El boom de la estética low cost: equipos chinos y tratamientos "milagrosos" para eliminar papada por $1.600

La demanda de tratamientos estéticos se disparó, generando una explosión en la oferta. En el mercado conviven decenas y decenas de clínicas, centros estéticos y emprendimientos con distinta experiencia.

Centro estético.
Centro estético.
Foto: Natalia Rovira.

Es probable que el auge de los tratamientos estéticos se haya disparado a partir de la pandemia debido a las videollamadas, a tantas reuniones por zoom. Verse a sí mismo constantemente en la pantalla tuvo un efecto directo con el incremento de las consultas a clínicas estéticas por disminución de la papada. Y por encima de la papada, la definición del contorno de la mandíbula. Y la armonización de los labios. Un poco más arriba, el perfil de la nariz. Y el rejuvenecimiento de los párpados. La levantada de pómulos. Y la estimulación de colágeno para tensar la piel. Borrar las líneas de expresión alrededor de la boca, de los ojos. Después —tal vez por el incremento de la obesidad que también dejó el covid, y por el deterioro de la salud mental que algunas veces busca alivio en mejorar la apariencia, en combinación con el boom del autocuidado y la valorada búsqueda del bienestar— la demanda de tratamientos para el cuerpo todo entero se multiplicó frenéticamente, incluyendo ahora el área genital.

Es la última de las modas.

Cuando el algoritmo hace su trabajo, basta un breve paseo por Instagram y TikTok para descubrir que aparentemente cada rincón del cuerpo puede ser modelado. Que estoy a un chat de descubrir “el cuerpo con el que soñás”, me dicen las publicidades que ofrecen constantemente el “pack”, el “combo”, la “promo flash” de tratamientos disponibles para que pueda “elegir mi mejor versión”.

Con la explosión de la demanda se disparó la oferta, alimentada esta por una multiplicación del catálogo de aparatología estética, que a su vez se perfeccionó y se diversificó, disminuyendo los precios y lanzando al mercado un menú de equipos económicos, principalmente fabricados en China, de fácil acceso que generó la apertura de decenas de locales.

En el último año, el campo de los tratamientos estéticos se fue expandiendo como nunca. Creció el número de importadores, algunos de ellos incluso empezaron a vender en Uruguay la misma cantidad de equipos y suministros que en mercados como el argentino. Pero también proliferó la circulación de equipos de baja calidad, aparatos que entran por contrabando y también falsificados.

Aparato de HIFU.
Aparato de HIFU.
Foto: N. Rovira.

El mundo de la aparatología siguió escalando y se posicionó entonces como un comercio jugoso al que supuestamente se puede ingresar con una inversión modesta, una preparación no demasiado complicada y una demanda relativamente asegurada. En Uruguay, en los últimos meses, se convirtió en uno de los negocios más lucrativos del verano.

Decenas y decenas de clínicas de distinto tamaño, perfil y experiencia; espacios, centros estéticos o de medicina estética, peluquerías y consultorios de masajes que integraron tratamientos estéticos conviven detrás de cuentas en redes sociales —con miles de seguidores en algunos casos y en otros con unos pocos cientos— buscando pacientes.

El principal anzuelo de la temporada es el tratamiento con HIFU, una aparatología que usa ultrasonido focalizado de alta intensidad. Dependiendo de a quien se le pregunte, tiene “un efecto revolucionario”, “que cuando está bien hecho da muy buenos resultados” o, en cambio, está “pasado de moda”, “ya no es de primera línea” y la publicidad que tiene “es un resultado de inversión en marketing”.

Como sea, en redes sociales es el protagonista indiscutido del popular comercio de la estética. “¿Buscás un efecto lifting, reducir medidas y a la vez eliminar flacidez? HIFU 22D es para vos”, dice una pauta. Aunque HIFU hay muchos y su tecnología está en continua actualización (hay hasta 25 generaciones), según estas publicaciones “es un atajo de última hora”, “sin dolor”, “sin tiempo de recuperación”, “con resultados duraderos” para reducir grasa y estimular la producción de colágeno, tensando la piel.

“El efecto en algunos pacientes se ve durante la misma sesión”, me dirá una esteticista en su consultorio. Es uno de sus atributos clave: “Entrás hoy y lo lucís mañana”, promete una publicación. Y “la mejor parte” es que el costo es curiosamente accesible. En varios casos, los precios son sospechosamente baratos.

Una publicidad propone “eliminar” la papada en una sesión por 1.600 pesos. Otra ofrece este “lifting sin cirugía, reductor anticelulítico, antiflacidad” a 2.500 pesos en rostro, papada y cuello; brazos y “alitas” por 3.500 pesos y abdomen y flancos por 2.800 pesos. El fantástico HIFU en cuerpo completo, en una única sesión, tiene un costo promedio que oscila entre los 8.000 y 40.000 pesos según el local, siempre en Instagram.

Llegó el momento de decir “¡sí, quiero!”, apunta una pauta que irrumpe en mi perfil; de que este año que comienza “mi primera decisión sea cuidarme”.

Antes y después.

Ahora los pacientes de los tratamientos estéticos son mujeres y también se atienden los hombres, de hecho son los que más veré en las salas de espera de las clínicas que visite. Ahora la edad es variadísima: se empieza a los 20 y poco, hay un pico a los 40 años y otra curva ascendente después de la menopausia. Los pacientes llegan más informados, algo así como la mitad con experiencia previa en tratamientos; los más jóvenes con el hábito incorporado de la suplementación: consumen a diario ácidos grasos como omega-6 y proteínas como colágeno.

El resto, en cambio, llega sin saber de qué se trata esto. Yo estaría en ese bando. Pongámosle que me decido y doy el paso, activo el WhatsApp de una de las cuentas con precios más atractivos y consulto por uno de los tratamientos que saturan mi perfil de Instagram; entonces la respuesta será instantánea. Uno de los centros estéticos con precios más bajos me propone una evaluación online: envía una imagen con los cuerpos de ocho mujeres con distintos porcentajes de grasa y me pide que me identifique con uno.

Indico el número cinco.

Del otro lado del chat, sugieren que más que HIFU me convendría un combinado de Emsculpt y Criolipólisis para lograr mis “objetivos” de forma “mucho más rápida”; dos tratamientos que superan ampliamente el costo del que llamó mi atención, pero que no parece ser tan exclusivo como me temía: 14 sesiones por 8.900 pesos el paquete.

¿Qué es el HIFU? el tratamiento no invasivo que se puso de moda

Hay distintos tipos de HIFU y diferentes generaciones, pero varias esteticistas explican que la actualización no siempre implica una mejora en la eficacia del equipo. Es un tratamiento no invasivo: ultrasonido focalizado de alta intensidad útil para quemar grasa localizada y tensar la piel, estimulando la producción de colágeno. Se aplica por zona: desde el rostro hasta los genitales. Se dice que puede tener efecto inmediato, pero el cuerpo demora hasta tres meses en procesar el tratamiento. El resultado suele ser duradero, no pudiendo realizarse más de dos o tres veces por año.

En otras comunicaciones con otros locales, la oferta se ampliará a “retoques” y a “combos” con diferentes tratamientos como Radiofrecuencia, Vaccum, Presoterapia, Lipoláser, Liposonic, entre muchos, muchos otros. Para apurar mi decisión, en ocasiones me envían la foto de antes y después de un paciente, a veces con la aclaración “sin filtros”.

La oferta es tan grande que marea.

La oferta es amplísima decíamos, pero ante la propuesta de participar de este informe solo cuatro de más de 20 centros contactados aceptaron responder algunas preguntas que permitan explicar cómo se desató este boom.

De las cuatro, tres son clínicas de porte alto y muy alto, habilitadas por el Ministerio de Salud Pública (MSP), cuyo personal es mayoritariamente médico y que trabaja con aparatología certificada por la cartera. La cuarta entrevistada podría representar el universo de emprendedores que se volcaron a este rubro motivados por el rendimiento comercial. Esta fuente abrió su consultorio hace un mes. La demanda “es muy buena”, asegura. Ofrece precios bajos para enfrentar a la competencia, que es feroz. Según su relato, compró los equipos a un proveedor habilitado, que a su vez le dio una capacitación para utilizarlos. En el pasado, había estudiado estética. Ahora, con esos conocimientos aplica HIFU, depilación láser, Cavitación, Body sculpt, Radiofrecuencia y Lipoláser.

¿Será entonces que realizar tratamientos estéticos no invasivos (sin cortes, sin agujas) es tan fácil, tan inofensivo como parece?

Un desorden.

La explosión de la estética se convirtió en una salida laboral para muchos, y en una redituable entrada económica para algunas ramas de la medicina que ampliaron así su universo de pacientes.

Si hablamos de tratamientos invasivos como la aplicación de bótox (toxina botulínica) y de ácido hialurónico, hay dermatólogos que lo hacen, cirujanos plásticos, médicos esteticistas y también odontólogos, que recientemente crearon la Sociedad Uruguaya de Rejuvenecimiento y Armonización Orofacial, dictan capacitaciones y promueven el reconocimiento de esta especialidad “para que los odontólogos puedan trabajar en sus consultorios ofreciendo esos servicios”, explica la doctora Claudia González Gil.

En los centros que realizan tratamientos no invasivos, como el HIFU, también trabajan médicos de distintas especialidades, estudiantes avanzados de medicina, inmigrantes que esperan que sus títulos sean revalidados, enfermeras, nurses, cosmetólogas, esteticistas, pero también personas que aprenden a aplicar los tratamientos en capacitaciones que brindan los importadores de equipos habilitados por el ministerio, otras que son formadas por sus colegas, por quienes les alquilan los aparatos, y a las que en un par de horas les explican el uso quien les vende el aparato usado. Estos casos saltan a la vista en publicaciones de Mercado Libre.

Así de variado es el panorama.

“Hay veces que me saltan las publicidades y en videos de 10 segundos veo que cuando muestran cómo se aplica el HIFU lo están aplicando mal”, dice María Mora, psicóloga y técnica esteticista encargada de Espacio HIFU, una clínica que en cinco años abrió tres sucursales y proyecta seguir creciendo.

Una frase repetida en las clínicas consultadas es que la aparatología es “técnico dependiente” ya que son considerados equipamiento médico y para ingresar al país deben tener su registro en regla, por eso la capacitación de quien los usa es esencial. “Lo que ha pasado con este boom es que yo voy con mi equipo abajo del brazo y te hago el tratamiento a domicilio. Estamos en un mercado donde muy pocos trabajan con equipos habilitados y con la capacitación que se requiere”, dice Laura García, una de las directoras de Skin Care, otra clínica con tres sucursales, que además tiene una escuela de formación (Laurea) en la que no se ve el incremento de alumnos que uno esperaría con la explosión de la oferta.

Laura García de la clínica Skin Care.
Laura García de la clínica Skin Care.
Foto: Leonardo Mainé.

Tampoco la venta de equipos en empresas habilitadas por MSP se condice con el volumen de la oferta, según se relevó para este informe. “Nos encontramos con que la mayoría de los equipos que están en el mercado tiene un desajuste, una descalibración, no están regulados, las profundidades no siempre son las que se dicen ser, entonces los profesionales que trabajan con ese tipo de equipo que no está regulado están en una zona de riesgo y ponen en riesgo a sus pacientes, que pueden estar pagando por un tratamiento que no sea efectivo, porque no tiene el alcance adecuado, o la entrega de energía que debería, o bien los pueden exponer a un tratamiento que les puede generar un daño”, plantea Vania Villagrán, encargada del área comercial de Biosistemas.

El daño de un HIFU mal aplicado puede lesionar un órgano, una arteria, un hueso, puede generar quemaduras, plantea Villagrán. “Son equipos que son realmente muy delicados” y que requieren mantenimiento frecuente, insiste.

Confusión y alerta.

En las conversaciones que tuve, siempre con locales con promociones económicas, me consultaron si realizaba alguna dieta o ejercicio físico, pero no me preguntaron si tenía alguna patología médica o tomaba medicación, ni siquiera si estaba en período de lactancia a pesar de que expliqué que había cursado un embarazo.

Valentina Piñeiro, de Skin Care, está a punto de recibirse de médica y explica que las complicaciones renales —así como el embarazo y la lactancia— están contraindicados para el HIFU. “Todos los tratamientos reductores, como el HIFU, lo que hacen es romper la grasita y esas toxinas se eliminan por el sistema linfático, por los riñones. Si vos tenés un problema renal, vamos a sobrecargar el sistema y provocarte un daño”.

En Medicliniq, su fundadora Florencia de los Santos, médica especializada en estética recibe asiduamente alarmantes relatos de pacientes. “Siempre hay que hacer una historia clínica previa para ver si está indicado o no determinado tratamiento para el paciente. En la radiofrecuencia, por ejemplo, hay un tipo que es monopolar, que vos le tenés que poner una placa atrás al paciente y si el paciente es cardíaco puede tener un infarto”, plantea. En la crioterapia, que congela la grasa, si se hace mal puede generar necrosis: “Perdés esa parte de la piel y se tiene que volver a regenerar”. Con un bótox mal aplicado, pongámosle en la nariz, “porque vos podés saber pinchar pero no significa que si ocluís un vaso sabés cómo resolverlo, le podés generás una necrosis y se cae la punta de la nariz”.

El láser, dice De los Santos, es un arma. “Un arma que te puede quemar, que te puede dejar ciega”. El láser está de moda para la depilación, otro negocio que brilla y que según la médica está provocando varias heridas en pacientes.

Florencia de los Santos, médica fundadora de Medicliniq.
Florencia de los Santos, médica fundadora de Medicliniq.
Foto: L. Mainé.

En este momento, los tratamientos con láser pueden ser aplicados por cualquiera: no se requiere una certificación (aunque sí para el equipo, según la normativa). “El tema de la medicina estética se disparó en todos los países y todavía hay muchos baches legales”, dice De los Santos. En algunos territorios ya comenzó a legislarse. En Argentina, por ejemplo, solo médicos certificados pueden aplicar tratamientos con láser.

Acá, fruto del boom, hace tres años se creó la Asociación de Médicos Estéticos del Uruguay cuyo primer objetivo es que la medicina estética sea una especialidad de la carrera en la Universidad de la República, para evitar así la formación en el exterior, el desorden de parámetros y promover una legislación acorde al brutal desarrollo del mercado.

No son los únicos preocupados.

Los cirujanos plásticos también reciben pacientes que narran tratamientos sin la bioseguridad requerida. “Actualmente se promociona un tipo de lipoaspiración sin cirugía, que se llama Mela, y que en realidad lo que propone es hacer una lipoaspiración en un consultorio en vez de en un quirófano, es decir un sitio mucho más inseguro para el paciente”, plantea Lucía Torroba. Y agrega: “Hay muchísimas técnicas que se plantean como lifting sin cirugía y no existe el lifting sin cirugía, porque el lifting es una cirugía. Capaz que se proponen resultados que pueden ser favorables para una persona, pero el objetivo nunca puede ser el mismo que el de una cirugía”.

Lucía Torroba, cirujana plástica.
Lucía Torroba, cirujana plástica.
Foto: L. Mainé.

La fantasía de bajar de peso con tratamientos estéticos milagrosos se escucha cada vez más en consultorios de endocrinólogos y de nutricionistas. “Tengo pacientes con obesidad grado 3 que las han quemado, que les han hecho todo tipo de tratamientos que no les iban a dar resultado. Hay gente que cree que son tratamientos para adelgazar y no lo son, son para modelar grasa localizada”, dice Leonardo Sande, médico intensivista especializado en obesidad.

Pero hay más: algunos centros estéticos además del tratamiento empezaron a ofrecer, contra la norma, Ozempic y a precios altísimos. E incluso otra droga “para adelgazar” no habilitada por el MSP. “Capaz que entrás por el HIFU y terminás con un combo que incluye Ozempic”, plantea Sande.

Algo así como un inofensivo tratamiento que, en algunos casos, fuera de un control sanitario, enmascara mucho, mucho más.

"No es para adelgazar"

“Es muy frecuente la fantasía del tratamiento estético y la sobreexpectativa por el resultado”, dice el médico intensivista Leonardo Sande, especializado en nutrición. “El resultado de un tratamiento como el HIFU puede ser de centímetros en un rinconcito del cuerpo, pero los centros estéticos te lo venden como que te van a dejar como Pampita”, agrega.

Según su experiencia, hay una confusión en que estos tratamientos sirven para adelgazar y no es así: “Son para modelar la grasa localizada”. En todo caso, cree que pueden ser útiles si se realizan en conjunto durante el proceso de adelgazamiento, siempre con esteticistas calificadas y aparatología certificada.

En la misma línea opina Mariana Elhordoy, endocrinóloga especializada en obesidad que en su consultorio escucha a pacientes preguntarle si un tratamiento estético no les servirá para quemar grasa: “No es un tratamiento para adelgazar ni para la obesidad; un paciente que tiene diabetes, que tiene hígado graso, el HIFU lo podrá ayudar desde el punto de vista de la piel, de la flacidez, pero no sustituye bajo ningún concepto el abordaje de lo nutricional ni del ejercicio físico. Habitualmente les decimos que se pueden utilizar como complemento estético”.

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