Octubre de mitad de camino

Mañana se cumplirán dos años de la elección de primera vuelta de 2024. Y el miércoles estaremos a tres años de la elección general de 2029. ¿Qué aprendizajes electorales dejó 2024 y qué desafíos despuntan para 2029?

Vistos en perspectiva los resultados de la elección de 2024 fueron de algún modo extraños. En primer lugar, porque el Frente Amplio (FA) se benefició de manera tal con nuestro sistema de adjudicación de bancas que, si bien quedó a siete puntos de la mayoría absoluta de votantes, obtuvo la mayoría propia en senadores y quedó sólo a dos bancas de similar situación en Diputados. La sumatoria aritmética de los partidos que habían conformado en todos esos años el gobierno de la administración Lacalle Pou fue superior en casi 100.000 votos al respaldo que obtuvo el FA, pero comparativamente y en términos de reparto de bancas todos ellos terminaron radicalmente perjudicados.

En segundo lugar, hubo dos drásticos resultados de plebiscitos constitucionales por la negativa: tanto el de la reforma de la seguridad social como el de la habilitación de los allanamientos nocturnos, además con porcentajes muy similares. Sin embargo, dos años más tarde, el gobierno del FA está a punto de contradecir la voluntad popular, habilitando nuevamente las jubilaciones en general a partir de los 60 años, sin que eso genere mayores debates en torno a la legitimidad democrática de tal medida (sin contar, además, las graves consecuencias financieras para el futuro).

También, llama poderosamente la atención que haya dirigentes de los partidos tradicionales que, a pesar de semejante contundencia de resultados en relación con el plebiscito por la seguridad -que por cierto, se suma a una rotunda expresión popular que se había ya expresado en el mismo sentido en 2019-, hayan planteado en estas semanas nuevamente el asunto de los allanamientos, como si ellos fueran una imperiosa necesidad para resolver los problemas de inseguridad. El pueblo ya se manifestó dos veces. Y existen otros mecanismos para enfrentar ese gravísimo problema que afecta sobre todo al mundo metropolitano del país.

Los aprendizajes de 2024 fueron entonces bien claros. Por un lado, el FA puede ganar sin mayoría en ambas Cámaras y luego encontrar apoyos para lograrlas en favor de sus políticas: es un escenario novedoso pensando en 2029, ya que en sus tres triunfos previos (2004, 2009 y 2014) esto no había ocurrido. Por otro lado, es evidente que para los partidos llamados a conformar una coalición republicana en el gobierno, la forma de comparecencia electoral de octubre de 2024 no los benefició en lo más mínimo: es razonable suponer que estarán disconformes con haber sido mayoría en las urnas pero minoritarios en el Parlamento.

Aquí está la clave de lo que este octubre ya va delineando como expectativas ciudadanas para 2029. Del lado oficialista sus desafíos son enormes: encontrar un candidato presidencial que satisfaga a sus distintos sectores y dinamice su trabajo proselitista; mejorar su calidad de gobierno que está siendo tan mal evaluada hoy en día; y proponer a la ciudadanía un camino que no sea un conjunto de panfletarias ideas salidas directamente del mundo de los años sesenta. Tiene mucho tiempo por delante, sí; pero tampoco es tanto, si se piensa que en un par de años estas principales acciones debieran de estar ya encaminadas.

Del lado hoy opositor la tarea por delante no es menos importante. Está la decisión estratégica de cómo comparecer electoralmente: ¿todos bajo un mismo lema en octubre o con distintos lemas? No es algo que pueda resolverse hoy, ciertamente. Pero tampoco es algo que pueda demorarse más allá del segundo semestre de 2028. Y en el mismo sentido, más allá de lo electoral, debe presentarse a la ciudadanía una hoja de ruta programática de signo claramente distinto a lo que el gobierno actual está llevando adelante. ¿Cuán amplia debe ser? Pongamos el siguiente ejemplo concreto: alguien podrá decir que les será fácil ponerse de acuerdo en proponer cerrar la parte de portland de Ancap. Pero, ¿eso implica que se planteará también una reestructuración de los entes públicos con una gobernanza más moderna y profesionalizada?

Estando a medio camino entre la pasada y la próxima cita electoral es cierto que todos los partidos políticos precisan evolucionar para enfrentar el futuro. Pero también resulta clarísimo que se hace muy necesario una mayor audacia propositiva para 2029, si queremos realmente sacar al país del estancamiento en el que hoy está sumido.

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