María Guillermina Coolighan | Montevideo
@|“Cómo me voy a olvidar, cuando matamos a una gallina”.
Lo terrible es que esa gallina era un ser humano, el Sr. Hernán Fiorito.
Aún no puedo creer que una persona de la categoría humana, cultural, empresarial como considero al Sr. Salgado, haya sido capaz de festejar el triunfo de su cuadro sumándose al canto vengativo y provocador, violento, de una hinchada que desconoce o minimiza el dolor de la familia de su víctima.
Pero tal vez aún peor que ello haya sido la nota remitida a la prensa en la cual el Sr. Salgado afirma ser un hombre de familia y que defiende a ultranza la “no violencia en el deporte” y, supongo, por extensión, en cualquier ámbito del que se trate.
Imagino que este empresario, como tantos, tienen equipos de asesores de comunicación, abogados, etc. que los guían en los pasos a seguir en estos casos y en tantos otros a los que se ven enfrentados quienes están en la vida pública.
Le sugiero al Sr. Salgado que los eche a todos, si hubo consulta al respecto. No puedo creer que dicho remitido no incluyera por sobre toda otra consideración, un pedido de disculpas, un verdadero acto de contrición.
Equivocarnos, nos podemos equivocar todos en la vida, me incluyo en las generales de la ley. Pero ante un error, seguramente cometido en el fragor de un festejo desenfrenado, el tema hubiera debido ser una solicitada bien remarcada en la prensa oral y escrita, dando cuenta de un dolor y una vergüenza que, seguramente, habría minimizado la gravedad de su acción.
Hace unos días, comenté en una carta a los lectores, a propósito de un editorial del Dr. Guzmán, el dolor que sentimos quienes amamos el fútbol o el deporte del que se trate, ante la violencia extendida que prácticamente nos impide concurrir a los espectáculos; eso y nada más deberían ser, ante el miedo a las reacciones desmedidas de quienes asisten.
Hoy lamentablemente mi carta tiene nombre y apellido y se hizo carne en alguien que debería ser ejemplo verdadero, no solamente en el discurso “por tus acciones te conocerán”.
El Sr. Fischer escribe un editorial sobre el tema al que titula “Sin vergüenza”, en la línea de lo acá expuesto.
Realmente creo que eso faltó en todo este desgraciado insuceso que involucra a alguien de la talla del ofensor: vergüenza. Ajena, sí la sentí…