La ex ministra María Julia Muñoz supo ser una de las máximas figuras del Frente Amplio. “Soldado” fiel del ex presidente Vázquez, Muñoz ocupó la Secretaría General de la intendencia de Montevideo, y los ministerios de Salud y de Educación. Razonablemente retirada hace años debido a obvios motivos de calendario, tuvo una fulgurante salida a los medios en los últimos días, que dice mucho sobre la interna del FA, y sobre el momento político del país.
De acuerdo a lo que ha sido siempre su estilo, al que siendo sutiles podríamos definir como más cerca de la salida del caño colector que de un evento del Club Británico del Lunch, Muñoz volvió a insistir con disparates como que un cajón enviado a Lacalle Pou traía drogas (único caso en la historia en que alguien importa drogas de Medio Oriente a América Latina), o que el empresario Cardama habría financiado la campaña del senador Javier García.
En una medida razonable, el senador García apeló a los tribunales para defender su honor, y a los 10 minutos la ex jerarca emitía una bastante lavada justificación, que no disculpa, por sus dislates.
Ahora bien, este episodio menor, muestra dos cosas muy importantes.
La primera, el mal momento que vive el Frente Amplio en materia de liderazgos. Parece insólito que para mover un poco el ambiente, y tratar de revivir a su militancia, el partido político más importante del país, que tiene16 senadores, 48 diputados, y 4 intendentes, deba apelar a abrir las catacumbas de un pasado tampoco demasiado glorioso.
Dudamos que el presidente Orsi o algún alto jerarca haya solicitado a Muñoz salir al escenario con este tipo de declaraciones, pero si alguien con la experiencia política de la ex jerarca siente que debe salir a remover el avispero, es porque se da cuenta que el clima entre sus correligionarios no está muy aguerrido.
Más allá del contenido en sí de las absurdas palabras de Muñoz, queda claro que lo que se busca es aciatear a una militancia que ha bajado un poco los brazos, y a la que las arengas de Fernando Pereira, no parecen alcanzar para mover la sangre.
Pero hay otra cosa que resulta interesante de esta reaparición fugaz (eso cabe esperar) de la doctora Muñoz. Y es que nos recuerda lo que fue siempre el más puro tono de la dirigencia frenteamplista durante toda la trayectoria política de ese partido.
Un tono barriobajero, insultante, caracterizado por una permanente andanada de acusaciones sin ningún sustento. Y de un postureo de superioridad moral que no tiene ningún vínculo con la realidad. Vale recordar, por dar un mínimo ejemplo, que un protegido directo de quien ahora hace este tipo de denuncias, fue el protagonista del primer gran escándalo de corrupción de la era frenteamplista en el poder, en el famoso caso de los casinos municipales.
Y es bueno recordar esto en momentos en que parece que todos los días sale algún dirigente de ese mismo partido, el partido de las María Julia Muñoz, de los Reinaldo Gargano, de las Marina Arismendi, a quejarse por el tono del debate político que impulsaría hoy la oposición. Y a lagrimear amargamente porque figuras como los senadores Graciela Bianchi o Sebastián da Silva, tienen declaraciones agresivas o destempladas.
Este aroma a primera década del siglo que nos vuelve de la mano de Muñoz ayuda a recordar, en especial a los que tienen problemas de memoria, como se las gastaban las principales figuras del Frente Amplio en su época dorada política.
Y deja en evidencia el nivel de hipocresía que manejan muchos de sus dirigentes actuales, cuando posan de hipersensibildad moral, y declaman exigiendo un retorno a formas de debate público que fueron sus propios líderes de toda la vida, quienes tiraron a la basura. O sea, cuando el arco no frentista toma el guante, y responde con la misma moneda, parece que se viene el mundo abajo.
Algo que habría que recordarle en forma explícita a la senadora Blanca Rodríguez, que se quiebra semana por medio reclamando penalizar a quien dice cosas que no le gustan, pero parece haberse olvidado el tono que empuñaba su partido hace no tanto tiempo. Y que debería recordar ya que ella se encargaba de relatarlo a la sociedad, desde su impoluto rol de “anchor” del principal informativo de la televisión nacional.
Es por todo esto que resulta importante hablar sobre esta salida de la ex ministra Muñoz, más allá de que nadie extrañara demasiado su presencia en la vida pública nacional. Y que cabe desearle un rápido regreso a lo que ella misma ha definido como su apacible vida de jubilada de la política.