Libertad y Argentina

Esta semana tuvo lugar en Argentina un evento muy particular. Como muestra de interés que ha despertado el proceso que encabeza el presidente Javier Milei en el mundo, se produjo en Buenos Aires una especie de cumbre liberal continental, con la presencia de intelectuales, políticos y académicos de primera línea.

Entre los disertantes estuvieron economistas como el premio Nobel James Heckman, académicos como Alberto Benegas Lynch o Axel Kaiser, empresarios como Tim Reynolds Iván Arriagada o Mariano Mayer, y figuras de la política como el venezolano Pedro Urruchurtu o Juan José Daboub. Esto más allá de los anfitriones como el canciller argentino Pablo Quirno, el ministro de Economía Luis Caputo, el de Desregulación Federico Sturzenegger, y el cierre con nada menos que el presidente Javier Milei.

La primera percepción que dejó esta especie de cumbre liberal en Buenos Aires, organizada por la Fundación Libertad y Progreso, el Archbridge Institute y la fundación Reason, es que el mundo mira con bastante más optimismo lo que sucede en Argentina, que muchos argentinos. Incluso resulta llamativo el contraste entre los números que se presentan, y las impresiones que dejan los contactos personales, con lo que se lee en la prensa argentina desde Uruguay.

En particular fue muy comentada la presentación del ministro Sturzenegger, que narró con detalle el proceso de desregulación y liberación de las fuerzas económicas que viene llevando adelante desde su cargo. Es impactante percibir cómo pequeñas regulaciones a las que nadie prestaba atención pudieron llevar a que Argentina casi no tuviera exportaciones mineras, mientras que el vecino Chile, que comparte prácticamente la misma geografía, exporta casi 70 mil millones de dólares por año. O que la ausencia de protección a la propiedad intelectual lleven a que el mismo cultivo de algodón, en Paraguay, produzca rindes exactamente el doble de lo que produce en Argentina. Esto porque las semillas con tecnología de avanzada, no se venden en Argentina.

Un tema central del encuentro fue el momento político que vive la región, a partir sobre todo del cambio de rumbo ideológico de muchos países, alineándose con la estrategia actual de la principal potencia global, Estados Unidos. Si bien en un encuentro liberal no faltaron las críticas al presidente Donald Trump por su disparatada política de aranceles y de disrupción del comicio libre, quedó claro que la región vive un momento como no se veía hace años. La pugna de EE.UU. con China, el proceso de “nearshoring” que, y la riqueza regional en materias primas clave para Washington, abren oportunidades doradas, si los países de la región dejan de lado ciertos resentimientos atávicos, y se lanzan en un proyecto de desarrollo conjunto.

En ese sentido estuvo muy presente el proceso político que está ocurriendo en Brasil por estas horas, donde el presidente Lula da Silva busca un cuarto período de gobierno. Lula es la personificación de ese odio absurdo a Estados Unidos y al libre comercio, que tanto daño y tantas oportunidades ha hecho perder a nuestra región. En ese sentido, en medio del evento estalló la noticia del nuevo escándalo que golpea al Tribunal Supremo de Justicia de Brasil, que ha sido en general un aliado cercano del gobierno del PT.

En una campaña que se muestra muy pareja, eventos como este pueden tener un efecto determinante en una elección que tendrá impacto político mayúsculo en todo el continente americano.

Pero volviendo a Argentina, resulta impactante escuchar de primera mano tanto los desafíos que enfrentó este gobierno desde que asumió, con un panorama económico y social tétrico y al borde del estallido. Y la manera en que pese a todos los obs- táculos viene generando un cambio que, si logra superar el campo minado de los intereses corporativos generados en décadas de clientelismo y estatismo rampante, puede significar el despegue de una verdadera potencia continental.

Claro que no todo son rosas. Es claro que Argentina no ha despegado, que las heridas sociales de décadas de decadencia siguen generando dolores, y que el estilo del presidente Milei es muchas veces su peor enemigo. Como decía el director de uno de los principales bancos del país, “nadie duda que el camino es este, el problema es que la conducción no ayuda a consolidarlo”.

Pero para quienes lo ven de fuera, resulta un proceso impactante de cómo liberar las fuerzas de la economía y de la libertad individual pueden ayudar a cambiar a un país.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar