Ayer martes, a tres días de la llegada de León XIV, el Frente Amplio realizó un panel titulado “FA y cristianismo”. Su presidente, Fernando Pereira, evoca por estos días la tapa con que Carlos Quijano bautizó a la naciente coalición en 1971, “cristianos y marxistas”, y sostiene que la corriente cristiana “no fue secundaria” sino “una de las grandes corrientes que permitieron la unidad”. El secretario de Presidencia, Alejandro Sánchez, acompañará al Papa en la parroquia del Borro porque allí, según contó, están sus “orígenes de militante”. Y Pereira definió la última encíclica papal como “revolucionaria” y confesó que, “como cristiano”, le resultó “una bocanada de aire fresco”. A juzgar por la agenda de la semana, la izquierda uruguaya redescubrió de golpe su alma cristiana.
Concedamos lo que es cierto. La raíz es auténtica: el Partido Demócrata Cristiano de Juan Pablo Terra fue fundador del Frente Amplio, la teología de la liberación nutrió a buena parte de su militancia y varias biografías de sus dirigentes pasan por una parroquia. Tampoco está en discusión la fe personal de nadie, y sería de mal gusto discutirla. Lo que está en discusión es la conducta institucional de un partido que, cada vez que la Iglesia católica pidió un lugar en la vida pública, respondió con el laicismo más radical del país.
El prontuario es largo. En 1987, tras la visita de Juan Pablo II, el Frente Amplio se opuso a que la Cruz del Papa permaneciera en pie; quedó por los votos de blancos y colorados. En 2017, con mandato de bancada, sus ediles negaron en la Junta Departamental, por 17 votos contra 14, la instalación de una imagen de la Virgen María en la rambla del Buceo. “Hacer una iglesia al aire libre en un espacio que es patrimonio de todo el país no nos parece una solución inteligente”, explicó la edila Graciela Villar, que dos años después sería candidata a vicepresidenta. Hasta Mariano Arana acató la disciplina partidaria, y lo lamentó después en público: se había equivocado, debió votar a favor de una imagen que mide apenas dos metros y quedaría a treinta de la rambla. Su arrepentimiento es la mejor prueba de que el veto no protegía nada: era ensañamiento. Otro edil frenteamplista iría más lejos: una imagen religiosa en el espacio público “no es un derecho, es una aspiración inconstitucional”. Y hace apenas un año el propio Pereira calificó de “pecado imperdonable” que por un credo se quitara a otros la libertad de elegir cómo morir, y le reprochó al cardenal Daniel Sturla “hacer política desde la Iglesia”. Lo dijo, detalle exquisito, desde el estrado de un acto del Partido Comunista.
Hay además una asimetría reveladora: el Frente Amplio no tiene problema con la religión en el espacio público cuando la religión es otra. La estatua de Iemanjá fue aprobada por la Junta en 1994, durante la intendencia de Tabaré Vázquez, se levanta desde entonces junto a la playa Ramírez y cada 2 de febrero su fiesta gana las playas con auspicio de la comuna. La mae Susana Andrade, referente umbandista, ha ocupado una banca de diputada por el Frente Amplio. Todo eso está bien: en eso consiste la libertad religiosa. Lo incomprensible es el resto: la expresión espiritual más exótica se celebra, se exhibe y se promueve desde el Estado, pero una discreta imagen de la Virgen en un rincón de la rambla viola, al parecer, los principios más sagrados de la República. No es, pues, laicismo a secas. Es laicismo contra la Iglesia católica.
De ahí la regla general. Cuando el Papa cuestiona a las tecnológicas, es “revolucionario”. Cuando el cardenal opina sobre la eutanasia, está “haciendo política desde la Iglesia”. La Iglesia es bienvenida como aliada e intolerable como contrapeso; puede hablar siempre que diga lo que la izquierda quiere escuchar. Eso no es laicidad ni es cristianismo, dos tradiciones respetables. Es instrumentalismo. La brújula no apunta a un principio sino a la conveniencia del momento. Un partido que fue jacobino cuando la Iglesia le incomodaba la agenda y se vuelve devoto cuando el Papa llena el Centenario no tiene convicciones en esta materia: tiene oportunidades.
Si la conversión fuera sincera, habría una manera muy simple de demostrarlo. La imagen de la Virgen sigue esperando su lugar en la rambla del Buceo, y la mayoría de la Junta Departamental sigue siendo frenteamplista. Cuando León XIV se vaya el domingo, sabremos si la raíz cristiana redescubierta era una identidad recuperada o una credencial para la foto. La fe mueve montañas. Veremos si alcanza para mover una estatua.