Gabriel Cartañá, uno de los psicólogos más famosos y mediáticos de Argentina, sostiene que “es más fácil amar egoístamente” y asegura que las próximas generaciones van a optar por tener hijos sin formar parejas tradicionales. Integrante del panel de BTV, el programa que conduce Beto Casella por América, el terapeuta analiza en esta entrevista los vínculos tóxicos, la infidelidad, las nuevas formas de relacionarse y el impacto de una época marcada por el exceso de opciones. También reflexiona sobre salud mental, relaciones difusas y el miedo contemporáneo al compromiso. Además, Cartañá no escapa a hablar sobre su propio costado personal y admite haber estado enamorado de la uruguaya Andy Vila: “Fue un amor no correspondido”, dice entre risas. El psicólogo presentará su espectáculo ¿Por qué somos así? el 22 de mayo en el Teatro Metro de Montevideo.
-Traés a Montevideo tu nuevo espectáculo “¿Por qué somos asi?”, ¿cuál sería la respuesta?
-Porque nos cuesta ser de otra manera y tendemos a hacer las cosas que nos demandan menos esfuerzo. Entonces tomamos el camino fácil y sin costo. Terminamos incómodamente cómodos en nombre de la comodidad.
-¿A quiénes estás describiendo?
-A las personas que sufren de celos, a los infieles patológicos, a los que les cuesta perdonar, a los que no pueden cambiar aunque quieran hacerlo, a los que a pesar de desear mucho trabajan poco por ser felices, y las personas que sostienen relaciones familiares disfuncionales y tóxicas solo porque "son familia".
-¿Son vínculos que caracterizan esta época?
-Sí. Vivimos un tiempo en el que no terminamos de adaptarnos al presente, y enseguida llega el futuro. Es muy difícil estar a la altura del tiempo.
-¿Cómo impacta esto en las relaciones?
-Recién hablaba con Beatriz (Hermida) del Teatro Metro, que me contaba que tiene una nieta de cuatro años. Le dije que dentro de 15 años su nieta no va a tener novio o novia sino que va a estar en pareja con un robot. Los jóvenes van a estar de novios con robots y tener hijos monoparentales.
-¿Robots pensados en función de los intereses de cada individuo?
-Obviamente. Van a estar diseñados para eso: que te contemplen en todo, estén siempre disponibles y no discutan.
-¿Cómo va a repercutir eso en la salud mental?
-Va a haber pensar qué es sano y qué no. Tener salud mental es tener la libertad de elegir sin lastimarse a sí mismo ni a terceros. Cuando un paciente viene a mi consultorio y me dice que tiene un TOC que lo obliga a prender y apagar la luz de su casa siete veces para irse, lo que yo veo es un sujeto que perdió la libertad de cómo salir de su casa. Yo tengo que ayudarlo a recuperar esa libertad para que haga lo que tenga ganas.
-¿Y por qué creés que las familias van a pasar a ser monoparentales?
-Porque, dentro de 20 años, una chica de 25 que quiera ser mamá va a poder pensar en conocer a Pedro, enamorarse y proyectar una familia juntos, pero también se va a preguntar: “¿Qué garantía tengo de que vamos a seguir enamorados? ¿Y si nos separamos y él se vuelve tóxico? ¿Y si además me tengo que fumar a su familia y a su nueva novia?”. Entonces aparece otra opción: que cada uno tenga su propio hijo y, si el día de mañana la pareja se termina, cada uno siga su camino sin conflictos compartidos. Creo que eso es lo que van a razonar las próximas generaciones, y por eso muchos van a elegir tener hijos solos.
-¿Lo considerás un avance o un retroceso?
-Es un cambio. Tiene aspectos positivos y costos. Los chicos que hoy tienen cinco años y van a ser padres dentro de 25 años van a crear una generación nueva. Para ellos va a resultar raro que alguien haya crecido con madre y padre juntos. Lo habitual va a ser no tener a uno de los dos. Y va a ser mucho más raro que esos dos sean felices juntos. Entrá hoy a un colegio de chicos de siete años: ¿cuántos tienen padres que siguen juntos? ¿Y cuántos de esos padres realmente son felices dentro de una familia funcional? Vas a encontrar más familias parecidas a la familia Barreda que a la familia Ingalls. En un grupo de 20 niños quizás haya tres con padres felices; en el resto o están separados o hay amantes, engaños, insultos o violencia emocional. Entonces muchos van a pensar: “¿Para qué apostar a pertenecer a ese 15% si puedo tener un hijo solo y después compartir mi vida con alguien sin esa carga?”. Quizás la otra persona también tenga su propio hijo y, si la relación funciona, todos son felices; y si no funciona, cada uno sigue con su hijo.
-¿Hay más familias Barreda que Ingalls?
-Sí. Barreda hay pocas, pero Ingalls hay menos. Es difícil tener una familia adecuada y amar sanamente. Es más fácil amar egoístamente.
-¿Hoy hay más disfuncionalidad familiar o simplemente se oculta menos?
-Es cierto que antes se tapaba más. Familias disfuncionales hubo siempre. Tal vez una abuela de 80 años, que estuvo 60 con la misma persona, esté feliz de celebrar sus bodas de platino, pero quizás nunca tuvo un orgasmo en su vida. Y tampoco eligió realmente a ese marido ni tuvo la posibilidad de separarse. Muchas parejas permanecían juntas porque no había alternativa. Y eso tampoco es deseable.
-¿Cuál es el principal problema hoy que sí podemos elegir?
-Justamente, que ahora hay demasiadas opciones y, cuando hay más opciones, elegir se vuelve más difícil. Cuando yo era joven, el amor estaba basado en tres paradigmas: monógamo, heterosexual y para toda la vida. Hoy existen relaciones poliamorosas, triejas, swingers; las relaciones pueden ser homosexuales, demisexuales, pansexuales, y además ya no duran toda la vida. Cuando uno elige tiene que descartar todo lo demás. Antes no había mucho para descartar. El cerebro elige en función de lo negativo: qué pierde al descartar el resto. Elegir implica perder todo lo que no se eligió, y nadie quiere perder nada. Entonces, para muchos, lo mejor termina siendo no elegir. Por eso abundan esas relaciones difusas, que no son una cosa ni la otra, pero que mantienen la opción de seguir eligiendo.
-¿Cómo te definís como psicólogo?
-Incondicional con el paciente pero no con la patología.
-¿Cómo sería eso?
-Yo te atiendo siempre, pase lo que pase, pero no me vuelvo cómplice de la enfermedad. Si sos un infiel patológico y venís a mi consultorio para contarme que te pasás lastimando e hiriendo a tus parejas, te voy a vivir cagando a pedos para que hagas lo que tenés de hacer. Pero si lo que querés en realidad es buscar recursos para funcionar mejor con tu pareja siendo infiel, en ese caso te dejo de atender.
-Tenés un perfil más frontal que muchos de tus colegas que tienen actividad en televisión.
-Me pasa que muchos pacientes llegan recomendados con la frase: “Mirá que te va a cantar la justa”. Me definen como alguien asertivo, pero poco sutil. Si querés hacer terapia, soy ideal. Ahora, si solo querés “ir al psicólogo”, soy una pérdida de tiempo.
-¿La diferencia es que el que solo va al psicólogo apenas quiere ser escuchado?
-Sí, hacen la terapia del inodoro. Van a vomitar lo que les pasó en la semana y se van liberados. No cambian nada en su vida y vuelven la semana siguiente.
-¿Es cierto que estuviste enamorado de Andy Vila?
-Sí, pero no la volví a cruzar. Igual no juego en esas ligas. Estoy tan lejos de Andy Vila como de Jennifer Lawrence. Es muy bonita, simpática y agradable. Me acuerdo que la puse de ejemplo en un video y el comentario se volvió viral, pero no dije nada malo. Creo que el 90% de los hombres heterosexuales pueden enamorarse de una chica como ella. Fue un amor no correspondido (risas).
-¿Qué se hace en esos casos?
-Resignarse y amar desde lejos.
-No aplica a Andy porque está en pareja, ¿pero en casos parecidos no hay que intentarlo?
-Hay que intentarlo, pero aceptar el no. Es más: no solo que el no es no, sino que solamente el sí es sí. Cualquier otra cosa es un no: una duda es un no, inconsciencia es no, borrachera es no, silencio es no.
-Seguís acompañando en televisión a Beto Casella, ahora con BTV, ¿cómo fue el reciente cambio de canal hacia América?
-Incómodo porque no tengo más estacionamiento (risas). La escenografía es más linda y lo nuevo siempre es entretenido por ser nuevo, pero todavía estamos acomodándonos.
-¿Fue una mudanza traumática?
-No porque el formato es similar. Beto imprimió al programa los cambios que quería hacer en el canal anterior y no había podido. Lo veo más cómodo y yo lo acompaño a él. Voy a divertirme.
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