Alcanza leer la prensa oficialista para percibir el tono negacionista del militante frentista respecto al reciente resultado electoral en Brasil. Las explicaciones van por el lado absurdo de culpar al avance de las iglesias evangélicas, al accionar de las plataformas y redes sociales, al crecimiento de la “antipolítica”, o incluso atacar a los sectores humildes a los que se acusa de no saber lo que les conviene. La respuesta es más simple. Lula hizo un mal gobierno, plagado de corrupción. Listo.