En 2001, mientras Uruguay atravesaba una de las crisis económicas más profundas de las últimas décadas, un grupo de instituciones decidió apostar por algo que todavía era incipiente en el país: ayudar a transformar ideas tecnológicas en negocios. Así nació Ingenio, la incubadora de empresas del Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU), cuando hablar de startups, escalabilidad o economía del conocimiento todavía no era parte del lenguaje habitual del ecosistema de trabajo uruguayo.
En coincidencia con las celebraciones por sus 25 años, este 2026, la Universidad ORT Uruguay recordó cómo se gestó la iniciativa a fines de los años 90'. Los ingenieros Julio Fernández y Pablo Valenti estuvieron en el origen del proyecto. Fernández había conocido de cerca el funcionamiento de una incubadora en Bruselas, y en 1999, convocó a Valenti para pensar cómo adaptar aquel modelo al contexto uruguayo. La propuesta luego se articuló con el LATU y recibió apoyo del Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN) del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
La primera convocatoria de Ingenio se lanzó en octubre de 2001. El momento no parecía el más propicio para comenzar. Sin embargo, la incubadora logró atravesar aquella crisis y continuar su desarrollo con el respaldo del LATU, y años más tarde de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII). En sus primeros años se concentró en empresas vinculadas a las tecnologías de la información y las comunicaciones. En noviembre de 2003, la Universidad ORT Uruguay registró la primera presentación pública de productos y servicios de startups incubadas por Ingenio. Un año después, en setiembre de 2004, se presentaron trabajos de las primeras empresas egresadas.
Ingenio no ofrecía solamente un espacio para emprendedores que intentaban convertir una idea en negocio. El proceso de incubación incluía también asesoramiento, contactos y formación. Buena parte de esta génesis se evocó durante la celebración de los 25 años, realizada en agosto en el edificio Los Ombúes del Parque de Innovación del LATU. La cita contó con la participación de representantes de empresas egresadas, autoridades y emprendedores en formación.
Incubadora y algo más
Con el paso del tiempo, la experiencia dejó de estar concentrada en la incubación de marcas. Ingenio contribuyó a generar una cultura de emprendedurismo tecnológico y participó en múltiples iniciativas de formación, concursos y programas vinculados al desarrollo de startups, desde videojuegos y game jam hasta actividades de internacionalización.
El ecosistema fue cambiando. Lo que en 2001 era una experiencia pionera pasó a convivir con nuevas incubadoras, aceleradoras, fondos, universidades, agencias públicas y empresas tecnológicas que comenzaron a crecer dentro y fuera del país. El resultado acumulado es de más de 250 proyectos acompañados y más de 470 emprendedores apoyados. Casi 120 empresas que pasaron por el proceso continúan operativas. En conjunto generan más de 2.100 puestos de trabajo, venden servicios a más de 100 países y alcanzan una facturación estimada superior a US$ 145 millones anuales.
La ministra de Industria, Energía y Minería, Fernanda Cardona, participó de la celebración. En la ocasión consideró que la experiencia de Ingenio constituye un ejemplo de cómo sostener una trayectoria, mostrar resultados y construir políticas de seguimiento y planificación. Por su parte, la presidenta del LATU, Lucila Arboleya, recordó que la incubadora nació con la convicción de que apoyar a quienes emprenden es invertir en el futuro. En ello confían y apuestan.
Los emprendedores
Mirar qué ocurrió con algunas de las empresas que pasaron por Ingenio es otra manera de contar su trayectoria. Por ejemplo Marvik, cofundada por Paula Martínez, comenzó su recorrido en la incubadora. Hoy cuenta con 200 trabajadores y desarrolla servicios de inteligencia artificial para clientes como Microsoft y MercadoLibre. En el racconto se encuentra Tryolabs, una consultora uruguaya de inteligencia artificial y machine learning fundada en 2010 por Martín Alcalá Rubí, Raúl Garreta y Ernesto Rodríguez para crear soluciones a medida para Silicon Valley. La empresa fue adquirida por Qubika este 2026, cuyo CEO, Alan Descoins, integra la lista TIME100 AI. De su propia estructura nació MonkeyLearn, un exitoso spin-off de procesamiento de lenguaje natural no-code cofundado por Raúl Garreta y Federico Pascual que se independizó en 2014 y logró una millonaria salida de mercado al ser adquirido por la multinacional estadounidense Medallia en 2022. También estuvo presente Paula Gallotti, CEO de DVelop, una empresa de tecnología fundada el 20 de febrero de 2008 junto a Agustín Napoleone, Ignacio Fonseca y Joaquín Álvarez, como resultado de un exitoso plan de negocios que sustituyó a su tesis de grado en la Universidad ORT Uruguay. A lo largo de los años, la compañía se consolidó en el sector de desarrollo y consultoría de software, logrando un gran impacto global gracias a la creación de WorkWithPlus, un producto estrella diseñado para automatizar y optimizar la productividad dentro del ecosistema de la plataforma low-code GeneXus. DVelop ocupa hoy a 80 personas y continúa trabajando desde el Parque de Innovación diecisiete años después de su incubación. Otro de los emprendimientos más recientes y aplaudidos es OrderEAT que se especializa en digitalizar cafeterías y comedores escolares y está presente en más de 600 colegios de Latinoamérica. La empresa nació en 2019 de la visión de tres jóvenes uruguayos —Matías Craviotto, Juan Manuel Rodríguez y Luis Pedro Carrero—, quienes, cansados de perder el tiempo en las interminables filas del comedor estudiantil durante su época escolar, decidieron desarrollar una solución tecnológica integral. Las historias de cada una de ellas son diferentes, pero tienen un punto de partida común: proyectos que en algún momento necesitaron transformar una idea tecnológica en un negocio rentable.
Cómo estás, muchas más. Uruguay cuenta con empresas tecnológicas capaces de vender servicios y productos en mercados internacionales, pero su circuito interno sigue siendo pequeño. Esta debilidad se puso sobre la mesa durante la conversación pública que mantuvieron Pedro Arnt, CEO de dLocal, y Ximena Aleman, cofundadora y co-CEO de Prometeo, en el auditorio del parque tecnológico. Los empresarios analizaron las condiciones necesarias que deben darse para que nuevas empresas uruguayas puedan crecer a escala global. Durante la charla, Arnt y Aleman coincidieron en que los desafíos ya no tienen que ver con crear un ecosistema desde cero. Eso está consolidado. Los retos se centran en la formación del talento, el dominio del inglés de los emprendedores, la capacidad comercial de las empresas, el acceso a capital y las condiciones para escalar empresas que nacen en un país pequeño.
Fundada por Ximena Alemán junto a Rodrigo Tumaián, Prometeo desarrolla infraestructura de Open Banking que permite a las empresas conectarse, a través de una única API, con instituciones financieras de distintos países de América Latina. Su tecnología facilita operaciones como la apertura y validación de cuentas, los pagos cuenta a cuenta y el acceso automatizado a información financiera.
Por su parte, dLocal, fundada en 2016 por Sergio Fogel y Andrés Bzurovski, es una plataforma de pagos transfronterizos que conecta a empresas globales con consumidores de mercados emergentes. Actualmente liderada por su CEO, Pedro Arnt, la compañía simplifica las operaciones de pago entre comercios internacionales y consumidores. Según los datos presentados durante el encuentro, dLocal proyecta procesar este año más de US$ 70.000 millones en pagos.
La clave a futuro
A 25 años de su creación, Ingenio decidió cambiar su modelo. Durante la celebración del aniversario anunció una nueva estrategia que deja atrás el perfil generalista y coloca a la inteligencia artificial como eje transversal. Bajo el nombre “IA + 3 + 1”, la propuesta concentra la incubación de startups en tres áreas: industria y producción, con aplicaciones en robótica y sensores; bioeconomía, que incluye desarrollos como trazabilidad y agricultura de precisión; y fintech, un sector en el que Uruguay ya cuenta con empresas y conocimiento acumulado. A estas se suma una cuarta categoría abierta para proyectos innovadores que no encajen en las tres áreas de especialización.
El cambio está vinculado a la reciente integración de Ingenio a Latitud, la fundación de Investigación, Desarrollo e Innovación del LATU. La incorporación permitirá acercar los emprendimientos a necesidades concretas de la industria y facilitar la validación de nuevas tecnologías en entornos reales, en línea con la nueva etapa que inicia la incubadora. En 2001, el desafío era convencer a emprendedores y empresas de que una idea podía convertirse en un negocio. En 2026, la pregunta es en qué áreas puede Uruguay construir ventajas y cómo lograr que las nuevas empresas desarrollen soluciones capaces de competir en los mercados globales. Para pensar hacia dónde va el ecosistema emprendedor, PAULA consultó a Rosana Fernández, directora de Ingenio desde 2019.
Como punto de partida, la jerarca recordó que la lógica de trabajo de la incubadora se construyó a partir de metodologías desarrolladas en los grandes ecosistemas internacionales, en particular, en el de Estados Unidos. Sin embargo, remarcó que no existe una única fórmula que pueda aplicarse de una vez y para siempre. “Todo el tiempo se aprenden cosas nuevas. Hace algunos años, la preocupación podía estar centrada en cómo conseguir capital en el exterior. Hoy, el desafío es entender cómo la inteligencia artificial está modificando los modelos de negocio”.
Este cambio se refleja en el perfil de las empresas que llegan a la incubadora. Según Fernández, años atrás había proyectos vinculados a servicios de desarrollo de software, las llamadas software factories. Actualmente, el perfil es de proyectos de productos tecnológicos al cien por cien. Es decir, emprendimientos que desarrollan sus propios productos, con mayor valor añadido y potencial de escalabilidad. Esto respalda la idea de que el emprendedor también ha cambiado en las últimas décadas. Las startups uruguayas ya no necesitan consolidarse en el mercado local para pensar en otros países: nacen con la necesidad de identificar problemas globales y resolverlos desde Uruguay.
Pero hay algo que se mantiene pese a los cambios: las condiciones que pueden determinar que una empresa logre competir a escala internacional. Según la jerarca podrían resumirse en las siguientes: identificar un problema común a distintos mercados, desarrollar una tecnología y un modelo de negocio capaces de resolverlo y contar con un equipo con la visión, las capacidades y la ambición necesarias para internacionalizarse.
La evolución del ecosistema también exige nuevas capacidades en la propia incubadora. Un ejemplo son los consultores que trabajan para Ingenio. En la actualidad se requiere que estén especializados en inteligencia artificial, experiencia de usuario y aspectos legales enfocado a empresas tecnológicas.
Por último, como en tantas otras áreas de la sociedad, el próximo gran desafío es la inteligencia artificial. Uruguay tiene talento y formación en este campo, pero debe desarrollarlo aún más. Y no solo desde las universidades. “Emprender es mirar algo de forma crítica y querer mejorarlo”, enfatizó Fernández. Esa disposición a cuestionar, probar, equivocarse y volver a intentarlo debería comenzar a desarrollarse desde la infancia. Precisamente en este punto aparece uno de los cambios culturales que la jerarca considera más necesarios: perder el miedo al fracaso. “La innovación se da así: pruebo y no sale, y pruebo y pruebo otra vez”.
Para Fernández, esas capacidades son tan importantes como la formación técnica. Por eso opinó que Uruguay necesita acelerar la generación de talento para acompañar el ritmo al que avanza la inteligencia artificial y hacerlo también con nuevas modalidades de educación.
En lo personal, después de siete años al frente de Ingenio, lo que más la entusiasma siguen siendo los emprendedores. La directora admira la disposición que tienen al asumir riesgos, su resiliencia y la capacidad de seguir adelante cuando otros les dicen que no. “Cuando crees que está todo inventado alguien da una vuelta de tuerca y sale de la zona conocida”. Eso es también lo que mantiene despierta a la propia incubadora. No hay espacio para la rutina: constantemente aparecen nuevos problemas, nuevas tecnologías y nuevas maneras de resolverlos. “Todo el tiempo estamos aprendiendo no solo por las tecnologías sino por los desafíos que traen los emprendedores y las formas de resolverlos. Crecemos con ellos”.