El Estadio Centenario se convirtió en el epicentro del fútbol uruguayo el pasado lunes. La esperada asunción de Diego Forlán como nuevo entrenador de la selección Sub 20 e interino de la mayor acaparó todos los flashes y titulares. Sin embargo, más allá de las preguntas de la prensa, los micrófonos y las definiciones tácticas sobre el futuro de la Celeste, hubo una serie de apostillas, gestos y momentos íntimos que conformaron la verdadera trastienda de una jornada cargada de enorme emotividad.
Todo comenzó incluso antes de pisar formalmente el estrado. El trayecto que transitó Forlán desde el momento en que se bajó de su auto junto a su esposa Paz, hasta cruzar las puertas del histórico hall del palco oficial de la Tribuna América del Centenario estuvo impregnado de una atmósfera especial. Cada paso del nuevo DT reflejaba el peso de un apellido indisolublemente ligado a la historia de la Celeste y el de un referente que supo llevar a Uruguay a lo más alto de Sudáfrica 2010. Las miradas de los presentes y la solemnidad del escenario marcaron el pulso de una llegada que no fue un día más en la oficina, sino el reencuentro con su propia casa.
Abrazos con historia y respeto de colegas
Ya en el corazón del evento, una de las postales más cálidas se vivió en el reencuentro con otros notables directores técnicos y referentes del fútbol uruguayo. Forlán se fundió en sentidos abrazos con Gregorio Pérez, que demoró en soltarlo, y Gerardo Pelusso, en una muestra de respeto generacional y camaradería que cruzó elogios y buenos deseos para el complejo desafío que se le avecina al frente de las selecciones nacionales.
La firma de contrato y la presencia institucional
Protocolo mediante, el momento formal de la rúbrica tuvo lugar con la presencia de las máximas autoridades de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) y figuras del arco político y deportivo nacional. Sentado a la mesa junto a los dirigentes, la firma del contrato selló legalmente un vínculo que ilusiona a todo el país. Acompañando de cerca los actos protocolares también se destacó la presencia de autoridades como el Intendente de Canelones, Francisco Legnani.
Las sonrisas de Paz Cardozo, así como las de la madre de Diego y su hermana Alejandra quedaron retratadas. Pero quizás el pasaje más humano de la tarde se reflejó en los gestos hacia su círculo íntimo. La emoción de su padre Pablo, testigo privilegiado de la dinastía Forlán dentro del fútbol, resumió el sentimiento de una familia que conoce como pocas lo que significa ponerse la camiseta de Uruguay. Hubo varios que derramaron lágrimas.