La victoria de Lula

El resultado de las elecciones del pasado domingo en Brasil, debería entrar en los manuales electorales de todo el mundo. Resulta casi imposible explicar cómo el actual presidente, tras perder por dos puntos en la primera vuelta, logra revertir ese resultado y ganar por amplio margen, apenas tres semanas después.

Vivimos en una era ciclotímica, donde las sociedades parecen tomar decisiones basadas en impulsos de furia momentáneos. Pero incluso aceptando este fenómeno, resulta incomprensible que la misma sociedad que hace tres semanas votó al Congreso más a la derecha probablemente de toda la historia de Brasil, ahora vote a un Lula que se viene recostando cada vez más en sus sectores más ideológicos y radicales.

Esta bipolaridad no será gratis para la sociedad brasileña. Si ese país ya enfrenta desafíos monumentales, como un déficit fiscal desbocado, una deuda pública que se acerca al 90% de su PIB, y una economía paralizada y con escasas conexiones con el mundo (salvo con China), sólo cabe imaginar cómo va a ser para funcionar ahora. ¿Lula va a hacer un ajuste fiscal? ¿Va a desdecirse de las promesas irresponsables que lanzó, desesperado, en la recta final de la campaña? ¿Va a negociar con la oposición una reforma del corrupto sistema judicial que él mismo montó en sus 20 años manejando el país?

Todo parece muy difícil, pero ese es un problema de los brasileños. Lo que los uruguayos deberíamos estar pensando ahora, es cómo nos vamos a preparar para lo que viene tras este insólito resultado electoral en el país económicamente más relevante del continente.

Porque más allá del suspiro de alivio en la Torre Ejecutiva, donde su torpeza de alinearse con un político extranjero amenazaba ponernos en un lugar ingrato, y del festejo de la troupe de groupies de Lula que tenemos en nuestro propio Parlamento, hay cosas negativas y positivas que sucederán a corto y mediano plazo, a raíz del resultado del domingo.

Lo primero es que podemos olvidarnos de que el Mercosur vaya a tener algún cambio relevante a corto plazo. Lula y Milei no pueden acordar ni el menú de la cena de una cumbre del Mercosur, y al libertario le queda, como mínimo, otro año de gestión. Si no, otro período.

Además, Lula seguirá explotando políticamente su conflicto con Estados Unidos, y papeolenando con todos esos efluvios absurdos del sur global. Con lo cual, Uruguay deberá tener una política exterior fina y sutil como un bisturí, para no quedar del lado equivocado, cuando empiecen a volar los muebles, en un momento más que delicado para los equilibrios políticos globales. Algo para lo cual dos figuras como el presidente Orsi y el canciller Lubetkin, no nos dan demasiadas esperanzas.

Un tema particularmente delicado será el financiero. La debacle de las bolsas que vivió ayer Brasil, es una muestra expresiva de que los mercados no tienen mucha fe al futuro cercano del país vecino. Y la devaluación que sufrió ayer el real, puede ser apenas el primer signo de un proceso que puede tener efectos dramáticos para nuestras exportaciones, y para el sector turístico. Hay que recordar que la devaluación suele ser la vía de escape más rápida y habitual, para cualquier gobernante populista latinoamericano. Y Lula ha demostrado ser la más perfecta representación de ese personaje histórico regional.

Pero no todo es malo. La victoria de Lula nos abre también algunas posibilidades, en particular en la industria financiera. Si en los últimos meses ya se percibía en Uruguay un movimiento importante de inversores brasileños trayendo su dinero al país, e invirtiendo en campos, inmuebles, y fondos, este resultado electoral seguramente potenciará fuertemente ese proceso.

Sería importante que el gobierno uruguayo, de manera discreta, facilitara los carriles para que todo ese dinero que saldrá de Brasil, ante la inminencia de un mazazo tributario, pueda llegar a Uruguay.

Pero hay otra lección que deja este insólito resultado electoral, y de la cual en particular la oposición uruguaya debería tomar nota. Y es que no se puede confiar en encuestas, ni en vaticinios adelantados. Las sociedades hoy viven de forma completamente irracional los procesos electorales, y son capaces de cambiar de opinión en apenas semanas. En particular cuando son seducidas con promesas irresponsables de ventajas inmediatas. Para quienes crean que este gobierno ya es historia, y que solo hay que esperar para lograr un cambio en Uruguay, es tiempo de despabilarse y ponerse a trabajar de forma muy seria y metódica. En estos tiempos, todo cambia de forma insospechadamente rápida.

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