CRÓNICA: CIENCIA Y COVID

El Pasteur por dentro: así trabajan los científicos que detectaron la variante Delta

Las vidas de Gonzalo Moratorio, Pilar Moreno y Gregorio Iraola cambiaron rápido. Y la notoriedad trajo hasta amenazas. ¿Qué prevén para los próximos meses? “Hay que aprender a convivir con el virus”.

Laboratorio del Institut Pasteur. Foto Leonardo Mainé.
Análisis de muestras en un laboratorio del Institut Pasteur. Foto Leonardo Mainé.

Reina el silencio en los pasillos del Institut Pasteur, como si el moderno edificio estuviera completamente vacío. Pero no: en el camino de entrada hay no menos de 20 autos estacionados y en las salas decenas de científicos están encerrados en los laboratorios o concentrados en sus computadoras (porque, aunque cueste creerlo, no siempre se los ve de túnica, guantes y con una probeta con un líquido de color extraño en la mano). El trabajo remoto casi no ha existido para ellos, a pesar de la pandemia que en Uruguay arribó aquel recordado viernes 13 de marzo de 2020 y que modificó nuestras vidas, pero también las de muchos de estos hombres y mujeres que han pasado a tener una inesperada notoriedad pública.

Es miércoles, un rato después del mediodía. Tras bajar las escaleras, en el subsuelo se accede al Centro de Innovación en Vigilancia Epidemiológica (CIVE), inaugurado a mediados del año pasado, y del que forman parte dos de los laboratorios más nuevos del instituto y que además trabajan codo a codo en el estudio de todo lo vinculado al COVID-19: el de Evolución Experimental del Virus, dirigido por el mediático virólogo Gonzalo Moratorio (38 años) y la viróloga Pilar Moreno (48), y el Laboratorio de Genómica Microbiana, encabezado por el investigador Gregorio Iraola (33 años, “soy de la generación de Suárez”, bromea).

La sala donde trabajan los integrantes de estos laboratorios no es espaciosa. Una computadora está pegada a la otra. Por ahí están, todos de estricto tapabocas, Álvaro Fajardo, Marianoel Pereira, Natalia Echeverría, Fabián Aldunate, Diego Simon, Diego Ferla, Rodrigo Arce, Irene Ferreiro, Alicia Costábile, Mercedes Paz y Paula Perbolianachis. Las últimas tres, junto a Cecilia Salazar, fueron responsables directas de detectar la variante Delta en la noche del viernes 16 de julio, lo que se informó en forma pública el sábado 17. Ellas estuvieron “con las manos en la masa”, por decirlo de alguna manera, aunque el Grupo de Trabajo Interinstitucional (GTI) en Vigilancia de SARS-CoV-2, en realidad, es mucho más amplio.

Laboratorio del Pasteur. Foto: Leonardo Mainé.
Los integrantes del Laboratorio de Evolución Experimental del Virus en la puerta del Institut Pasteur. Foto: Leonardo Mainé.

Moreno recibe a El País, sonríe y avisa que Moratorio aún no llegó. Está con un problema doméstico: no puede salir de su casa. Hoy se levantó con la noticia de que obreros levantaron la vereda y tuvo que pedir una tabla de madera para poder sacar el auto del garaje. Entonces ella muestra la foto que confirma el hecho, que le acaba de enviar por WhatsApp. Hasta uno de los científicos más reconocidos del país puede complicarse con algo tan simple como una inesperada e incómoda obra en la puerta de su hogar.

La viróloga tiene cara de cansada, o al menos es lo que se deja ver detrás del tapabocas. Con la encargada de prensa repasan la cantidad de entrevistas que dieron junto a otros tres referentes del instituto en los últimos días, tras la detección de Delta: dos el sábado, una el domingo, 15 el lunes, ocho el martes y cuatro el miércoles. O sea, 30 en cinco días.

Al lado está la oficina de Iraola, quien tuvo la misión de llamar a avisarle al ministro de Salud Pública, Daniel Salinas, sobre el descubrimiento de la nueva cepa en viajeros que se habían ido por vacaciones de julio (“me tocó a mí”, se ríe). Él saluda y entra a su despacho: es un día con varios zoom.

Moreno hace un tour por las instalaciones, vecinas a la Facultad de Ciencias y enclavadas en una zona algo deprimida de Montevideo, ahí cerca de ese complejo gris llamado INVE, de los edificios Euskalerría y varios asentamientos de Malvín Norte.

Al fondo del subsuelo está el Laboratorio de Diagnóstico Molecular, donde cada día se analizan las muestras del servicio de hisoparking. Encerrados en una pequeña sala de seguridad, Gabriel, Mariana y Sofía trabajan en los test del día. Las muestras entran a través de unas pequeñas ventanas: se etiquetan, se extrae el ácido nucleico del virus y luego se prepara el test de PCR. Por último se pasan los reactivos por otra ventanita y se analizan en un equipo. Los resultados se visualizan en una computadora y se confirma si hay o no señal del virus.

Al lado está la computadora donde hacen las secuenciaciones genómicas en busca de detectar las cepas. Allí se encontró que al menos 28 pasajeros retornaron contagiados por Delta (la mutación viral originada en India), 22 por Gamma (la P1, consolidada en Uruguay) y 14 por Beta (la sudafricana), entre otras. En los próximos días habrá nuevos datos, anuncian en el Pasteur, que quizás permitan saber si Delta ya circula o no en el país.

Laboratorio en el Institut Pasteur. Foto: Leonardo Mainé.
Trabajo en un laboratorio del Institut Pasteur. Foto: Leonardo Mainé.

Explicar la ciencia.

Allá aparece Moratorio con una amplia sonrisa y pide disculpas por la demora. De voz levemente ronca y andar apurado, es una cara familiar para todos, incluso casi que al mismo nivel que Rafael Radi y Henry Cohen, los excoordinadores del Grupo Asesor Científico Honorario (GACH). El virólogo se posicionó rápido gracias al reconocimiento de la revista Nature como uno de los 10 científicos más destacados de 2020 en todo el mundo, sumado a un manejo natural de la comunicación pública. Tiene cierto carisma, eso que no se enseña en ningún lado.

Hace unos días en una entrevista en Telemundo se paró en medio de la nota para explicar unas gráficas, como si estuviera en una clase en la facultad. Contar y explicar la ciencia siempre le salió bien, desde su primer trabajo como guía del Espacio Ciencia en el LATU hace 20 años. “Hay días que le explicaba a niños de cinco años, otros a liceales o niños discapacitados”, dice. “Eso me ayudó a entender a qué audiencia le estoy hablando”.

Pero la alta exposición también le trajo consecuencias negativas, en concreto por su defensa de la campaña de vacunación en el país, que ha elogiado en más de una oportunidad. Recibió amenazas de muerte en redes sociales: eso lo llevó a asesorarse con un abogado. El tema tuvo derivaciones judiciales y llegó a Delitos Informáticos, pero es un asunto sobre el cual no quiere brindar más detalles.

Aprender a comunicar: lo que no se enseña

“La comunicación no se enseña en la facultad”, lamenta la viróloga Pilar Moreno, quien está aprendiendo a manejar su vínculo con los medios de comunicación: “Fue un desafío y un aprendizaje porque era algo que no solía hacer. En este tiempo hubo que sortear obstáculos para transmitir las cosas de forma entendible para la gente. Es un trabajo que me ha llevado tiempo y energía”. En cambio, su colega Gonzalo Moratorio dice que él tomó la presencia mediática como algo parecido a dar clases, lo que disfruta mucho.

Moratorio abre dos ventanas en una salita al lado del laboratorio y se sienta junto a Moreno para conversar con El País. En una pared hay un pizarrón lleno de anotaciones, la mayoría jeroglíficos inentendibles, y hasta dibujos y gráficas. “Cualquier vidrio es un pizarrón para mí, la manera de entender es haciendo esquemas”, cuenta.

Durante casi una hora y media de charla, varias veces dirán que algunas cosas son “fuera de grabador” y pedirán reserva. Se notará que meditan lo que dicen y cómo lo dicen, sobre todo Moratorio.

—Si la pandemia tuvo algo positivo es que visibilizó a la ciencia.

—Sí. Hay una frase del doctor Juan Cristina: lo que ocurrió es una suerte de efecto fundador, de apropiación de la ciencia por parte de la sociedad —responde Moratorio—. Hay que entender que la ciencia de mañana viene de la mano de la biología, con la biotecnología con principal motor. Al final del día lo que buscamos es tener una sociedad más justa y con mejor calidad de vida.

—Es una oportunidad a aprovechar...

—No se volverá a dar una oportunidad como esta de mostrar lo que hacemos y de lo relevante que puede ser para la población —admite Moreno—. Esperamos que esto traspase la pandemia y que haya políticas que apoyen a la ciencia, más allá del gobierno de turno. Que los científicos podamos desarrollarnos y crecer en nuestro país. Los recursos humanos están, falta la infraestructura.

Laboratorio del Institut Pasteur. Foto: Leonardo Mainé.
Científicos trabajan en laboratorio del Institut Pasteur. Foto: Leonardo Mainé.

El Laboratorio de Evolución Experimental del Virus nació en febrero de 2020, justo un mes antes de que llegara la pandemia a Uruguay. Sucedió después que Moratorio regresó de estudiar seis años en Francia y ganó un llamado internacional para empezar un programa por cuatro años en el Pasteur.

Pero su historia en la ciencia (ver más abajo) es bastante anterior. Ambos son docentes e investigadores con dedicación total en la Universidad de la República y desde hace unos diez años también dirigen el Laboratorio de Virología Molecular de la Facultad de Ciencias.

En aquel febrero de 2020 no tenían computadoras y las mesadas estaban vacías pero enseguida empezaron a trabajar en el virus y en la imprescindible capacidad de testeo. Entonces se dieron cuenta que “había que virar”, dice Moreno, y en pocos meses desarrollaron test propios de diagnóstico.

Tenían muchos proyectos que pasaron a segundo plano y que poco a poco están siendo reactivados, vinculados a estrategias antivirales y a la evolución de diferentes virus. Por ejemplo, el estudio de virus como dengue o zika transmitidos por mosquitos. Pero el COVID ocupa hoy el 95% del trabajo. “Creíamos que teníamos que hacer una ciencia pensando en la sociedad, asistencial”, dice Moratorio.

Fabián Aldunate tiene 29 años, es licenciado en bioquímica e integra el laboratorio de Moreno y Moratorio, aunque también está terminando la carrera de Medicina. Su proyecto de doctorado es sobre virus que pueden ser utilizados como tratamiento antitumoral. Pero, como los demás, hoy dedica mucho tiempo a investigar al COVID. “La pandemia me enseñó a adaptarme en forma permanente bajo mucha exigencia”, cuenta Aldunate. “Mejoró mis habilidades de divulgación y me ayudó a relacionarme con gente de distintas profesiones”.

En el laboratorio vecino, el de Genómica Microbiana, Iraola dice que en 2019 —cuando ellos empezaron a trabajar— el objetivo era “estudiar microorganismos con importancia en la salud, generando datos de secuenciación en su mayoría sobre bacterias” y utilizando tecnologías de lo que se conoce como bioinformática. “Somos un laboratorio de data science o ciencia de datos, aplicada a datos genéticos”, cuenta. Y admite que, cuando llegó la pandemia, todo el know how se aplicó al COVID-19.

Fue algo así como “un imprevisto” que al laboratorio le sirvió para expandirse y cobrar notoriedad. “Así fue que en marzo de 2020 fuimos el primer laboratorio en secuenciar y analizar los genomas de los primeros casos de SARS-CoV-2. Y ahí comenzó toda la historia”, se ríe. Entre otros proyectos, Iraola tiene en el freezer proyectos sobre resistencia a antibióticos.

Volver a vivir.

A medida que avanza la charla en el laboratorio de Moreno y Moratorio, queda claro que ambos creen que hay que “aprender a convivir con el COVID de la mejor forma” porque, dicen, “esto no se va a acabar mañana” y la gente está cansada.

—Y hay otras cosas que nos va a dejar el poscovid: la ansiedad y los efectos en los adolescentes, que son los que más han perdido en este tiempo —opina Moreno—. Tenemos que ver cómo llevamos una vida lo más normal posible, sin perder los cuidados. Hay cosas que son fáciles: el tapabocas es de orden y te protege. Y lo mismo la vacunación, no es un acto individual, es un acto colectivo.

—En Reino Unido habilitaron las discotecas y boliches. ¿Hay que pensar en algo similar acá, en vivir la vida en definitiva?

—Tenemos que ir viendo cómo transcurre esto de acá en más con la entrada de Delta. Hay que ser plásticos en las decisiones e ir para atrás si es necesario —dice la viróloga—. Pero debemos aprender a convivir y normalizar dentro de lo posible. Porque, con cuidado, hay cosas que uno puede volver a hacer.

—Yo creo que en Uruguay la vacunación nos permitirá poco a poco acercarnos a esa normalidad —sostiene Moratorio—. Hay que tener sistemas de vigilancia epidemiológica en tiempo real, que es lo que hace el GTI, del Pasteur y la Universidad de la República principalmente, para monitorear cualquier futura variante que pueda desafiar y escapar a las defensas generadas por la vacunación. Que puede ocurrir, y con esto no quiero alarmar. Hay que ocuparse de forma seria con infraestructura y recursos. Pero eso debe ser promovido como política de Estado. Y el problema no se termina con el Uruguay vacunado, es un problema del mundo entero.

—El otro tema sobre la mesa es si este año habrá o no una tercera dosis, sobre todo para los vacunados con la china Sinovac. ¿Es factible?

—Cada vez hay más estudios de combinación de vacunas de diferentes plataformas y muchos son auspiciosos. Creo que terceras dosis, para contribuir a fortalecer las defensas generadas o mantenerlas, será un mecanismo que posiblemente sea llevado a cabo. Y ya hay experiencias en el mundo en poblaciones que tienen sistemas inmunológicos comprometidos, como personas transplantadas o pacientes que tienen cáncer y pasaron por quimioterapia.

Y entonces cierra Moreno:

—Uruguay ya va a implementar la tercera dosis con Pfizer a inmunodeprimidos, porque se vio que no generaron casi anticuerpos tras la segunda dosis. Pero necesitamos más evidencia. En lo teórico es algo que puede funcionar. Igual, con el 70% de la población con dos dosis en muy poco tiempo, Uruguay ya está muy bien parado para lo que se viene.

LO QUE SE INVESTIGA

¿Delta circulará en forma comunitaria?

Antes de las vacaciones de julio, el Grupo de Trabajo Interinstitucional (GTI) en Vigilancia de SARS-CoV-2 planteó, junto con el gobierno, la necesidad de evaluar a los uruguayos que volvieran del exterior. El proceso tuvo ciertas complicaciones de coordinación e incluso en el Pasteur tuvieron que ir a buscar ellos mismos algunas muestras de los hisopados realizados porque no les llegaban.

Ahora el gran objetivo es conocer si la variante Delta tiene circulación comunitaria. “Aún no lo sabemos”, se ataja la viróloga Pilar Moreno. Su colega Gonzalo Moratorio dice que, con alta vacunación, hay menos hospitalizaciones y muertes por esa variante. “Existe una epidemia de los no vacunados y eso se está viendo en el mundo”, afirma el responsable del Laboratorio de Evolución Experimental del Virus.

Moreno agrega que, si Delta se dispersa en Uruguay (algo que no les llamaría la atención), “puede haber un aumento de casos pero que no se vea un aumento de muertes”. Pero, aclara, “las vacunas no son infalibles y hay que mantener las medidas de protección no farmacológicas”.

¿Y la vacuna china Sinovac puede tener menos protección frente a la Delta que otras vacunas? Moreno admite que “hay más evidencia respecto a Pfizer o AstraZeneca de que las vacunas siguen siendo efectivas en cuanto a evitar los casos graves”.

Con Sinovac, en cambio, existe menos información. “Es probable que la eficiencia baje, pero tiene una ventaja que no poseen las vacunas de ARN frente a la generación de variantes: es un virus inactivado, tenés el virus en su totalidad. Eso puede generar anticuerpos contra otras regiones del virus que no sean solo la espícula, y que quizás muten menos”, dice la viróloga.

Perfiles de tres referentes del Pasteur

GONZALO moratorio
Gonzalo Moratorio. Foto: Leonardo Mainé.
De San Francisco a París
En 2001 empezó su carrera en Ciencias Biológicas en la Facultad de Ciencias. Allí se deslumbró por el mundo de las enfermedades infecciosas, y especialmente los virus. Como parte de su maestría en biología celular y molecular, viajó mucho por América Latina: "Me abrió la cabeza las diferencias que encontré, eso repercutió en mi cabeza ideológica". En 2010 viajó a San Francisco y trabajó allá: "Pasaba las tardes cultivando bidones de diez litros de células que giraban y las infectaba con el virus de la polio". Para eso se tuvo que volver a vacunarse contra esa enfermedad viral. Terminó su doctorado en 2012 y luego vinieron seis años de posdoctorado en el Pasteur de Francia, donde trabajó en estrategias para atenuar a los virus. "En mi carrera fue el momento más desafiante desde el punto de vista académico e intelectual", dice.
PILAR MORENO
Viróloga Pilar Moreno. Foto: Leonardo Mainé.
Empezó con la Hepatitis C
Es licenciada en bioquímica y su primer trabajo fue en 1996 en el laboratorio Genia, donde hacía la parte de paternidad y forense. Fueron tres años junto al director Carlos Azambuja. Hizo su doctorado en el Laboratorio de Virología Molecular de la Facultad de Ciencias y en específico trabajó en el virus de la Hepatitis C. Luego también se integró al Pasteur y más tarde ganó un cargo como docente grado 2 en la facultad: "Juan Cristina se fue al decanato y Gonzalo (Moratorio) a Francia y quedé a cargo del laboratorio, fue un gran desafío porque tenía mucha responsabilidad y debía hacer que todo no se cayera". Desde 2020 codirige el Laboratorio de Evolución Experimental del Virus del Pasteur: "Si sobrevivimos al año pasado, ya está".
GREGORIO IRAOLA
Gregorio Iraola. Foto: Leonardo Mainé.
Le gustaba la biología
Nació en Cardona, Soriano, y estudió allá escuela y liceo. A los 18 años se radicó en Montevideo para estudiar en la Facultad de Ciencias "algo que no sabía mucho qué era", aunque le "copaba la biología". Quería ser científico, pero no mucho más. Se recibió de biólogo en 2010 y luego ganó un cargo de grado 1 en genética. Hizo una maestría y doctorado en el Pasteur, al tiempo que colabora con Reino Unido. Allí tiene un puesto de investigador desde Uruguay, en el instituto Sanger. Es el primer latinoamericano con esa posición. Ha colaborado con el Pasteur de París, dictando cursos y participando de congresos y estadías de investigación.
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