Editorial

El voto desde el exterior

Igual que hace diez años la mayoría de la población rechaza habilitar el voto de los uruguayos radicados en el exterior, iniciativa que el FA vuelve a enarbolar en vísperas de una campaña electoral.

Otra vez, no muy lejos de la realización de las elecciones nacionales, el Frente Amplio desenterró la propuesta de habilitar el voto de los uruguayos radicados en el exterior. En esta ocasión eligió un camino distinto de los anteriores al sancionar una ley —la 19.654— que interpretando a su gusto la Constitución declaró que "el hecho de residir fuera del país no obsta al ejercicio de los derechos y obligaciones inherentes a la ciudadanía".

La misma ley, aprobada en agosto del año pasado, dispuso la creación de una comisión que analice las alternativas jurídicas para la instrumentación del voto de los uruguayos residentes en el exterior. Se le pidió a esa comisión integrada por representantes de todos los partidos políticos y organismos públicos que elabore un proyecto sobre el particular. Como era de esperar la oposición se negó a integrar la comisión a la que no se le reconocen competencias para sugerir modificación alguna de las normas constitucionales. Al respecto la oposición presentó en forma conjunta un recurso de inconstitucionalidad contra dicha ley, recurso que la Suprema Corte deberá admitir en función de sus contundentes fundamentos.

Para empezar, conviene recordar que para modificar las leyes electorales se requieren dos tercios de legisladores de cada cámara lo que impone contar con el aval de la oposición, lo que no ocurre en este caso. Por otra parte esta iniciativa del gobierno contradice nada menos que el primer artículo de la Constitución que establece que "la República Oriental del Uruguay es la asociación política de todos los habitantes comprendidos en su territorio". En suma, que quienes viven afuera del país quedan excluidos del registro electoral. El concepto básico es que la existencia de nuestro país se basa en un pacto o asociación "para los ciudadanos", tal como expresó hace casi dos siglos el constituyente José Ellauri.

La nueva arremetida frentista procura no sólo olvidar este primer y contundente artículo sino que se lanza sobre el artículo 77 de la Carta que exige dos tercios de los votos de ambas cámaras para cambiar las leyes electorales. Lo curioso del caso es que este artículo fue siempre aceptado de manera pacífica por los frentistas convencidos de que los dos tercios son indispensables. Tanto que en 2009 impulsaron un plebiscito para reformar la Constitución en este punto. Ahora terminan echando dudas sobre el asunto.

Vale recordar que aquel plebiscito, orquestado junto a la campaña electoral que llevó a José Mujica a la presidencia, recogió apenas el 37% de los votos, en lo que fue la peor derrota recibida por el Frente Amplio en materia de iniciativas que implican el ejercicio de la democracia directa. Encuestas recientes indican que la opinión mayoritaria de los uruguayos sigue opuesta a habilitar el voto de quienes optaron por radicarse fuera del país.

Concretado aquel plebiscito diez años atrás ni siquiera en el Frente Amplio se abrigaban esperanzas de que el tema resurgiera. El propio presidente Mujica, asediado por uruguayos residentes en Brasil, declaró durante una visita a Porto Alegre que el resultado del plebiscito debía aceptarse y que el tema debía darse por cerrado. "En el acierto o en el error los uruguayos" rechazaron la enmienda proyectada por lo cual esa decisión del soberano "debe ser respetada".

Empero, frentistas que se dicen convencidos de que en el exterior hay una cantera inagotable de sufragios a favor del FA, retornaron una y otra vez sobre el asunto. Se postuló así el voto epistolar en un primer momento, el que sería desechado por el plebiscito del 2009. Después se levantó la bandera del voto consular que tampoco obtuvo apoyo. Existió también una intervención reformista de la Institución Nacional de Derechos Humanos, por entonces recientemente creada, que resultó inexplicable para la mayoría de los observadores.

Vista la seguidilla de fracasos cabe preguntarse por qué el Frente Amplio insiste con esta reforma. Da la impresión que lo hace para dar por cumplidas las promesas efectuadas ante uruguayos radicados en el exterior. Lo intentamos otra vez, pero fallamos, parecen decir quienes en vísperas electorales sacan a relucir el tema no sea cosa que se los acuse de olvidar lo prometido.

Así, la izquierda gobernante aparenta ignorar que la gente ya se pronunció contra este tipo de iniciativas. Es que la mayoría de los uruguayos sigue pensando que no debe habilitarse el sufragio de quienes no viven en el país ni pagan aquí sus impuestos ni tampoco están expuestos a afrontar las consecuencias de su voto. Razón no les falta.

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