Mientras la provincia de Santa Fe respira deporte, alegría, ilusión y aguarda por el legado que dejarán los Juegos Odesur pensando en el futuro de la región, en Uruguay los 338 atletas que nos representarán pasarán a estar bajo la lupa en el primer eslabón del ciclo olímpico.
Para muchos es el primer tren y para otros, el último en medio de un cambio radical en la gestión del Comité Olímpico Uruguayo, que apostará a apoyar a quienes consigan resultados. ¿Está bien eso? ¿Es lo mejor? Sin dudas que no es lo mejor porque en un país que en estos eventos exige resultados -llámese medallas-, el apoyo es escaso.
Pero está bien porque es lo que hay hoy. El sistema está planteado así. Los gobiernos cada vez se involucran menos en el alto rendimiento, pero después son los legisladores los que tuitean cuando hay un campeón mundial de remo o si un ciclista gana una etapa del Giro de Italia.
Ahora, cuando hay que hacer del deporte una cuestión de Estado, los votos van para otro lado. Y así es muy difícil avanzar. Por eso, los Odesur interpelan a un país que de una vez por todas debe definir si apoya al alto rendimiento o si definitivamente la medalla olímpica pasará a ser una utopía o un milagro como el de Wynants en Sydney, hace ya 36 años...