De acuerdo con la evolución de las encuestas para las presidenciales de mañana en Brasil, las incógnitas para definir son pocas pero importantes. Pero lo sustancial de la política exterior de nuestro vecino se jugará el próximo 25 de octubre, en un resultado de balotaje que será clave para toda la región.
Si nos atenemos al marco general que adelantan las encuestas, las variables que aún quedan por ser resueltas para la primera vuelta parecen ser pocas. En primer lugar, si efectivamente el actual presidente Lula llega primero en la intención de voto y cuán lejos estará de la barrera del 50% de apoyo. Si Lula no llegase a ser el preferido mañana, la sorpresa sería mayúscula, porque entonces querrá decir que la dinámica de crecimiento electoral de su rival Bolsonaro habrá sido tan grande que lo habrá sobrepasado en estos últimos días. Además, partirá con muchas chances en su favor para el balotaje de fin de mes.
En segundo lugar, mañana se decidirá cuál es la diferencia entre el primero y el segundo candidato predilecto para los brasileros, y consecuentemente también qué diferencia hay entre esos dos grandes candidatos y los demás. En efecto, la clave aquí es saber hasta qué punto habrá ya desde la primera vuelta una fuerte concentración de votos en la dupla Bolsonaro-Lula, y una polarización por lo tanto muy marcada. O si, por el contrario, entre los demás candidatos presidenciales pudieren llegar a sumar, por ejemplo, en el eje del 15-18% de votos totales, de manera de abrir el juego a alianzas necesarias, o al menos bienvenidas, con quienes hayan llegado en tercer y cuarto lugar tanto para Lula como para Bolsonaro.
¿Tendrán que abrirse a estrategias de alianzas y aperturas o, por concitar la sumatoria de más del 90% entre los dos, la clave del triunfo en el balotaje estará dada en la ratificación del rumbo izquierdista en el caso de Lula o de la renovación de derecha en el caso del hijo del ex-presidente Bolsonaro?
Todo esto suena para nosotros muy alejado. Sin embargo, los resultados de mañana en Brasil nos son claves por al menos dos dimensiones internacionales sustantivas. En primer lugar, es evidente que un giro de Brasil en un sentido derechista, es decir un triunfo de Bolsonaro, terminaría de dar una señal regional contundente en contra de la izquierda del continente.
En efecto, si ocurriere ese triunfo prácticamente no habría ningún país relevante en Sudamérica, sacando el caso bastante atípico de la actual Venezuela, que tuviera gobiernos de signos de izquierda. Esto tendría como consecuencia directa, por ejemplo, un alineamiento internacional de las principales potencias del continente en un sentido favorable a lo que desde Estados Unidos se ha llamado la doctrina Donroe, es decir una mayor cooperación con Washington y un eje hemisférico en el cual la implicación de China comunista perdería el gran protagonismo que ha tenido en estos lustros.
En segundo lugar, es claro que un triunfo de Lula sería todo lo contrario en materia regional a lo antes descrito con Bolsonaro. Estará así confirmado todo el alineamiento internacional del actual Brasil en favor de las potencias conformadas en el BRICS, en donde tanto China como Rusia ocupan lugares geopolíticos destacados, y por los próximos cuatro años.
El papel hegemónico estadounidense para todo el hemisferio mantendría así un contrapeso de fuste en Brasilia, a la vez que el Mercosur seguiría exhibiendo esa tensión que manifiesta, ya desde hace un par de años, con los distintos rumbos que han tomado Brasil y Argentina en sus prioridades internacionales.
Así las cosas, la cita de mañana será un primer acto de algo que terminará de definirse a fin de mes y que marcará a toda la región. Infelizmente, el alineamiento radical que ha mostrado el Frente Amplio en favor de la candidatura de Lula de ninguna forma conjuga la prudencia necesaria que se precisa para conducir nuestra política exterior.
Al contrario, ese alineamiento ha condicionado fuertemente al gobierno de Orsi que, por cierto, en estos años ha sido extremadamente seguidista de la política de Brasilia y de su alineamiento internacional tan particular.
Un triunfo de Bolsonaro dejaría a Montevideo extremadamente aislado en la región. Si así ocurriese, estaría también dejando en evidencia la enorme torpeza de nuestra cancillería. En estos meses, ella se ha guiado por enormes condicionamientos ideológicos izquierdistas, como fue por ejemplo el reciente discurso pro-dictadura cubana de Orsi en la ONU. Mañana, Brasil empieza a decidir.