Jonathan Urretaviscaya vive una segunda Juventud en Las Piedras. A sus 35 años, supo manejar los hilos de un equipo al que llegó tras el ascenso para mantener la categoría y que coronó el año con una histórica clasificación a la Copa Libertadores. “En un principio y como cada vez que un equipo asciende, el objetivo a corto plazo era mantener la categoría, pero pasó todo muy rápido: al mismo tiempo que logramos la salvación, terminamos peleando el Apertura y casi metiéndonos en copas. El equipo creció en confianza y en que se comenzó a hablar más de los chicos que no eran tan conocidos. Eso nos ayudó a todos y pudimos cerrar el año de la mejor manera ya con el objetivo internacional, que después pasó a ser el principal y pudimos lograrlo”.
En la primera parte del año una de las virtudes del pedrense fue ese desconocimiento. “Traté de hablar con los más jóvenes para sacarles esa mochila de hacerlo bien todo el tiempo. Porque una vez que vos empezás a ganar y a que te nombren tanto, esa mochila empieza a pesar. Los más grandes fuimos por ese lado de que al no ser conocidos, aprovecharan el momento. El inicio de año fue espectacular, el Intermedio no fue malo, el Clausura sí, pero al tener ese colchón de puntos pudimos afrontarlo”, expresa.
Al consultarle por las claves de esta gran campaña, no duda: “Me sorprendió, más que nada en los más jóvenes, que nunca se habló demasiado del descenso. No estaba ese fantasma de estar mirando los promedios, que cuando pasás de la “B” a la “A” le pasa a muchos, como a Plaza este año. Eso nos dio la confianza, esa fue una de claves”, añade.
El nivel no se pudo sostener porque el equipo se desarmó, con bajas de “jugadores importantísimos” como Valentín Gauthier, Maizon Rodríguez y Bruno Larregui. “Lo sentimos mucho y se notó en el funcionamiento”. Los dos primeros completan el top 3 del plantel para el Rayo y el número uno para él, es el arquero. “Con Seba (Sosa) tuve la oportunidad de compartir en tres equipos, somos amigos, tenemos una linda relación, como profesional me saco el sombrero, es un tipo que a pesar de los años tiene mucha vigencia y jerarquía, lo demostró todo el año”.
En cuanto al nivel personal, explicó: “Trato de ponerme a la par de los más jóvenes y entrenar como ellos, porque son los que nos marcan el ritmo a los más grandes. Así estás, desde lo físico, más cerca de lo que es un partido de alta intensidad. El año fue redondo”.
Aunque hubo un gris que empañó el año: la salida de Diego Monarriz, una “noticia triste” que no esperaban. “Si bien habíamos bajado el nivel por lo hecho antes, teníamos la espalda, sin que se mal interprete, pero el objetivo principal estaba cumplido. Nos chocó mucho porque con Diego había mucha cercanía, fue el DT que inició esto. Pero el fútbol tiene estas cosas, es muy dinámico, hay muchas injusticias”, dice Urretaviscaya, quien fue dirigido por varios entrenadores carismáticos, entre ellos Juan Ramón Carrasco, Diego Aguirre y Mario Saralegui. Ante la consulta de si Monarriz podía ingresar en este grupo, confiesa: “Sí, pero más allá de carismático, es buena gente y eso repercutía en el día a día, más allá de ser un gran DT, me quedo con la persona. Como lo es con ustedes los periodistas era con nosotros todos los días”.
El día que JR lo hizo firmar el contrato con River
Entre tantas anécdotas con entrenadores, JR siempre tiene un lugar. En este caso, siendo DT de River Plate, lo bajó del bus previo al penúltimo partido. “Me pidió que firmara y le dije que no, me quedé ese fin de semana sin jugar. Fue un tema bastante especial porque era menor (17) y había jugado el campeonato sin contrato. Comenzó el runrún de que me vendían y querían que firmara. Mi argumento fue que si había jugado hasta ese momento, por qué tenía que firmar ahora. Juan tenía mucha presencia, los más chicos le teníamos un respeto enorme y me debía a él porque me había dado la confianza. Jugué la final y luego me vendieron”, recuerda Urretaviscaya, y subraya: “Era diferente a Monarriz, sí muy carismático, pero te reías cuando no te tocaba a vos, ahí era bravo”.
Su futuro y llamada que "siempre espera"
Su contrato finaliza en diciembre y tras una charla informal con Juventud se le trasmitió las ganas de que siga. River fue uno de los que llamó tras el descenso, pero le dijo que no porque “se sentía con nivel” como para continuar en Primera. “Obvio que no cierro la puerta”, explica. En el año también se lo relacionó con una posible vuelta a Peñarol: “Es el club del cual soy hincha y esa llamada la esperás todos los días, siendo realista, pero con la ilusión de que pase, ya saben cuál es la respuesta”.
Dentro de sus cuatro etapas aurinegras, Urretaviscaya tiene un Campeonato Uruguayo, una final de Libertadores histórica a la que llega tras una pelea en el Deportivo La Coruña y un premio especial. Si tiene que ordenarlas de mayor a menor, el orden acompaña la cronología.
“Tengo que poner primero el 2010 porque jugué todo el año y fuimos campeones, 2011 jugamos la final de la Copa, 2015 perdimos el Uruguayo pero salí mejor jugador del Clausura y me voy a México. En 2020 con Forlán fue el peor, llegué y me lesioné, cuando volví a jugar no era el mismo”. Entre el primero y el segundo, hubo seis meses a préstamo. “En 2011 Diego (Aguirre) me llama, yo había tenido una pelea con un compañero, me sentía incómodo. No me querían dejar venir pero volví”, recuerda el atacante.
De la Libertadores le queda "la espina" hasta el día de hoy. "Soy consciente de que si era una final única, éramos candidatos".
El mejor momento de su carrera y un premio inesperado
Si tiene que elegir el mejor año de su carrera es “sin duda” el Pachuca de 2017. Ese año ganaron la liga de México, Concachampions y fueron terceros en el Mundial de Clubes. “Miro esa foto y siento orgullo y agradecimiento, un premio al profesionalismo, haber llegado ahí -comenta al recordar la foto junto a Cristiano Ronaldo y Modric- lo miro como puedo llegar a mirar un título, pienso en ese año del Pachuca que fue fantástico, era un gran equipo, eso me ayudó a poder estar suelto y poder encontrar mi mejor nivel. Fue un apretón de manos, soy tímido, no me gusta molestar, solo me saqué la foto”, repasa.
Ahora tiene de compañero al "Modric del fútbol uruguayo": Iván Rossi. “No lo jodemos tanto porque tiene calidad, cuando se asemejan no podés joder mucho porque es verdad. Iván es un tipazo, tengo una gran relación con él, es un tipo muy profesional".
La mutación de los extremos
“El fútbol profesional ha cambiado”, opina sobre el cambio de rol en su posición. “Hoy para ser extremo tenés que ir y venir. Antes era de la mitad de la cancha hacia adelante, impensado que bajara a marcar al lateral a su área. Hoy si no tenés eso no podés jugar de extremo, tenés que tener la doble función. Desde ese lado es más difícil para el encarador, el que te lleva al lateral contrario hasta la otra área, volver a defender hasta tu área es difícil. Hay DT que te lo piden, otros quieren que vayas a la mitad de la cancha porque te quieren fresco para lo que mejor sabés hacer”.
Para el Rayo el más natural del medio es Nico Vallejo de Liverpool, que “no tiene esa entrega de seguir al lateral hasta el otro lado, pero cuando agarra la pelota desde la mitad de la cancha hacia adelante, hace un destrozo impresionante”.
Y en la selección, opina que Bielsa “tiene de dónde sacar”, aunque a Amaro y Sanabria le “cuesta contarlos como extremo y no como laterales”. Ante la consulta por el bajo nivel de Araújo y Pellistri, expresó: “Podés contar con ellos porque tienen experiencia para afrontar un Mundial, para mí está probando por el lado de Laquintana, que para mí va a terminar yendo, es el puesto natural”.
Por último, dijo cómo ve a Uruguay para lo que viene: “Cuando recién llegó Bielsa me gustó mucho más, ahora no tanto, pero hay muchos nuevos, jugás poco tiempo, eso te cambia las formas, jugás con tensión y eso se vio reflejado en el rendimiento, Me parece que va a tener el tiempo para llegar al Mundial de la mejor manera”.