Es difícil de explicar —como dijo el propio Pablito Bonilla— que la Vuelta Ciclista del Uruguay no era el gran objetivo de quien terminó levantando el trofeo. A diferencia del resto del pelotón, Pablo Bonilla corre con la mira puesta en otro calendario: el europeo.
“Mi verdadero objetivo es llegar bien a Europa”, afirmó en entrevista con Ovación. Con 21 años, lleva más de cinco viajando cada temporada al Viejo Continente, escapando del invierno austral para competir y sostener su desarrollo. Con el objetivo de llegar al profesionalismo, su gran anhelo y el de muchos otros niños que gracias a ejemplos como él, hoy no lo ven tan utópico.
Bonilla no se rige por la lógica del calendario local. En Uruguay la temporada es relativamente lineal: arranca en agosto/setiembre con carreras domingueras y la mayoría de los ciclistas apuntan a Rutas de América y la Vuelta. De menos a más, para llegar con el mayor pico de forma al final.
Su planificación es distinta: empieza en Uruguay, pero apunta a rendir del otro lado del Atlántico. “La idea era ir pasito a pasito, sin desesperarme mucho ni gastar de más en el inicio de temporada”, explicó. Inicialmente, su foco eran los Campeonatos Nacionales (6 y 7 de febrero), pero el nivel y los resultados lo empujaron a ir por más: “Me fui sintiendo bien y mantuve el impulso hasta las Rutas”. Terminó segundo detrás de su compañero Anderson Maldonado (a 17”) y decidió ir por el premio mayor: la icónica malla oro, que al final se dio el lujo de lucir.
Su hoja de ruta está clara y recién arranca: “El próximo gran objetivo en España es el Tour de Bretaña, una carrera dura y muy observada por los mejores equipos porque la corren todos los que son filiales del WorldTour”, dijo, entendiendo que más que una carrera es una oportunidad.
Cuando salió del Codecam, Bonilla viajó a Bélgica para competir dos años para el Start Junior Team by Java, en categoría Junior. Al cumplir la mayoría de edad pasó al Club Ciclista Padronés – Cortizo español, donde permanece desde entonces y hacia donde partió hoy de madrugada, con el único objetivo de perseguir su sueño de convertirse en ciclista profesional.
Una meta ambiciosa, con un camino sinuoso y empinado, pero que ya recorrieron otros compañeros de ruta que hoy sirven como guía e inspiración para los jóvenes que buscan hacer del ciclismo un estilo de vida. Casos como Thomas Silva y Eric Fagúndez, que desde hace años se codean —literalmente, dentro del pelotón— con los mejores del mundo.
Bonilla es amigo personal de Ander Maldonado y compañero de entrenamientos en Treinta y Tres. Cuando regresó a su pago tras la temporada 2025 en el Cortizo, lo sedujo el proyecto del Náutico Boca del Cufré. El equipo maragato ya había armado un plantel para pelear por Rutas, la Vuelta y el calendario nacional, pero en noviembre sumó una pieza que terminó siendo la que valió “oro”.
Con el título de la Vuelta más antigua de América en el bolsillo, Bonilla emprende un viaje cargado de ilusión.
Las cuatro promesas del ciclismo uruguayo en Europa
Con su partida, vuelven a ser cuatro los representantes del ciclismo uruguayo en el Viejo Continente, el mejor escenario para desarrollarse al más alto nivel.
De esta nueva generación, el caso más destacado es el de Thomas Silva Coussán. El fernandino de 24 años se convirtió en 2026 en el primer uruguayo en llegar al WorldTour tras fichar por el XDS Astana Team. Corre a nivel profesional desde 2023, cuando se incorporó al Caja Rural, equipo con el que incluso disputó la Vuelta a España. Pero era de categoría UCI ProTeam —como el Burgos de Fagúndez—, sin acceso regular al calendario WorldTour, salvo que sea por invitación.
En las últimas semanas se destacó con un 24º puesto en su primera Milán-San Remo y todo indica que seguirá creciendo entre los mejores.
Por otra parte, Eric Fagúndez (27 años) compite a nivel profesional desde 2022, siempre para el Burgos Burpellet BH. Fue quien volvió a poner la bandera uruguaya en una gran vuelta desde Fabricio Ferrari (2013 y 2017) y Héctor Rondán, décadas atrás. Tiene dos medallas panamericanas de bronce: una en ruta (2023) y otra en contrarreloj (2026), y representó a Uruguay en los Juegos Olímpicos de París 2024.
Días atrás corrió el primer “monumento” de su carrera y, aunque no definió, se dio el lujo de protagonizar una fuga con nombres como Tadej Pogacar y Remco Evenepoel.
El otro que compite desde hace años en Europa, persiguiendo el mismo objetivo, es el sanducero Ciro Pérez. Llegó casi en simultáneo con Bonilla al Start Junior Team by Java con 16 años. Corrió dos temporadas en Bélgica y luego pasó a Italia, donde defendió al MG.K Vis durante dos años más. En 2026 dio otro paso: se incorporó al AVC Aix Provence Dole, filial del Cofidis, con mayor nivel de proyección.
Cuando muchos pensaban que el ciclismo uruguayo estaba acabado y que era imposible compararnos con los monstruos del Viejo Continente, aparecieron cuatro jóvenes que cambiaron la perspectiva. Cuatro voluntades con el atrevimiento necesario para lograr que el ciclismo mundial vuelva a mirar hacia esta penillanura levemente ondulada, cuna de grandes talentos en el fútbol y, al parecer, también pilotos de bicicletas.
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