Siguiendo a Brasil

Hoy Brasil elige presidente y, por una vez, conviene que los uruguayos sigamos el escrutinio con la atención de un clásico. No es una exageración, de lo que pase esta noche entre Lula y Flávio Bolsonaro depende buena parte del margen que tendrá Uruguay en los próximos años con el vecino que compra, vende, invierte y, sobre todo, manda en el Mercosur.

La elección llega abierta. En la primera vuelta del 4 de octubre Flávio Bolsonaro sacó 47% contra 45% de Lula, y las encuestas hablan de empate técnico. El propio Orsi admitió en Salto que la cosa “sigue parejo”, aunque él pensaba que no. Habrá que anotarlo junto a sus otros pronósticos, aunque es un nuevo comentario que podría haberse ahorrado ya que nada tiene hacer el presidente de la República en el mundo de los pronósticos electorales.

Uno esperaría que ante un resultado tan incierto el oficialismo uruguayo tuviera la elemental prudencia de quedarse callado. No fue así. El presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, declaró esta semana tener “enorme confianza en que Lula gane la elección” y agregó, por si quedaban dudas, que “no es el Frente Amplio que va a discutir con el partido liberal de Bolsonaro”.
Lo dijo el presidente del partido de gobierno, no una triste exministra de educación de sórdida memoria y peor presente. Y no fue el único, varias figuras del gobierno se sumaron a la hinchada con el entusiasmo de quien vota en Porto Alegre y no en Montevideo.

Acto seguido Pereira aseguró que Uruguay no quedará aislado porque las relaciones son entre Estados y no entre partidos. Tiene toda la razón, el problema es que es exactamente lo que él mismo acaba de olvidar. Si gana Bolsonaro, Orsi tendrá que sentarse a negociar con un gobierno contra el que su partido hizo campaña, y eso no se arregla con una foto sonriente en la próxima cumbre.

Es una muestra más de una política exterior inexplicable, que confunde la Cancillería con la secretaría de relaciones internacionales del Frente Amplio. Su única brújula ha sido alinearse con Brasilia. Lo que dice Itamaraty se acata, la flexibilización del Mercosur que Uruguay reclamó durante años quedó convenientemente archivada, y la apertura de mercados se redujo a declaraciones de buena voluntad. Una diplomacia genuflexa del vecino grande, que encima no consiguió nada a cambio.

Y acá aparece la ironía mayor. El principal logro comercial de los últimos treinta años con Brasil, el ingreso con arancel cero de lo que se exporta desde nuestras zonas francas, no se lo debemos a Lula. Se acordó en 2022, con Bolsonaro en el Planalto y Paulo Guedes en Economía, gracias a la buena voluntad de ese gobierno y a la gran gestión de Lacalle Pou, Arbeleche y Bustillo. Hasta entonces había solo permisos puntuales que había que renovar cada tanto, hoy de ese acuerdo dependen cuantiosas exportaciones. El gobierno que el FA pinta como una amenaza fue el que más hizo por nuestras exportaciones en mucho tiempo.

No es un detalle menor, el gobierno anterior entendió que con Brasil se negocia desde el interés nacional y no desde la afinidad ideológica, y por eso sacó ventajas concretas sin necesidad de alinearse con nadie. Al mismo tiempo pedía el ingreso al CPTPP y empujaba la flexibilización del bloque, sin pedirle permiso a Itamaraty. Hoy la lógica se invirtió, se comparte todo con Brasilia salvo los resultados.

Si hoy gana Lula, el oficialismo respirará aliviado y seguirá en piloto automático. Si gana Bolsonaro, la pregunta es otra, ¿cuál es la política exterior de este gobierno cuando no tiene a quién seguir? Nadie lo sabe, empezando por la propia Cancillería.

Un gobierno brasileño de ese signo podría reabrir la discusión sobre flexibilizar el Mercosur y bajar el arancel externo común, justo lo que Uruguay reclamó siempre. Sería una oportunidad enorme, siempre que del lado uruguayo haya alguien con ganas y capacidad de aprovecharla, y no un gobierno ocupado en explicar por qué su partido apostó al caballo perdedor.

Orsi dijo que Brasil es “casi un continente” y que Uruguay debe tener la mejor relación gane quien gane. En eso estamos de acuerdo. Lástima que su partido haya hecho todo lo posible por complicarla.

Habrá que esperar a esta noche. Lo que salga de las urnas brasileñas va a pesar en Uruguay mucho más que cualquier declaración de Pereira, y bastante más que cualquier idea de la Cancillería, que hasta ahora no ha mostrado ninguna. Gane quien gane, el lunes vamos a seguir sin política exterior propia, y de eso Brasil no tiene ninguna culpa.

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