La alusión fue breve y formó parte de un discurso de 15 minutos presentado por el presidente de la República ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Cuba, siempre Cuba, y la referencia al “férreo bloque económico como el que sufre el pueblo cubano”. En todo caso, el pueblo cubano sufre más por vivir bajo una implacable dictadura que lleva ya 67 años en el poder. Sobre eso el presidente no dijo nada.
Más allá de la inoportuna referencia en un discurso dicho para que el mundo entero lo escuchara, lo que sigue generando preocupación es que esa brevísima pero inequívoca referencia tuvo apoyo entre la dirigencia y la militancia frentista, acá, en Uruguay.
Desde que retornó la democracia en 1985 a diferentes dirigentes de izquierda se les ha preguntado una y otra vez si consideran que lo de Cuba es una dictadura. Algunos han sostenido que no. Los más moderados caen en una retórica ambigua, confusa, donde si bien reconocen errores, piden que se entienda su contexto como una realidad propia, distinta a la nuestra. Y siempre, claro, está la excusa del “bloqueo” que no es bloqueo sino embargo, y que recién se tornó muy estricta en estos últimos meses a causa de un duro apriete resuelto por Trump. Apriete que puede explicar el endurecimiento de situaciones que vive la población ahora, pero no lo mucho sufrido durante los anteriores 67 años a causa de una dictadura dogmática, de estilo represivo y opresivo y de impresionante incompetencia.
Para buena parte de esa militancia y dirigencia frentista, en Cuba existe una democracia que es “distinta” por lo que hay que respetarla. Inventan así teorías asombrosas de porque una evidente tiranía termina siendo un tipo de democracia diferente. Eso en referencia a un régimen moldeado por un Fidel Castro que definía a las democracias liberales y republicanas como “pluriporquerías”.
Que en un país considerado una de las pocas democracias plenas del mundo, siga habiendo tanta gente que se niega a diferenciar una democracia auténtica de un despotismo totalitario, debería causar alarma.
Que esa gente sea parte del sector político que gobierna al país, debería aumentar aún más esa alarma.
Porque si bien por un lado dicen que debe respetarse en Cuba a su propia forma de democracia, pero aclaran que no la aplicarían acá, es válido preguntarse si de poder hacerlo, no harían lo posible para que acá, al final, rija ese tipo de “democracia” y no la nuestra, tan bien valorada en el mundo.
No hay que olvidar que hace medio siglo un grupo guerrillero se levantó en armas contra nuestra democracia para instalar un régimen como el cubano. Derrotado, muchos de sus dirigentes se volcaron a la política y uno de ellos llegó a ser presidente sin salirse de las normas institucionales vigentes, es verdad, pero nunca se arrepintieron de su actuación violenta, ni de la causa que defendían y peor aún, nunca se disculparon ante el pueblo uruguayo por haberlo llevado a ese abismo.
Habiendo en el mundo partidos de izquierda que sí creen en la democracia liberal y republicana parece mentira que el Frente Amplio que hoy nos gobierna, que lo ha hecho antes durante tres períodos consecutivos y que tiene representación parlamentaria desde que terminó la dictadura en 1985, no haya realizado un trabajo hacia adentro de su militancia para dejar claro lo que es un Estado de Derecho, que los derechos humanos se respetan siempre, cualquiera sea el signo del gobierno, y que la libertad es un valor irrenunciable.
Eso sería como pedirle peras al olmo. Cuando ese sector tiene en su seno un Partido Comunista que sigue siendo ortodoxo pese a que la caída del bloque soviético puso en evidencia su total fracaso. Hablamos de un Partido Comunista que tiene enorme presencia en el mundo sindical al punto que puede paralizar las principales actividades del país y convertir a la población en su rehén y dañar al gobierno del que supuestamente forma parte, tal como lo estamos viendo con el conflicto portuario.
Ante esa realidad, al presidente de la República le pareció apropiado hacer una mención a la dictadura cubana en un foro internacional, con el solo objetivo de dejar contentos a sus militantes. Ese discurso (o al menos esa parte de él) ante la Asamblea General de la ONU, no fue dicho por el presidente de todos los uruguayos, no nos representó a todos, sino tan solo a un grupo nada menor, de fanáticos que pese a toda la evidencia sigue defendiendo un régimen que oprime a su pueblo, lo hambrea, lo maltrata y lo acalla a la fuerza.