Memoria de un creador: Martin Margiela

El creativo de moda abrió por primera vez parte de su archivo privado a una selecta subasta en París. La suma de lo recaudado por los 195 lotes presentados, ascendió a 1.385 millones de euros. Entre bocetos, prendas y otras piezas de sus colecciones, también salió a la luz parte de la historia del esquivo diseñador. Pasen y vean.

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Martin Margiela.
©angelina johansson

Saltó a la fama como reconocido diseñador de moda. Nacido en Leuven, al este de Bruselas, en 1957, se graduó en la Real Academia de Bellas Artes de Amberes, en 1980. Se desempeñó como asistente principal en grandes firmas, como Jean Paul Gautier y Hermès, hasta que en 1988 fundó su propia maison en París, junto a Jenny Meirens. Si hay algo que ha caracterizado a Martin Margiela ha sido el haber cultivado siempre el anonimato. Durante décadas, evitó fotografías, entrevistas y rituales públicos propios de la industria de la Alta Costura, al punto de esquivar el tradicional saludo de los diseñadores al final de cada desfile. En 2009 se apartó de ese mundo agitado y pasó a dedicarse de lleno a las artes visuales.

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Miniatures (2018-2024).
Martin Margiela. ©Marc Chatelard

Fue entonces que decidió llevar a cabo una movida muy poco habitual: puso parte de sus archivos personales a disposición del público, en una inusitada subasta que él mismo supervisó, y que tuvo lugar en julio pasado, en la Ciudad Luz. El evento no solo dio que hablar por su presencia, sino también por el resultado obtenido.

Organizado por Maurice Auction en colaboración con Kerry Taylor Auctions (casas de subastas especializadas en moda vintage, Alta Costura, textiles antiguos y accesorios de lujo), contó con 195 lotes, vendidos en su totalidad, por la friolera de 1.385.020 euros. En las condiciones de la subasta estaba establecido que una parte de los fondos recaudados se donaría a una asociación dedicada a la lucha contra el sida.

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La oficina de Margiela fotografiada por Angelina Johansson, quien trabaja en proyectos junto al diseñador. En Instagram: @a.studiosparis
Angelina Johansson

La publicación Jing Daily —que analiza el mercado del lujo, las tendencias de consumo y la cultura desde China— destacó que el remate contó con más de 1.500 participantes de 41 nacionalidades. El dato es útil para entender por qué pujaron en la venta con una fuerte presencia, compradores de Japón, Corea del Sur, China y otros mercados asiáticos. El mismo medio de comunicación señaló que la exposición previa, abierta durante cinco días, recibió a más de tres mil visitantes.

El archivo subastado abarcaba desde el año 1984 a 2008 inclusive, momento en que Margiela dio un paso al costado al frente de la maison para dedicarse a otros proyectos personales. Entre los lotes, había fotografías, dibujos, prototipos, libros de estilo, objetos personales y hasta piezas realizadas durante la pandemia. El diseñador explicó que después de pasar años trasladando sus archivos de un lugar a otro, y prestando parte de ellos para exposiciones, decidió desprenderse de una parte para que pudieran llegar a coleccionistas e instituciones.

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Margiela escribió de puño y letra su número porque nunca consiguió recordarlo.
Martin Margiela.

La selección expuesta permitió seguir algunas de las ideas que atravesaron su trabajo. Entre las piezas se encontraba el primer dossier que preparó para explicar el estilo de su Maison Martin Margiela, una serie de dibujos y collages realizados entre 1987 y 1988, una de sus batas personales de algodón blanco, un teléfono pintado de ese mismo color, pruebas de velos, prendas, accesorios y distintos materiales de archivo.

Lo destacado

La subasta fue titular en todos los medios de prensa, no solo los especializados en moda. En París, desde Vogue hasta Radio Francia Internacional comentaron la venta. El lote más caro fue el de unas botas Tabi, de la colección Primavera- Verano 1991, intervenidas con grafittis pintados a mano. El par combina el conocido diseño japonés con separación en los dedos, imitando una pezuña, con arte urbano. Consideradas objeto de colección, cotizadas en la industria, se vendieron en 364 mil euros. Su historia también forma parte del archivo: habían sido presentadas en una exposición del Palais Galliera, en París. El diseñador dijo que le gustaba ese resultado espontáneo, y que las Tabi pasaran a ser parte de la historia de la moda. Para él “la silueta inusual que tenía en mente en 1988, requería un estilo de zapato muy diferente a todo lo que había en aquel momento. Pensé en pies descalzos y en tacones altos y macizos. De repente, recordé a los trabajadores de la calle que había visto en Japón. Llevaban atuendos intrigantes y unas botas Tabi de suela blanda. Me entusiasmó la idea de confeccionarlas en piel con tacones altos, pesados y cilíndricos. No gustaban a nadie, pero seguí presentándolas temporada tras temporada. Poco a poco fueron despertando interés y hoy, casi 40 años después, siguen fabricándose para su venta. Este par en concreto fue el resultado de mi primera exposición colectiva. Me gustaba la idea de que los visitantes pudieran dejar mensajes en las paredes y el suelo, pintados de blanco, pero inesperadamente escribieron incluso sobre las botas también blancas”.

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Graffiti Tabi (1991).
Martin Margiela.

Otra pieza a destacar fue una de sus batas de algodón blanco. Cuando fundó su maison en 1988, todo el equipo las utilizaba. Margiela explicó que estaban inspiradas en las batas que llevaban los modelos y los trabajadores de los talleres entre los fittings de las casas de Alta Costura. Desde fuera, la prensa y el público comenzaron a llamarlas “batas de laboratorio”, una interpretación que él no había buscado. Su interés estaba en el contraste entre lo tradicional y lo progresista. La que apareció en la subasta era una de las que usó el diseñador.

La lógica de la colección subastada se extendió también a objetos que vistos fuera de contexto, podían parecer triviales. Uno de ellos fue un teléfono que él mandó pintar de blanco. En aquellos años había decidido apartarse del mobiliario gris y negro que dominaba el diseño de interiores, y llevar el blanco a su entorno de trabajo.

Lo exclusivo

Entre las piezas más singulares de la subasta había tres Barbies vestidas con looks de la colección Otoño-Invierno 1989-1990. Al respecto contó que las muñecas habían sido sus primeras modelos cuando niño, y que disfrutaba confeccionándoles ropa. Las primeras tres piezas se habían perdido al terminar una exposición. Durante el confinamiento por la pandemia, decidió recrearlas a partir de los patrones que todavía conservaba.

Hubo otras piezas que referían a la relación del diseñador con su pasado. Después de la muestra en el Palais Galliera, en 2018, Margiela advirtió que ya no conservaba algunas de las prendas que había diseñado durante su carrera. No quiso reconstruirlas a tamaño real. En cambio, comenzó a reproducirlas en miniatura, utilizando el pequeño maniqui de media escala que había recibido durante su formación en la Academia de Amberes. Esas piezas, realizadas después de 2018, también integraron la subasta.

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Barbies vestidas con la colección Otoño-Invierno 1989-90.
Martin Margiela. ©angelina johansson

La biografía

El archivo adquirió incluso dimensión familiar, puesto que contó con cerca de sesenta conjuntos, bolsos, accesorios y zapatos provenientes del guardarropa Hermès de Léa Bouchet, la madre de Margiela, ya fallecida. Son prendas y objetos correspondientes al período en que él trabajó para Hermès (1997-2003), y varios habían sido regalos del hijo a su madre. Él señaló que conservar esas prendas en perfecto estado se había vuelto cada vez más difícil, puesto que requerían cuidados especiales. Pero lo cierto es que al incluirlas se convirtieron en referencia tangible de la vida del diseñador. Léa Bouchet había apoyado desde temprano la voluntad de su hijo de convertirse en modista de Haute Couture. Ahora, parte de ese guardarropa volvió a circular y abandonó el ámbito estrictamente privado para entrar en colecciones de otros propietarios.

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The Hermès Bag Initial (2002).
@Marc Chatelard

Vale anotar que esta exposición fue concebida por el propio Margiela. La dirección artística estuvo a su cargo y la escenografía fue realizada por su amigo Bob Verhelst, curador de arte también belga. El montaje buscó evocar a una pequeña manufactura de comienzos de siglo XX, con los objetos presentados como si se estuvieran desembalando.

Según la casa de subastas Maurice Auction, esta operación tuvo un carácter inédito, ya que fue una de las pocas veces que un creador vivo colaboró directamente para ofrecer parte de su archivo personal de prendas y diseños. La cifra final del evento confirmó el interés que la puesta despertó. En ella se pusieron en circulación no solo prendas de un artista reconocido, sino que también se incluyeron documentos de su proceso creativo. Vale recordar que la obra de Margiela siempre cuestionó las fronteras entre la ropa, el objeto, el cuerpo y el proceso. En esta ocasión, el artista dejó en claro la importancia de haber podido mostrar su legado, y que éste perdure en el tiempo.

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