La historia de Edgardo Andrada, el arquero que pasó de ser ídolo a represor en la dictadura argentina

Desde 1981 llevaba una doble vida: de día futbolista, de noche integrante de una “patota” de la dictadura que espiaba y secuestraba opositores.

Edgardo Andrada, arquero argentino.
Edgardo Andrada, arquero argentino.

Fue ídolo en varios equipos, con una larga y exitosa carrera como arquero. Antes de colgar los guantes, Edgardo Andrada se convirtió secretamente en un represor de la dictadura argentina. Nunca fue condenado por ello, pero fue apartado para siempre del fútbol y de la memoria de los hinchas.

Nacido en 1939, Andrada fue el hombre que más partidos defendió la valla de Rosario Central: 284 entre 1960 y 1969. También fue convocado varias veces a la selección argentina y fue titular en la Copa América de 1963 en Bolivia. En 1969 fue transferido a Vasco da Gama, donde conquistó el Campeonato Nacional 1974. En 1976 pasó al Vitoria de Bahía y un año más tarde regresó a Argentina. Pensaba retirarse pero al final firmó por Colón de Santa Fe, con campaña hasta 1979. Y estiró su actividad hasta los 43 años, como golero del Renato Cesarini de Rosario, donde se retiró en 1982. Con los años volvió a Rosario Central como coordinador de las divisiones formativas.

No era especialmente alto, pero sí muy ágil y decidido, lo que le valió el apodo de “Gato”. Pese a sus logros en la cancha, hubo un episodio que él siempre maldijo aunque lo hizo conocido internacionalmente: fue el arquero vencido por Pelé cuando marcó su gol número 1.000, de penal, el 19 de noviembre de 1969 en Maracaná. Andrada se tiró bien, llegó a arañar la pelota pero no pudo evitar la conquista.

De vuelta en Rosario, desde 1981 llevaba una doble vida: de día futbolista, de noche integrante de una “patota” de la dictadura que espiaba y secuestraba opositores. Había ingresado al Servicio de Inteligencia del Ejército, revistando en el Destacamento de Inteligencia 121 de Rosario.

Ese grupo fue acusado del secuestro y posterior asesinato de dos militantes peronistas, Osvaldo Cambiasso y Eduardo Pereyra, ocurrido en 1983. Durante un juicio en su contra, el represor Eduardo Constanzo identificó a Andrada entre los participantes en ese operativo. Sin embargo, el juez Carlos Villafuerte Ruzo lo exoneró por falta de mérito en 2012.

De cualquier manera, Rosario Central lo despidió, lo que marcó su alejamiento definitivo del fútbol. En una de las pocas entrevistas que concedió, Andrada admitió haber trabajado en el ejército, “pero no así”. Igual mantuvo silencio sobre sus actividades: “Hay cosas de las que no se puede hablar”.

El legajo del Ejército, revelado públicamente durante el juicio, reveló que había ingresado el 25 de agosto de 1981 como “Agente S”, con el alias de Eduardo Néstor Antelo. Lo presentó el teniente coronel Jorge Roberto Diab, con quian mantenía amistad desde 1975. “Andrada jura guardar lealtad y fidelidad a la patria y guardar el secreto más absoluto en el desempeño de sus funciones y tareas ante Luis Américo Muñoz en fecha 1 de marzo de 1982”, indicaba el legajo.

“Su figura de exarquero de Rosario Central concita adhesiones y confianza especialmente en los barrios de trabajadores, lo cual facilita su penetración al objetivo impuesto. Si bien su edad supera el límite establecido, su potencialidad de penetración y capacidades personales hacen sumamente beneficiosa su integración a esta unidad, viéndose justificada la proposición de su nombramiento (…) Posee una variada red de informantes. Trabaja con dedicación exclusiva”, indicaba el legajo, según un informe de Ámbito Financiero en 2020.

El juicio por los asesinatos de Cambiasso y Pereyra culminó en 2016. El Tribunal Oral Federal N°2 de Rosario condenó a varios militares a cadena perpetua, entre ellos a los jefes del destacamento de Inteligencia 121. Varios agentes civiles fueron absueltos. Andrada murió en su casa de Rosario en 2019. Tenía 80 años.

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