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Violencia en el fútbol

Lucas A. Fraga | Montevideo
@|La violencia no para en el fútbol. Es reflejo de la sociedad; pero el fútbol, por las pasiones que despierta, es la cara más visible de esa violencia.

Es donde se hace más notorio el deterioro en la educación a nivel general. Es ejemplo explícito de la violación a las más elementales normas de convivencia.

Por otra parte, si personas públicas que ocupan cargos de responsabilidad se muestran afines a cánticos que son producto de esas mentes febriles donde se alardea el homicidio, revela que estamos cada vez peor.

Extraña todavía más esa actitud en gente que tiene unos cuantos campeonatos encima y vaya si han tenido oportunidad de corear canciones partidarias que son ejemplos tanto en su musicalidad como en sus letras, donde no se usaban exabruptos para transmitir la más pura emoción.

Es más, en himnos patrios que en su mayoría se refieren a batallas donde se han perdido vidas locales, no figuran loas a la muerte del enemigo. Salvo, claro está, en regímenes fundamentalistas. Hoy estamos dominados por estos fundamentalistas criollos que con gran orgullo ven que el ciudadano aparentemente “común” corea sus letras rojas.

Hay una máxima que repite la mayoría de los comentaristas de fútbol que no se ajusta a la realidad: “Que lástima que por unos pocos se vea afectado el más popular de los deportes”. “Los violentos son una minoría”.

No son unos pocos, son unos muchos. Son tantos que han convertido el fútbol en un programa televisivo. Un programa malo, porque sumado a la mediocridad del fútbol vernáculo, nos muestra a un público que ha decantado en la violencia.

Es loable la actuación de determinados fiscales, lástima que las penas impuestas no se vean reflejadas en esas actitudes.

Tal como ocurre con las multas de tránsito, las penas deben ser tales que desalienten la infracción. Por ejemplo, las tareas municipales como por ejemplo las de barrer una placita o cortar el césped en un cantero con el celular en la mano, que se transformen en dar vuelta la tierra, colaborar en tareas de sembrado, salir al amanecer a limpiar porquerizas, a trabajar como peones en tareas de ayuda a la construcción. Algo hay que innovar, aunque ya estemos en el horno.

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