Adaptarse a un nuevo monoplaza implica replantear aquello que antes marcaba la diferencia en la Fórmula 1. Los Ferrari de 2026 exigen una conducción distinta a la de la generación anterior. Utilizar el acelerador para estabilizar el auto durante la frenada consume energía de la batería, un recurso mucho más valioso en las rectas, donde puede traducirse en una mayor ganancia de tiempo por vuelta. Así como Lewis Hamilton debió adaptar su conducción al Ferrari de 2025, Charles Leclerc afrontó el desafío inverso. Lo que antes era una virtud de su estilo dejó de ofrecer el mismo beneficio.
Durante las primeras carreras logró aprovechar el potencial del monoplaza, pero aquellas maniobras tan refinadas que le permitían ganar tiempo comenzaron a perder eficacia. Desde el Gran Premio de Canadá aparecieron, además, dificultades con los frenos. En Barcelona empezó a utilizar los discos Carbon Industries, cuatro carreras después que Hamilton, y necesitó tiempo para familiarizarse con el nuevo sistema. Recién en Silverstone recuperó plenamente las sensaciones que buscaba. En la Fórmula 1, no siempre gana quien conduce más rápido, sino quien mejor sabe evolucionar.