Ganador de tres Vueltas (1985, 1987 y 1993) y Rutas de América 1984, y olímpico en Seúl 1988, José "Pepe" Asconeguy fue uno de los grandes ciclistas del viejo pelotón uruguayo.
En entrevista con Ovación recordó sus mejores años arriba de la bicicleta, la vez que Peñarol lo dejó libre y enseguida fue campeón de "la Vuelta de Oro" —por tratarse de la edición número 50 de la Vuelta Ciclista del Uruguay— y también cuestionó el nivel y segregación del ciclismo actual.
"El ciclismo es un deporte rico, pero practicado por pobres", enfatizó para explicar que hoy cualquiera "se compra la última bicicleta y corre" Rutas o Vuelta, y que en categorías infantiles debería haber límite en equipación y materiales, porque sino "se deja afuera a muchos que no tienen recursos para correr".
Asimismo contó como vive hoy el ciclismo del lado de acompañante, siguiendo cada pedaleada de Roderyck Asconeguy, uno de los baluartes del ciclismo nacional en la actualidad.
Entrevista con José "Pepe" Asconeguy
—¿Cuál es la victoria que más le gusta recordar?
—La verdad que uno ha tenido la suerte de ganar un montón de carreras y lógicamente los más gratos recuerdos son de la Vuelta o las Rutas de América, que también tuve posibilidad de ganar. Pero en particular siempre recuerdo una etapa de la Vuelta 1991 que gané, desde Paysandú a Flores. La llegada fue una locura, un mundo de gente, todos enloquecidos. Es una de las victorias que más disfruté como ciclista.
—¿Por qué y cuándo empezó a correr en bicicleta?
—Por mi hermano mayor, Emilio, que es nueve años más grande que yo. Fue el primero de la familia y yo de chico lo seguía a todos lados. Entró cuarto en la Vuelta del ‘76 y eso me entusiasmó. También fue quien me armó mi primera bicicleta con 13 años.
—¿Cómo era esa bicicleta?
—Era una bicicleta de fierro común y corriente, armada con partes de distintas cosas. El manillar de una, las ruedas de otra. Nosotros venimos de una familia muy humilde, con muchas dificultades. Él tenía dos bicicletas y yo pensaba por qué no me daba una, pero eso me hizo bien, me generó hambre de progreso. Hoy a los gurises se les da todo de entrada y eso le está haciendo mal al ciclismo.
—¿El ciclismo de antes era más accesible?
—Antes las bicicletas eran más baratas, sí, el ciclismo era un deporte popular y debería volver a serlo. El primer paso sería limitar materiales: todos los gurises que quieran correr deberían tener la posibilidad, usando bicicletas más accesibles. Así habría muchos más ciclistas.
—¿Para usted está en crisis el ciclismo juvenil?
—Yo creo que sí y a la vista está. Hoy en día muy pocos ciclistas del Codecam llegan a Primera. Como funciona hoy, no fomenta valores ni inclusión, y deja afuera a muchos que no tienen recursos para correr. El ciclismo es un deporte rico, pero practicado por pobres.
—¿Y qué opina de las extintas categorías de ascenso?
—Lo mismo. Antes ibas escalón por escalón. Hoy cualquiera que puede bancarse los gastos, se compra la última bicicleta y corre directo en Primera. Eso no existe. El ciclismo debería ser como el fútbol: no podés ir directo a jugar en el Centenario, primero tenés que recorrer un camino.
—¿Qué recuerda de su ascenso a Primera?
—Ascendí rápido porque en esa época se corrían los campeonatos regionales y yo salí campeón del Sur, pero ya no me acuerdo ni en qué prueba. Y bueno eso me dio muchos puntos y subí a Primera en menos de un año. Corrí mi primeras Rutas de América con 18 años en el ‘82, por el Audax de Flores.
—Y en 1984 la ganó...
—Sí, con 20 años y corriendo por el Belo Horizonte. Fue algo impresionante por el nivel que había. Los pelotones eran de 80/90 corredores, menos cantidad que ahora, pero con mucha más calidad. Gané sin ganar ninguna etapa, fui sacándome rivales de arriba día a día.
—Y al año siguiente su primera Vuelta Ciclista...
—Por el América con Washington Díaz, Chirola Silva y Víctor Hugo González, grandes ciclistas. En aquel entonces había muchos equipos fuertes y eran de cuatro corredores. Estaba más repartido y era más competitivo. Ahora solo hay dos o tres equipos.
—Después pasó al Amanecer y tuvieron una época muy dominante: ¿qué recuerda?
—Ganamos la Vuelta del ‘86 con Federico Moreira y yo fui tercero, y en el ‘87 gané yo y segundo Federico. Fue impresionante, perdimos muy pocas carreras en toda la temporada. En varias llegadas metíamos tres o cuatro entre los primeros cinco.
—¿Fue la Vuelta “de oro” su conquista más importante?
—También fui a los Juegos Olímpicos de Seúl, pero sí. La Vuelta 50 la gané por el Amanecer, pero esa temporada la arrancamos en Peñarol. Teníamos un equipazo, pero al principio los resultados no se nos dieron. Cambió la directiva, asumió el contador Damiani y nos dejaron libres. En Peñarol y Nacional siempre quedó claro que lo único importante era el fútbol, lo demás solo si andaba bien.
—¿Y después ganó la 50ª Vuelta con el Amanecer?
—Claro. Ahí arreglé enseguida con el Amanecer y gané “la Vuelta de oro” (1993). Justo fue cuando inauguraron el parque en Flores y nombraron la “Pista José Asconeguy”.
—Cuénteme de su experiencia en los Juegos Olímpicos de Seúl.
—Fue lo máximo. Para cualquier deportista llegar a los Juegos Olímpicos es el sueño más grande. Corrí la prueba de Ruta con Alcides Echeverry, y terminé 46° a pocos segundos del ganador. Una experiencia inolvidable.
—¿Cómo lo vive hoy acompañando a su hijo Roderyck?
—Se sufre mucho, porque uno sabe lo que es. Roderyck es uno de los mejores ciclistas del país y ojalá pueda ganar una carrera grande, se la merece hace mucho tiempo.
—¿A qué se dedica hoy? ¿Sale a pedalear?
—Hasta noviembre fui chofer municipal y ahora estoy jubilado. Me compré un camioncito para seguir las carreras y hago fletes. Salgo a pedalear casi todos los días por salud y disfrute. Andar en bici te despeja la cabeza y te hace bien por todos lados.
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