Nicolás Etcheverry Estrázulas | Montevideo
@|Entre fines de setiembre y los primeros días de octubre se celebró en Berlín un nuevo Congreso Mundial de Derecho Comparado. Es un Congreso que organiza cada cuatro años la Academia Internacional de Derecho Comparado, fundada hace más de cien años, y cuya sede se encuentra en París. En Berlín se abordaron durante cinco días temas de muy diversa índole que incluyeron aspectos tan variados como el derecho migratorio, de familia, sucesorio, comercial, contractual, ambiental, civil o penal, así como el nuevo abordaje y enfoque que supone la irrupción de la inteligencia artificial en cualquiera de esas áreas. Participaron unas 560 personas en sesiones de trabajo, con informes nacionales y generales brindados durante 29 sesiones de 90 minutos cada una en la Universidad de Humboldt.
Una de las sesiones que tuve el honor de moderar fue la relacionada con el tema de la transición energética, comparando las políticas legislativas y sus desarrollos en países tan diversos como Brasil, Polonia, Eslovenia, España, Portugal, Taiwan, Australia, Checoslovaquia, Japón, Paraguay y Uruguay. El informe uruguayo fue aportado gracias a la colaboración que brindaron los Dres. Marcelo Cousillas, Santiago Inchausti y Eliana Pessano.
La posibilidad de informar y moderar el panel de transición energética me permitió realizar algunas reflexiones que ahora comparto:
A) ¿Por qué es tan difícil encontrar una definición generalizada y estandarizada del término “transición energética” en los diversos informes, legislaciones y políticas de los diversos países antes mencionados?
B) ¿El cambio climático es una mera nueva forma de expresión, una creencia que en algunos casos se ha adoptado como nueva religión o ideología, o es una realidad que puede ser comprobada y confirmada con hechos y datos?
C) ¿Cómo definir y armonizar lo que se expresa como “transición justa” o “gobernanza climática justa y equitativa” cuando estamos relacionando diferentes culturas, costumbres y legislaciones, en un mundo cada vez más global e interdependiente?
Más allá de que no hay espacio para responder ahora esas cuestiones, me permito compartir lo que sí pude expresar al finalizar la sesión:
Los avances y logros de Uruguay en materia de transición energética durante los últimos 25 años han sido, a mi entender, la consecuencia de dos factores principales:
1) Políticas de Estado de largo alcance enraizadas en la convicción de que los gobiernos a corto plazo tienen pocas y débiles posibilidades de desarrollar, estimular y plasmar las leyes, normas, costumbres y actitudes necesarias para una efectiva y eficaz transición energética.
2) Señales, mensajes y desafíos que la naturaleza le ha estado enviando a nuestra población (como también a todo el mundo) como ser, sequías, inundaciones, tornados, dos o tres climas diferentes en un mismo día, etc.
Estas señales, entre muchas otras, han sido ejemplos contundentes de la vigencia y relevancia de la famosa frase “Dios perdona siempre, el hombre a veces, la naturaleza nunca…”.
En resumen, los desarrollos y mejoras de Uruguay en materia energética fueron el resultado de una planificación inteligente y prudente, pero también consecuencia de las reacciones y medidas que se han tenido que adoptar por imprevistas emergencias. A vía de ejemplo, las restricciones de consumo de luz por falta de agua en las represas, o la falta incluso de agua potable durante una sequía.
Conclusión: ¿Cuál - en mi opinión – debería ser la transición más importante que deberíamos buscar y alcanzar? Comprender y reaccionar rápidamente para aceptar que a la naturaleza hay que respetarla y cuidarla. Por naturaleza no me refiero solamente a la externa, la que tiene que ver con los árboles, plantas, aguas, animales, vientos o fuegos, sino también y principalmente, a nuestra propia naturaleza interna. Nuestra naturaleza humana, esa que nos dignifica, debe ser cuidada y respetada tanto como la exterior. Ello requiere compromisos éticos de enorme responsabilidad que implican prudencia, resiliencia, sobriedad, creatividad, así como justicia, solidaridad y fraternidad reales, no huecas y vacías.
A fin de cuentas, salvo excepciones, todos tenemos algo que nos une y fraterniza en nuestra humana naturaleza; nuestros llantos, risas, amores, esperanzas, oraciones, miedos, temores e ilusiones. Si no logramos esa nueva transición y no respetamos y cuidamos nuestra naturaleza humana, si no nos humanizamos cada vez un poco más y nos hermanamos, entonces más tarde o temprano la naturaleza exterior tendrá la última palabra. Y no perdonará.
Respetar la (s) naturaleza (s)
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