Dice la famosa canción “Los Olímpicos” de Jaime Roos, escrita en 1979, “uruguayos, uruguayos, dónde fueron a parar, por los barrios más remotos de Colombes o Amsterdam”. Ese fenómeno de la emigración internacional, que está tan presente entre nosotros desde hace tantas décadas, puede ser conocida a partir de datos censales de otros países. Para el caso de España los datos arrojan que para 2024 eran cerca de 90.000 los uruguayos que allí residían.
Por sus lugares de residencia es evidente que hay vínculos familiares y económicos que son privilegiados a la hora de instalarse dentro de la madre patria. La mayor cantidad reside en la comunidad autónoma de Cataluña, con cerca de 25.000 personas en total, de las cuales unas 18.000 viven en Barcelona. Allí es donde más uruguayos residen en toda España, y la cifra se ha mantenido bastante estable en los últimos cuatro años. La comunidad valenciana, también muy dinámica económicamente, es la segunda que ha recibido más uruguayos, con más de 15.000 en total, y la tercera es Galicia, con unos 11.000 uruguayos, y con quien nos une claro está enormes lazos familiares e históricos.
Más allá de esos datos concretos importan tres dimensiones claves de esta emigración. En primer lugar, el censo de población muestra a los que nacen en otro países, por lo que no es tan claro cuántos de esos uruguayos a su vez han tenido familia y por lo tanto cuál es el peso de las nuevas generaciones de tipo binacional en España. En definitiva, son unos 90.000 uruguayos sí los instalados en España, pero seguramente sean unos cuantos miles más si se cuentan a sus familias y a sus descendientes allí nacidos.
En segundo lugar, hay que dejar claro la importancia relativa de esos 90.000 uruguayos en el total de población que reside en Uruguay. Para comparar, por ejemplo, ellos son más numerosos en total que la cantidad de población individualmente tomada que arrojó nuestro censo de 2023 correspondiente a los departamentos de Soriano (83.685), Rocha (80.707), Artigas (77.487), Florida (70.325), Durazno (62.011), Lavalleja (59.175), Río Negro (57.334), Treinta y Tres (47.706) y Flores (26.271).
Evidentemente en estos años para muchos uruguayos ha habido facilidades para poder instalarse en España. Eso estimula esa emigración que, comparada a la luz de la población de nueve de nuestros departamentos, resulta relativamente tan importante. Sin embargo, una decisión de vida como la elección del lugar de residencia no está solamente definida por un asunto de evolución del ciclo económico. Ella hace en realidad mucho más a las expectativas generales de crecimiento y realización personal y familiar y de futuros posibles.
En tercer lugar, los datos muestran un crecimiento sostenido en el tiempo de la emigración uruguaya hacia España. En efecto, en 2002 había 25.993 uruguayos en total, y esa cifra pasó a 83.381 veinte años más tarde, con crecimientos constantes en todo el período. Esto quiere decir, en buen romance, que no fue solamente la crisis de 2002 y sus inmediatas consecuencias las que generaron un flujo de emigración hacia España, sino que años más tarde, incluso cuando Uruguay vivió un ciclo de crecimiento bastante destacado en su historia económica, los uruguayos siguieron emigrando hacia allí.
Y aquí viene lo que nadie dice entre los que estudian en la academia estos asuntos pero que es evidente cuando se presentan estos datos: todo el discurso de que con la izquierda en el poder, entre 2005 y 2020, los uruguayos cortaron ciclos históricos de emigración y volvieron a la patria es un completo mito. No se verifica para nada, por ejemplo, en los datos de uruguayos residentes en España. Los uruguayos siguieron emigrando y fueron más numerosos que los que volvieron al país, y sobre todo se fueron compatriotas ambiciosos, en edad de trabajar y con mucha voluntad de salir adelante.
Para asumir nuestra situación demográfica tenemos que dejar de mentirnos al mirarnos al espejo. No somos un país atractivo para la llegada de inmigración masiva de calidad internacional: hay otros destinos mucho más interesantes que el nuestro, como la propia Argentina o incluso Chile. Y tampoco es verdad que hayamos sido capaces en estos lustros de disminuir la emigración internacional de nuestra gente. Eso es algo que muestra, por ejemplo, los datos censales de España.
En realidad, lo que narra la canción “Los Olímpicos” sigue siendo cierto para los uruguayos que deciden emigrar. Y es una tragedia, porque esa canción fue escrita hace casi medio siglo ya.