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Sociedad “en caída”

Veterano respetuoso | Montevideo
@|Lamentablemente, cada vez resulta más notoria la violencia existente en la sociedad uruguaya, manifestada en diferentes ámbitos y, quizás lo más preocupante, cada vez más generalizada.

La encontramos en forma permanente en distintos barrios de nuestras ciudades, en los espectáculos deportivos, en el intercambio entre políticos, en los reclamos sindicales, en la conducción de vehículos por nuestras calles, en las discusiones cotidianas, en las redes sociales y, en múltiples circunstancias, en la falta de respeto por los derechos de los demás.

No me refiero solamente a las expresiones más graves de violencia, aquellas que ocupan diariamente los titulares de los medios de comunicación. Me preocupa también otra forma, menos visible pero igualmente significativa: la creciente dificultad para relacionarnos con los demás desde el respeto, la tolerancia y la consideración.

Parece haberse producido un importante deterioro de las pautas de convivencia que durante mucho tiempo consideramos naturales. Escuchar al otro aunque piense diferente, aceptar límites, respetar turnos, evitar la agresión verbal, cumplir determinadas normas de convivencia y reconocer que nuestros derechos terminan donde comienzan los de los demás parecen ser, en algunos casos, comportamientos que hemos ido relegando.

Son muchas, seguramente, las causas que pueden explicar esta realidad. No sería razonable atribuirla exclusivamente a una de ellas. Sin embargo, considero que la educación tiene una responsabilidad fundamental, no solamente en la transmisión de conocimientos, sino también en la formación de personas capaces de convivir, respetar y asumir responsabilidades frente a los demás.

Y cuando hablo de educación no me refiero únicamente a la que corresponde a las instituciones educativas. La familia, el ámbito social, los medios de comunicación, las autoridades, los referentes públicos y, en definitiva, cada uno de nosotros también educamos —con nuestras palabras, pero fundamentalmente con nuestros ejemplos— a quienes nos rodean.

Por eso sería indispensable promover acciones educativas, culturales y de concientización que contribuyan a recuperar una verdadera cultura de convivencia y respeto. No se trata de añorar simplemente un pasado que probablemente tampoco haya sido perfecto, sino de preguntarnos qué valores y comportamientos hemos ido perdiendo y cuáles deberíamos recuperar.

Una sociedad puede tener grandes avances materiales y tecnológicos y, sin embargo, deteriorarse profundamente si sus integrantes pierden la capacidad de respetarse y convivir.

Quizás sea tiempo de preguntarnos, cada uno desde el lugar que ocupa, qué podemos hacer para que el respeto por el otro vuelva a ser una conducta cotidiana y no simplemente un valor que todos decimos defender.

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