Montevideo: Ciudad viva

Con avances y retrocesos, con altos y bajos, y entre la modernidad y la nostalgia, la capital del país es testigo y protagonista del quehacer de sus ciudadanos. Para entender los procesos que cambian su fisonomía, el doctor Rafael Rey explica desde la Sociología las tendencias y movimientos más recientes.

Plaza Matriz.
Catedral de Montevideo.

Montevideo se administra a través de ocho municipios, que nuclean 62 barrios. Cada una de estas demarcaciones guarda historias, tradiciones y perfiles sociales diferentes, que hacen única a esta urbe. Desde la Ciudad Vieja, el barrio más antiguo que data de 1700 hasta zonas de más reciente consolidación que abarcan Pocitos Nuevo, Cordón Soho, y también áreas de vivienda social, como Nuevo Comienzo, formada en 2020, y que también entra en planes de integración urbana.

En esos 62 barrios convive una población que llega a 1.303.000 habitantes, según datos del Censo de Hogares, Población y Vivienda realizado en 2023, y cuyos resultados definitivos se obtuvieron en diciembre de 2024. "El censo reveló que la población de Uruguay no llega a 3.500.000. Somos prácticamente los mismos que en 2011. Si no fuera por el tres por ciento de la inmigración, hubiéramos perdido población. Bajó muchísimo el número de nacimientos, pero el saldo migratorio compensó esa pérdida. También se vio que Maldonado, Canelones, y San José fueron los departamentos que más crecieron en población, mientras que Montevideo mantuvo la tendencia a la baja", advierte Rafael Rey (Montevideo, 1970), doctor en sociología, docente e investigador, quien ejerce como profesor adjunto en el Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la UDELAR.

Rafael Rey.
Pablo Rivara

"Según datos del censo de 2011, éramos 1.376.000 habitantes en la capital, es decir que hoy somos 70 mil menos. Disminuyó la población no solo porque nacieron menos montevideanos (12.195 nacimientos frente a 14.921 fallecimientos), sino porque hay una redistribución espacial hacia la periferia. Son movimientos casi metropolitanos, del cono urbano de Montevideo que hay que analizar en detalle", dijo.

Consultado por el desplazamiento hacia la Ciudad de la Costa como fenómeno no reciente, el especialista recuerda que este boom de los años 90' obedeció a una búsqueda de mejor calidad de vida por parte de sectores medios de la población montevideana, aprovechando los precios accesibles del metro cuadrado en esa zona, y que en Montevideo se construía poco. Ahora, eso se revirtió, y paralelamente, gracias a la Ley de Vivienda Promovida, de 2011, que básicamente ofrece exoneraciones fiscales, hay un fuerte incremento de la construcción en barrios como el Centro. La ley contempla ciertos requisitos de tipología, destino, estándares constructivos y de ubicación. Se deben instalar en zonas urbanas consolidadas y con infraestructuras como Cordón, Ciudad Vieja, Palermo, Barrio Sur y La Blanqueada; "lugares donde había –y hay– mucho stock de vivienda desocupada. Esta ley logró que la población volviera a la ciudad, aunque hay un debate sobre quién ocupa esas viviendas porque hay bastante especulación. A mí entender, la ley también generó un efecto a la baja sobre el alquiler", detalla.

A pesar de estas iniciativas, la despoblación de los barrios más tradicionales es innegable. El censo arroja que las zonas céntricas perdieron el cinco por ciento de sus habitantes mientras que el anillo perimetral aumentó en un 20 por ciento sus moradores, en localidades como Ciudad de la Costa, Ciudad del Plata, San José, Barros Blancos, Toledo y Pando. "Estos son cambios distintos a los de la gente que se va a Maldonado en busca de mejores oportunidades de trabajo o por cuestiones de seguridad y calidad de vida", advierte.

Bono demográfico

La distribución poblacional de Montevideo muestra marcadas asimetrías geográficas. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística manejados en la conversación con Rey, los barrios con población de más de 65 años, son los pertenecientes a los municipios C y CH: Prado, Capurro, Atahualpa, Goes, Tres Cruces, Pocitos, Punta Carretas, Buceo. En Malvín y Punta Gorda (Municipio E), la franja etaria es intermedia, correspondiendo al entorno de los 45 años, mientras que en Punta Rieles y Bella Italia (Municipio F), el promedio es de 28 años. Casavalle y Paso de la Arena (Municipios D y A) son los barrios con mayor número de bebés y niños en etapa pre-escolar, presentando la edad mediana más baja del departamento.

"El descenso en la tasa de fecundidad (número de nacimientos vivos por cada mil mujeres entre 15 y 49 años, en un año determinado) es una tendencia que se venía observando desde los años 80’. En el anterior relevamiento se había visto que estábamos en 2.1, que es la tasa de reemplazo, pero a partir de 2016, bajó muchísimo. Una de las hipótesis que se maneja, es que tuvo éxito la Ley de Salud Sexual y Reproductiva, ya que ese descenso se registró en todas las clases sociales, incluso las más vulnerables, que eran las que solían tener más hijos. Pareciera que la generalización de los métodos anticonceptivos tuvo éxito: hay menos embarazos no deseados y se terminó el problema del embarazo adolescente". Rey señala que incluso aquella idea de que las mujeres de sectores sensibles tenían hijos por un sentido de pertenencia, se probó falsa. Los embarazos se producían por falta de educación sexual y el no acceso a los métodos anticonceptivos.

"Esta menor natalidad incide incluso en las escuelas. Los demógrafos dicen que tenemos un bono demográfico. Eso a mediano y largo plazo tendrá un impacto, por ejemplo, en la jubilación, porque habrá menos personas activas que aporten, pero durante unos años vamos a reducir los gastos en primera infancia. El tema es ver cómo se aprovecha ese ahorro. Se calcula que hay unos 30 mil nacimientos por año y lo que se debate ahora es cómo lograr integrar a esos niños para formar un mejor capital humano. Aprovechar ese excedente de recursos para fortalecer las políticas de primera infancia, de educación y de salud".

Redensificar la urbe

Los montevideanos saben que su capital es extendida, con una densidad de población muy baja. Esto, que muchas veces es visto con buenos ojos por sus habitantes, para Rey es una particularidad propia de las ciudades latinoamericanas que tiene su lado B. "Hay casi 40 kilómetros de una punta a la otra de la ciudad y eso obliga a que los servicios -transporte, calles, saneamiento, escuelas- también deban extenderse, con el consiguiente costo y dificultades. Lo ideal es una ciudad más compacta; quienes estudian el urbanismo recomiendan densificar la ciudad porque es más eficiente".

Rey explica que lo que se perdió en los barrios, son los denominados terceros espacios, ámbitos fuera del hogar y de la escuela como son los clubes, plazas, bares, e iglesias donde la gente puede converger. Esto pasa en el mundo entero y se atribuye a Internet.

Aquí, Rey hace una precisión: densificar no es lo mismo que gentrificar. Este último es el proceso de renovación de un barrio popular o vulnerable que termina expulsando a sus habitantes originales por la llegada de personas con mayor poder adquisitivo. "Es cierto que ningún proceso social empieza de un día para otro, a no ser una revolución (se ríe). Hasta hace relativamente muy poco Montevideo no tenía un plan de ordenamiento territorial. Uno podía construir prácticamente cómo y dónde quisiera. Además, los terrenos eran relativamente accesibles. En Uruguay, casi toda la clase media tenía un terrenito o una casa afuera, que eso no sucede en Europa. En el aspecto más sociológico, se empezó a dar una segmentación territorial, la población se empezó a distribuir por clases sociales: hacia la costa los sectores más privilegiados, y hacia el norte y el oeste, los menos. Esto hace que el entramado social se vuelva más homofílico. La gente se mezcla menos, y pasa a convivir y a vincularse con otros similares a sí mismos en términos de ingresos, educación, y gustos culturales. Se pierde diversidad".

El fenómeno no es nuevo, y Rey advierte que Montevideo siempre tuvo barrios de clase alta y de clase trabajadora. En su momento el Prado y Villa Colón atraían a las familias acomodadas, pero luego el modelo cambió, y la gente se desplazó hacia la costa, que se revalorizó. "Se empezaron a gentrificar zonas como Pocitos, Punta Carretas, y Carrasco, mientras que otras se fueron degradando. También hubo procesos en los que el Estado intervino y generó la construcción de complejos habitacionales como el de Malvín Norte y Complejo América. Esta tendencia de los años 70' también se hizo en ciudades lejanas tal el caso de Madrid, París y Marsella".

La escuela es el ejemplo que Rey trae a colación para ilustrar el efecto de la pérdida de redes sociales debido a la falta de diversidad en los entornos. "Cuando los niños tienen menos contacto con familias de composición cultural y socio-económica diferente a la suya, se produce un cierre social. Hay sectores que lo prefieren porque intentan asegurar sus valores, su posición de clase y su estilo de vida. En la proliferación de barrios privados puede darse que la gente busque aislarse del diferente y contactarse con sus pares, muchas veces, por temas de seguridad, pero no solamente. También busca capital social, una red personal de buenos contactos que le genere un retorno. Por eso se llama capital, y ese retorno puede darse en aspectos múltiples: laboral, de negocios, de ayuda. Algunos colegios privados son buscados no solo por la calidad de la educación sino por la red que puede armarse a partir de ahí. Eso le juega a favor a algunos y en contra a otros, sobre todo a los niños que asisten a escuelas con una composición menos diversa y con familias más vulnerables. Allí se da un déficit de capital social. En cambio, en las escuelas de mayor diversidad se contribuye a generar mejores redes, y un mejor entorno".

Villa Biarritz
Obras de mejoras en el Parque Juan Zorrilla de San Martin, Parque Villa Biarritz, barrio Punta Carretas, ciudad de Montevideo, ND 20190628, foto Leonardo Maine - Archivo El Pais
Leonardo Maine

En mayo de este año, el Ministerio de Vivienda anunció que avanzaba en su plan de redensificación y repoblación urbana de zonas como Centro y Ciudad Vieja con el ánimo de revertir el despoblamiento de estos sectores de la ciudad. "La idea es aprovechar los que se llaman espacios vacantes, y me parece que es una iniciativa muy interesante; hay que ver qué resultado tiene, pero el objetivo es aprovechar una serie de edificios públicos sin uso que tiene el Estado. Por ejemplo, las cooperativas de vivienda de sectores medios, que en general consiguen terrenos en la periferia, podrían ocupar esos espacios. Esto generaría mayor heterogeneidad en la trama social, y contribuiría a que barrios consolidados puedan absorber a la población que vive en la periferia".

El otro fenómeno que suele acompañar la gentrificación es la turistificación. En Montevideo, Rey señala que no ha llegado a ser un problema aún, y cita a Antonio Álvarez-Souza, profesor e investigador de la Universidad de La Coruña, abocado a estudiar la sociología del turismo y la turismofobia. El proceso se da cuando la población local rechaza a los visitantes y el impacto del turismo masivo. "Puede darse cuando el número de turistas iguala al de los habitantes locales. En Uruguay ese fenómeno no sucedió aún".

Cara a cara

Hilando más fino, Rey explica que lo que se perdió en los barrios, son los denominados terceros espacios, ámbitos fuera del hogar y de la escuela como son los clubes, plazas, bares, e iglesias donde la gente puede converger. "Esto pasa en el mundo entero y se atribuye, sobre todo, a la emergencia de las redes sociales e Internet, que van llevando a la gente a un proceso de individuación. Las personas se recluyen más en el hogar, y como disponen de Netflix y se contactan por chat, tienen menor necesidad de espacios para el encuentro, pero no hay dudas de que el cara a cara refuerza mucho más las relaciones que el vínculo virtual. Los lazos fuertes se construyen compartiendo espacios y actividades, y eso se perdió en los barrios, sobre todo por la enorme inseguridad".

“Hay casi 40 kilómetros de una punta a la otra de la ciudad y eso obliga a que los servicios -transporte, calles, saneamiento, escuelas- también deban extenderse, con el consiguiente costo y dificultades. Lo ideal es una ciudad más compacta”.
Feria de Tristán Narvaja.
Montevideo.

El experto señala que este comportamiento vinculado a la delincuencia sí está muy localizado en la periferia de la ciudad, y cita datos del último año que revelan que en la franja costera y el Centro, la tasa de homicidios es menor a dos por cada 100 mil habitantes, mientras que en la periferia llegó a 55, lo que califica técnicamente como un nivel de violencia de zona de guerra.

Referido a la individuación, Rey agrega que comprende múltiples procesos. Hasta no hace tanto, la gente se iba de la casa de sus padres porque se casaba o se iba a convivir con su pareja. Ese modelo hoy está en crisis, y eso hace necesario un stock de viviendas. "Hay más hogares unipersonales porque hay jóvenes que deciden vivir solos; más separados y divorciados, y más adultos mayores. Además, nos desplazamos más y hay menor sentido de pertenencia con el barrio. Antiguamente la gente permanecía por varias generaciones en su lugar, y hoy eso ha cambiado. Actualmente tenemos co-livings, coworks y nómades digitales".

Ferias

Buenos vecinos

Consultado por el efecto de la hominización en las redes de contención de las personas, Rey afirma que en las redes barriales puede haber varios niveles de solidaridad y existe lo que se llama bonding. Estos son lazos fuertes entre personas que comparten una misma identidad o grupo. Sin embargo, hacen falta puentes (bridging) para acceder a otras realidades y recursos que no son los del propio barrio. "Circulan muy bien las pequeñas ayudas, cuidar a los niños o hacerle los mandados a alguien que está enfermo, pero se necesitan lazos que conecten con un buen empleo o ayuden a conseguir una mejor vivienda. Cuando el barrio era más heterogéneo, era posible. Ahora no ocurre y es problema de la segmentación territorial, más allá de que en la periferia hay menos estructuras urbanas y desplazarse a las centralidades de la ciudad sea más dífícil. El debilitamiento de las redes personales degrada el capital cultural. No se trata solo de un intercambio instrumental, también actúan cuestiones de estilo de vida o acceso a otros recursos culturales, y el déficit mayor se da en los sectores más vulnerables. Como decíamos, tal vez a los más acomodados no les interese tanto la diversidad social y prefieran cerrarse, pero convivir con iguales termina degradando la socialización del país", concluye.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

Revista Paula Setiembre 2026
Te puede interesar