. Foto: gentileza Alfonsina Maldonado

-¿Cómo aprendiste a manejarlo?

-Para mí es concentración y respiración. Hago baños helados por las mañanas o las veces que lo necesito. Son formas que encontré y que a mí me funcionan. Intento transmitirlas para que cada persona busque las suyas. Otra de mis formas es crearme metas extraordinariamente difíciles. Eso hace que me despierte pensando en lo que tengo que conquistar y me focaliza.

-¿Usás fármacos?

-No. Los fármacos pueden ser útiles en algunos casos agudos pero yo no los uso. Generan dependencia y adicción a la larga.

-¿Qué significan los caballos en tu vida?

-Fuerza, amor y amistad. Fueron mis primeros amigos, los que me aceptaron tal cual soy. Son fieles, únicos, te dan absolutamente todo. En esta carrera experimenté una conexión totalmente pura. No hay conexión con nada exterior: estás plenamente conectado con lo que estás viviendo, con tu caballo y con tus compañeros.

-¿Qué esperás que genere Las Huellas del Fuego?

-Quiero que todo el mundo lo vea, que llegue a muchos corazones y que inspire muchísimo. Que comprendan que la vida pasa muy rápido y que hay que atreverse a soñar sin miedo, sin límites. Que no hay que tener miedo a los “no” que aparecen en el camino. No son obstáculos, son pruebas para ver hasta dónde llega nuestra pasión por hacer algo.

-Después de todo lo que atravesaste desde niña, ¿alguna vez te preguntaste “por qué a mí”?

-Nunca. Me lo han preguntado muchísimas veces, también en las conferencias que doy, pero jamás me hice esa pregunta. La vela estaba ahí para mí y yo para ella. Es más: me siento afortunada, porque si ese incendio yo sería otra persona.

-También tenés una fundación dedicada a niños con quemaduras graves. ¿Qué buscás darles?

-Es una fundación basada en mi propia experiencia. En general hago lo que yo no tuve y me hubiese encantado tener: alguien que esté ahí para decirte qué te va a suceder, que va a doler pero que hay que hacerlo; alguien que te abrace, que te mire con amor y no con pena.

-Y también les llevás regalos.

-Sí. Llevo chocolates todas las veces que voy, cosas ricas y regalos. Yo sé lo que implica que te lleven esas cositas cuando estás internado. Entonces voy con mis cosas para mis gordos y ellos ya saben: “¡La tía chocolates!”.

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