A través de sus libros, fragancias para el hogar y objetos de arte, de excepcional manufactura, Assouline se ha posicionado en el mundo como un referente de la sofisticación y joie de vivre. Fundada en 1994 por Martine y Prosper Assouline, su objetivo es compartir estilo a través de obras sobre moda, viajes, gastronomía y más, redefiniendo el lujo en términos contemporáneos. Es más, el diseño y la ambientación de sus numerosas librerías dispersas por el mundo, anuncian el tono de lo que el visitante curioso encontrará en sus estanterías y bibliotecas.
Con la publicación de Punta del Este, la maison incorpora el balneario a su colección de destinos vibrantes, reconociendo así su calidad de tal, y de paso, oficia de invitación implícita para visitarlo. Con imágenes de fotógrafos como Ricardo Labougle y José Pereyra Lucena, los textos que recorren las páginas y forman el hilo conductor del libro, pertenecen al artista argentino Bony Bullrich, quien recibió el encargo de condensar y transmitir el espíritu de Punta del Este, sus historias y su belleza, en una cantidad acotada de palabras y en apenas tres meses.
Nacido en Buenos Aires, Bullrich posee una trayectoria tan diversa como prolífica. Abogado de profesión, sus intereses abarcan desde las artes y las letras hasta la aviación. A lo largo de su carrera se ha desempeñado en roles muy diversos, y supo fijar su residencia en ciudades como Buenos Aires, París, Nueva York, Londres, Punta del Este, y hasta Samarcanda, en Uzbekistán.
En conversación con PAULA, confiesa que su sueño es volver a instalarse, esta vez definitivamente, en el Este, y la invitación de Assouline a formar parte del equipo de este proyecto, la toma como una señal optimista.
"La narración del libro la enfoqué en Punta del Este como una aspiración, como el anhelo, que comparto, de escapar para instalarse allí, y mantenerlo casi como un secreto. Busqué mostrar el lado humano, la ciudad a través de mis ojos. Estoy unido a Punta del Este desde los cinco años y en cada etapa lo voy sintiendo distinto. Cuando era pequeño era el lugar misterioso y de libertad al que no podía ir por motivos familiares. Cuando pude, era el balneario para donde me compraban en Navidad la camisa con búlgaros más lujosa. En cambio, la camisa para Mar del Plata era rayada, más sencilla. A Punta del Este también la conocí como turista, porque en un principio iba a casa de amigos y veía desde lejos la casa de mi abuelo".
Puesto que el enfoque de la narración tiene mucho de personal, Bullrich hace referencia a las corrientes de veraneantes y residentes que construyeron la identidad del balneario. “Para mí, Punta del Este recibió aluviones de gente muy distinta e interesante. Una es la original, la que eligió Punta del Este a fines del siglo XIX y principios del XX. Ese grupo fue el fundacional, y en él se incluía a personas de todas partes. Luego, llegó otro contingente que salió de Buenos Aires: el de los divorciados y vueltos a casar, que contravenían los usos sociales de la época que era muy rígidos. Sin embargo, en Punta del Este se mezclaban las familias tradicionales con otras que habían tenido éxito de una día para el otro, tenían millones de dólares y no sabían a dónde ir. Es que para esos argentinos, Mar del Plata se había vuelto una ciudad muy endogámica y era casi un club de primos. Punta del Este, en cambio, era un lugar de libertad, donde se podían juntar los tradicionales, los divorciados y los que no se pudieron divorciar, además de norteamericanos, franceses y demás", comenta el argentino.
–¿Cómo se vinculó con este proyecto de libro?
–Assouline hace libros sobre el lujo; forma parte del grupo Louis Vuitton Moët Hennessy, y uno de sus productos tiene como tema las ciudades que son referentes de cierto estilo de vida. Cuando la editorial seleccionó Punta del Este para integrar su colección, se armó un gupo de trabajo, y me contactaron. Lo que quería Assouline era un table book que estuviera en las mesas, en las bibliotecas, y que la gente consultara, leyera y mirara. No quería solo un objeto decorativo. La idea es que sea un libro que muestre el balneario para que lo visiten. Mi tarea fue contribuir con los textos, y para comunicar lo que es el lugar no es necesario contar acerca de todas las personalidades que van ni todas las fiestas que hubo, ni todo lo que pasa. Todos sabemos que a Punta del Este va gente importante, entonces la propuesta tuvo más que ver con mi punto de vista.
–¿Tenía experiencia ya en libros?
–No, ninguna. Sí me gusta escribir y lo hago sobre mis cosas, pero no había participado antes en un proyecto formal de libro. Por eso muestro esta Punta del Este más personal. Pensé en dos hilos conductores fundamentales. El primero es Uruguay Natural. Es lo que más me resonaba como concepto a trasmitir. Lo segundo que pensé fue cómo diferenciarlo de los otros lugares que ya forman parte de la colección de Assouline. Sabemos que es un lugar de lujo, porque partimos de la base de que lo publica Assouline, que no hace libros sobre playas perdidas. Por supuesto, menciono puntos fundamentales, como los festivales internacionales de cine de la época y la importancia que tuvieron. Ofrezco muestras de cada cosa para crear una idea del lugar sin convertirlo en un catálogo. El segundo hilo conductor de los textos está vinculado con lo que me pasaba a mi siendo chico con Punta del Este. Me parece que un poco les pasaba a todos los que íbamos en aquella época. También incluyo la impronta tan fuerte de Casapueblo, que invadía la mente cuando ibas y me dije 'voy a incluir la ceremonia del Sol para cerrar el texto', pero con eso tuve un pequeño problema con la traducicón al inglés de una frase de Páez-Vilaró que dice 'soy millonario en soles que guardo en la alcancía del horizonte'. No logré encontrar una palabra adecuada para alcancía, y por más que me resistía a poner piggy bank, (chanchita), no logré encontrar otra palabra mejor. Lo consulté con editores de fuste, con traductores y periodistas, y nadie me supo dar una solución. Al final, me terminé amigando con el término y lo usé, pero incluí la frase original en español para que se entendiera.
–Posee la mirada local y la del visitante, ¿pudo integrarlas?
–En realidad, traté de correrme de ese lugar de local; no quise ser un narrador omnisciente, que sabe todo y conoce todo. Me interesaba mantener ese sentido de sorpresa que invadió a ese francés de Cien años Punta del Este, el documental que hizo Diego Fischer. Esa sensación de no querer que nadie se entere de este lugar. No quise perder esa mirada porque finalmente la persona que se compra el libro en un lugar como Dubai, y viaja a Punta, probablemente experimente esa mirada al irlo descubriendo. Mi intención es la de ser un poco cómplice, de acompañar el descubrimiento. Por supuesto que incorporo algunos tips para facilitar las cosas y ayudar, pero las sugerencias no son las de un local que sabe todo, sino que tienen una calidad un tanto fantasmagórica, no se sabe bien cómo tengo ese dato ni porqué lo tengo. Yo tenía el antecedente de haber leído dos libros de Assouline. Uno es St. Tropez Soleil, y el otro es el de Marisa Berenson, Marrakesh Flair, que me gustó mucho. Ella incluyó toda la historia de Marrakesh y la relevancia que tuvo para el lugar Yves Saint-Laurent, pero el libro de Punta tenía que ser distinto, no quería repetir la fórmula. El mío es otro tipo de relato; traté de llevarlo a ese lugar donde no se sabe si es realidad o fantasía lo que cuenta el narrador.
“Mi intención es la de ser un poco cómplice, de acompañar el descubrimiento del balneario. Incorporo tips para facilitar las cosas y ayudar, pero las sugerencias no son las de un local que sabe todo, sino que tienen una calidad un tanto fantasmagórica, no se sabe bien cómo tengo ese dato ni porqué lo tengo”.
–¿Cómo se inscribe esta obra en su carrera y lo que venía haciendo?
–Todo en mi carrera es inencajable (se ríe). Creo que soy lo que los franceses llaman un flâneur, una persona que va transitando la vida y va experimentando cosas increíbles que se dan porque sí. La verdad es que el accidente me ha ido llevando por lugares raros. Haber sido la mano derecha de un multimillonario no fue algo que planeara, por ejemplo. Sucedió porque me puse a charlar con una persona que se divirtió conmigo, y me dijo, ‘quiero que vengas conmigo en el avión, y vayas para allá, y hagas esto y lo otro’. Yo no solicité un puesto, no mandé mi currículum. Lo que me pasó cuando fui curador de Fashion & Arts con los piqueteros, y que derivó en que conociera a Raúl Castells (dirigente social argentino) fue casualidad. Yo estaba en un evento y él en la calle comenzó a insultarme, ‘oligarca nazi’. Yo me acerqué, lo saludé y le pregunté por qué me decía eso si no me conocía. ‘Porque está haciendo una muestra en Avenida Alvear con una alfombra roja que une toda la avenida y cuando yo corto una calle, me meten preso’. Entonces yo le propongo hacer algo juntos y me invita a hacer un Fashion & Arts en La Matanza. Así se crearon los Piquetes Culturales. De la misma forma, haber conocido a Yaffa Assouline (directora creativa de la firma), a raíz de este proyecto fue una experiencia. Es de esas personas que ya no hay, y las librerías son increíbles. Por ejemplo, la de la rue Bonaparte, en París, es como entrar a una casa; no tiene comparación con otros lugares. Yo había conocido a la editorial hacía tiempo, una vez en Dubai, de camino a la India. Me quedé diez días y uno de ellos lo pasé entero en la librería de Assouline que hay allá. Por eso La Esteña fue muy buena elección para la presentación; tiene una curaduría muy bien hecha de los libros. Están muy bien armadas las bibliotecas y dan ganas de verlas, de recorrerlas, y de estar ahí. Definitivamente tiene el espíritu de Assouline.
–¿Cómo le resultó el proceso?
–Lo disfruté mucho. Justo estaba arreglando mi departamento en Buenos Aires, y como no tenía ganas de vivir en el caos, me fui a un hotel. Ese día me confirmaron que se hacía el libro y me dijeron que tenía que escribir el texto en dos o tres meses. Así que me interné en el hotel. No dormía de noche, me levantaba temprano y me quedaba todo el día escribiendo. La gente del lugar iba y venía, y veían que seguía ahí, absorto en el texto. Por supuesto que leí todo lo que se había escrito sobre el Punta del Este: desde el libro de Mecha Gattás hasta el de Diego Fischer, y me documenté como si no conociera el lugar. Además, estaba todo lo nuevo que viene ocurriendo, como el MACA, las torres. Es mucho en muy poco tiempo, y todo muy fascinante.