Vive en Sayago, la casa de su abuela siempre estuvo detrás del Parque Roberto y esta vez a Federico Varese, sí se le dio en el arco de Racing. “Había un arquero al que le decían el Mudo que estaba muy fuerte, no sé que será de la vida de él”, recordó sobre su corto periodo de prueba en el Cervecero. Muchos años después, el fútbol y el destino lo acercaron otra vez al club; pero para contar su historia hay que remontarse al Marconi, donde nació, a La Teja, cuando comenzó a jugar al fútbol y al Brandi, ese equipo de baby que le dio amigos que al día de hoy mantiene y considera familia, como Maizon Rodríguez; actual jugador de Unión de Santa Fe, en Argenti
Para jugar en Primera y sobresalir en el fútbol hay que tener varias cualidades y hay dos que este arquero de 23 años y 1,96 de altura le debe a su familia. “Mis tíos abuelos eran altos, algunos de ellos superando los dos metros. Es algo importante”, reconoció Varese que, a la rama de su padre le agradece el linaje italiano que podría abrirle puertas a futuro. Desde los 17 tiene el pasaporte.
Cuando salía de la escuela al mediodía, sus padres no lo podían ir a buscar porque estaban trabajando y a él lo iba a buscar una bañadera que lo llevaba a un club de niños, que no recuerda si era del INAU y lo tenían hasta el final de la tarde practicando deportes. Su hermano jugó al básquet en Sayago, Verdirrojo y Marne, pero para Federico el fútbol siempre fue distinto y compartirlo con amigos hizo la diferencia. “Esa fraternidad de grupo que algunas generaciones la tienen y otras no, son cosas que se dan”, comentó acerca del club Brandi, donde su aventura en el fútbol empezó, aunque no como arquero.
“¡Era malísimo, una cosa nefasta! Me di cuenta yo al tiempo. Entraba y no quería que me pasaran la pelota, me daba vergüenza”, confesó sobre su rendimiento como volante. Hasta que un día... “¿Quién quiere atajar?. Yo levanté la mano entre varios, porque al ser chicos todos quieren probar atajar. El técnico me señaló a mí, no por nada en especial, pero tuvo una elección que cambió toda mi vida. Ahí llegué al arco”, recordó Varese, que luego tuvo un malentendido con ese mismo DT y pasó al Cohami. “Mis amigos me acompañaron a morir, mi grupo más cercano se fue conmigo”, recordó el jugador.
“Seguimos metiendo un asado por mes o cada dos meses porque son amistades que trascienden el deporte, ya son parte de la vida y son considerados familia. Nos favoreció que nuestros padres se hicieron muy amigos y juegan al fútbol 5. Cuando éramos más chicos y hacían comidas siempre estábamos nosotros. Hasta que crecimos y desarrollamos nuestro propio grupo”, explicó
Uno de esos amigos es Maizon. “Renegó, renegó, hasta que un día en Juventud aceptó”, dijo Varese, que fue al pedrense gracias a Walter Gómez, entrenador de arqueros, y convenció al zaguero de volver a jugar juntos. Subieron al primer equipo y también a Primera, pero el arquero no llegó a un acuerdo en su contrato y quedó separado del plantel un largo tiempo hasta que Racing lo buscó. El tiempo sin jugar lo hizo reflexionar y tuvo sus pilares. Su familia: “Somos pocos y muy unidos”. Y su pareja: “Una mujer maravillosa, una compañía diferente a lo que podría buscar en otra persona. Muchos piensan que estás forrado en guita, mujeriego, que estás para la joda y el 99% de los futbolistas que conocí son un uruguayo más. A la hora de jugar te montás el personaje, yo prefiero que eso quede dentro de la cancha y afuera ser el auténtico con las personas que amo”.
Para Federico: “No podés vivir todo el día pensando en fútbol”, y uno de sus hobbies es la lectura. “'El arte de la guerra’ me atrapó, lo leí muy rápido”. El libro habla de estrategia y planificación, algo que no le escapa a Racing ni a sus objetivos. “Todos dan el máximo y apoyan a todo el mundo. Dependemos de nosotros mismos y vamos a dar lucha hasta el final. No hay duda que nuestra intención es ganar el Apertura”.