Ni la lluvia que cae sobre Montevideo logra empañar el desopilante humor de Campi. En medio de una intensa gira de prensa para presentar el unipersonal que lleva como título el apodo con el que es conocido a ambos lados del Río de la Plata, Martín Campilongo conversa con El País sobre su regreso a la capital uruguaya.
Luego de agotar localidades en 2025, el premiado artista que marcó una época como integrante de Videomatch habla del vínculo que lo une a Uruguay, donde además ofrecerá funciones en el interior del país. También reflexiona sobre la grieta política y los límites del humor, y reivindica la vigencia de una televisión abierta a la que se niega a dar por muerta.
-Volvés a traer tu unipersonal a Uruguay después de un año, ¿qué te quedó de la experiencia anterior?
-Me encantó. Vuelvo al Teatro Stella el 15 de agosto a pedido del público porque el año pasado quedó mucha gente afuera, y esta vez sumo a la gira lugares del interior a los que nunca fui.
-Mucha gente desconoce la conexión tan cercana que tenés con Uruguay.
-¡Yo viví acá! Tengo un montón de amigos, y una parte de mi historia está en Uruguay. No es un lugar más. Viví en Punta Carretas entre el 93 y el 94, en la época en que estaban construyendo el shopping. Me acuerdo de que tenía de vecino a Enrique Almada y me levantaba temprano a propósito para cruzármelo en la panadería. Era mi ídolo. Cuando yo era chico en Argentina, se paraba el país para mirar a los humoristas uruguayos, y yo era uno de los que los miraba siempre.
-Como argentino con un vínculo tan estrecho con Uruguay, ¿te ha llegado algo de la rivalidad entre ambos países que se hizo visible con el último Mundial?
-Me llamó la atención en las redes. Me llegaron comentarios en Instagram y me preguntaba “qué pasó acá”. Te puedo asegurar que en Argentina si no juega nuestra selección, el 90% hincha por Uruguay. Por eso me sorprendió ver comentarios de uruguayos que decían ‘ojalá que pierdan’. Yo no sé mucho de fútbol, entonces pensé que capaz que había alguna explicación futbolera que me estaba perdiendo. Para nosotros la pica siempre fue con Inglaterra, Brasil o Francia, pero nunca con Uruguay.
-¿Cómo viviste el Mundial y los partidos de Argentina?
-Hermoso. Viví el partido de Inglaterra con muchos más nervios que la final. Ese partido había que ganarlo por nuestra historia, iba más allá del fútbol. Y después salir a festejar fue hermoso. En momentos de tanta desunión, juntarte con la gente sin preguntar qué pensás o qué opinás de política, está buenísimo. El fútbol fue la excusa perfecta para abrazarnos entre todos.
-Mencionás la desunión. Hoy pareciera que si un humorista hace un chiste de política, enseguida lo encasillan de un lado o del otro. ¿Cómo manejás esa grieta?
-Sí, está pasando eso. Yo en general no hago humor político. Cuando me tocó hacer NotiCampi, fui muy equitativo: hacía humor para los dos lados. A mí me gusta cuando se ríen todos, trabajo para que pase eso.
Hoy en Noticampi pic.twitter.com/uOnxIGgJGH
— Campi (@martinCampi) November 1, 2017
-Tu estilo de humor suele ser más amigable, menos agresivo que el de otros colegas. ¿Te incomodó alguna vez tener que realizar alguna parodia sobre un personaje público?
-El humor es un arma: puede ser una pluma para acariciar, un arma de seducción o algo peligroso. A mí no me gusta colaborar con la división de mi país. Prefiero que me piensen como un ingenuo antes que sumar a separarnos. En otro momento de mi carrera sí hice humor negro o político súperfuerte, pero hoy me parece que se puede lastimar más de lo que ya se está.
-¿Alguna vez un político o un famoso se molestó por una imitación tuya?
-Sinceramente, no me interesa tanto si se ofende un político, me tiene sin cuidado; me interesa que no se ofenda la gente. Te cuento una anécdota: cuando imitaba a Jorge Guinzburg en lo de Tinelli, entré de rodillas con unos zapatos en las rodillas para medir 1,20 m. Tinelli se quebraba de la risa. Al otro día, (Jorge) Rial dijo en televisión que Guinzburg estaba indignado conmigo. Yo lo admiraba mucho, así que me amargué. A los diez minutos me suena el teléfono: era el mismo Jorge Guinzburg: Me dijo: ”¡Lo que me hiciste reír anoche!”. Me invitó a abrir su programa Mañanas Informales haciendo de él.
-También tuviste un cruce particular con Ricky Martin en los 90...
-¡Sí, pero me enojé yo con él! (risas). Nos mandaron a Nueva York a hacerle una nota y el tipo me tuvo esperando cinco días encerrado en la habitación del hotel sin poder salir ni al kiosco porque no había celulares y había que estar al lado del teléfono. Al quinto día apareció y yo estaba tan sacado que casi nos vamos a las manos; nos tuvieron que separar entre su producción y la nuestra. ¡Menos mal, porque me cagaba a trompadas! (risas).
-Aquella época de VideoMatch y Telefe tenía despliegues de producción millonarios. ¿Cómo recordás esa era dorada?
-Lo lindo es que lo viví, no me lo contaron. Trabajaba en programas de 40 puntos de rating. Si Menem se compraba unos zapatos en Mónaco, nos mandaban a Mónaco a cubrirlo. Había mucho dinero en la industria y mucho rating. Pero además éramos un grupo de amigos. En Telefe había una cabeza muy sana comandada por Gustavo Yankelevich. Éramos pibes aprendiendo y la pasábamos increíble. Al día de hoy tenemos un grupo de WhatsApp de los de VideoMatch y me sigo juntando seguido con Seba Almada y José María Listorti.
-Grabaste el programa LOL con Marcelo Tinelli en México, ¿cómo fue esa experiencia?
-Muy divertida. Es un programa que antes condujo Susana Giménez y esta vez lo hace Marcelo. Compartimos con otros ex Videomatch. Aproveché a quedarme un día más para recorrer la la televisión de México por dentro, e hice lo mismo cuando trabajé en Colombia. Veo que en estos países la televisión sigue vive. La industria cambió, pero sigue viva.
-¿Y cómo ves el presente de la televisión abierta en Argentina?
-A mí me da una tristeza que no te puedo explicar. Amo la tele, y en Argentina está muy flaquita, se le ven todos los huesos. No sé bien qué pasa en Argentina que la dejaron caer tanto, pero creo que es algo reversible. No doy la batalla por perdida; yo a la tele la adoro y le vamos a encontrar la vuelta.
-Hace un rato mencionabas el caso de NotiCampi, que fue uno de los últimos programas de humor de la televisión abierta.
-Sí, llegamos a ganar premios y hasta me propusieron que lo fuera a hacer a Miami. No me convenía porque tenía que llevar a toda la familia y era un quilombo. La idea era hacerlo para el público latino de allá. La propuesta me encantó, pero no pude hacerlo. Ahora que los pibes crecieron, si quieren llamarme voy (Risas).
-El año pasado te enfrentaste al desafío de hacer comedia musical con Papá por siempre, ¿qué fue lo más exigente de esa experiencia?
-Fue la primera vez que hice un musical y estuve casi nueve meses preparándome. Las obras se preparan normalmente en dos meses. Lo más duro fue bajar de fumar y el baile. ¡Tengo 57 años! Fue tremendo ponerme al día porque con el canto venía más o menos a tiro, pero lograr que el cuerpo haga lo que tengo en la cabeza no es fácil (risas). Desde el Bailando hasta acá no había vuelto a bailar y hay que estar entrenado. Yo no tenía planeado hacer comedia musical, pero la vida te sorprende, me llevó para ese lado y me encantó. En verano la vamos a hacer en Mar del Plata.