El esfuerzo está pagando

El episodio de la pelea entre Carolina Cosse y Yamandú Orsi, por ese acto político financiado por el contribuyente capitalino para celebrar a Lula, opacó de alguna forma la cuestión de fondo. Cuestión que, además, vienen consolidando las noticias posteriores. Hablamos del éxito de la estrategia agresiva de apertura comercial a la que ha apostado de manera muy decidida el gobierno actual.

El primer detalle confirmatorio, sorpresivamente confirmatorio podría decir alguien, fue la propia visita de Lula, tras la invitación cursada por el presidente Lacalle Pou durante su reciente visita a Brasilia. Pero todavía más fuerte fueron las expresiones usadas por Lula durante su visita, afirmando que el gobierno uruguayo tiene todo el derecho a buscar una mayor apertura comercial, habilitando de hecho las negociaciones de Uruguay con China, y prometiendo impulsar de forma decidida el TLC con la Unión Europea.

Algo que se ha confirmado en las últimas horas, con esta gira relámpago del canciller alemán Olaf Scholz, y declaraciones de altos jerarcas de la UE sobre que la firma definitiva de este acuerdo podría concretarse ya, ahora, en el mes de julio.

Un paréntesis. ¡Qué difícil que son de entender los vericuetos de la política exterior europea! Resulta que primero estaba todo pronto para firmar hace como cuatro años. Después todo fue al freezer, supuestamente debido a las políticas ambientales de Jair Bolsonaro en Brasil. Y ahora, ya sea por las necesidades que dejó en evidencia la guerra en Ucrania, o por el cambio de gobierno brasileño, de golpe, parece que está todo perfecto.

Pero el asunto es que esa negociación parece ir por buen camino. Y, si Brasil no sólo no se opone a nuestra negociación con China, sino que ellos mismos también van a negociar con el gigante asiático por su lado para ver qué tipo de concesiones pueden lograr para todo el Mercosur, la ecuación no podría ser más beneficiosa para Uruguay. A fin de cuentas, la intención de nuestro país no es romper el Mercosur porque sí, todo lo contrario. Pero es obvio que el bloque lleva décadas estancado en materia de apertura comercial con otros bloques y países, ha apostado a un proteccionismo nefasto para nuestros intereses (en verdad para los de todos), y así no se puede seguir.

Este virulento cambio de viento en pocas horas, tiene dos claros “perdedores”, por ponerlo de alguna forma.

El primero es el actual gobierno argentino. El presidente Alberto Fernández, o más bien el pensamiento del cerno kirchnerista que manda en Argentina, ve la apertura comercial como un anatema. Siguen aferrados a una idea caduca de que la receta para el desarrollo es una especie de sustitución de importaciones absurda, y un proteccionismo que entregue como botín el mercado interno de su país a un par de empresas prebendarias del estado, para que pesquen en una pecera. Nunca han querido ningún tipo de apertura hacia el mundo, más bien todo lo contrario. Y su furibundo rechazo a los intentos de Uruguay contaba con un regreso de Lula para “poner las cosas en orden” en el Mercosur, y meter en valija a este “hermano menor” revoltoso.

Pero el aire que parece haber impuesto esta nueva versión de Lula como presidente de Brasil, está empujando exactamente hacia el otro lado. ¿Qué va a decir Argentina si Lula concreta el acuerdo con la Unión Europea? ¿Se van a oponer? Lo mismo si el gobierno brasileño trae una oferta superadora para un acuerdo con China. ¿Se va a quedar afuera Argentina? ¿Lo va a vetar como lo viene haciendo con Uruguay?

Es bueno recordar que hay otros acuerdos planteados al Mercosur, como un TLC con Corea del Sur, que duerme el sueño de los justos, porque a Argentina tampoco le interesó nunca.

Pero hay un segundo “perdedor”, y es el Frente Amplio. Ese partido opositor venía jugando la carta escéptica respecto a cualquier apertura comercial del país, y contaba de alguna manera con que el regreso de Lula le diera la razón, y que su visita fuera una especie de cachetada sonora y pública, respecto a las ambiciones externas del presidente Lacalle Pou. Por un lado, porque hay un sector muy importante en su interna que piensa muy parecido al kirchnerismo troglodita. Por otro, porque su rencor al actual gobierno lleva a que no les importe si al país le va mal o bien, con tal de verlo perjudicado. Pues la cosa no parece estar yendo en su dirección.

Por el contrario, los hechos de los últimos días, confirman lo positivo del esfuerzo del presidente y su canciller Francisco Bustillo, a la hora de plantear en voz alta y firme, en todos los foros posibles, que la urgencia y voluntad de Uruguay es abrirse al mundo. Si es posible, junto con el Mercosur, bloque del que somos fundadores y espiritualmente parte central. Pero sino, tendremos que hacerlo por las nuestras.

El viento, por estas horas, parece ir en nuestra dirección. Para bien del gobierno, pero sobre todo, para bien del país.

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