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Mientras el país se hunde...

Roberto Alfonso Azcona | Montevideo
@| Crean consejos y burocracia para el “lenguaje claro”.
Existe una desconexión brutal, indignante y francamente intolerable entre la agenda del Palacio Legislativo y el calvario diario que vive la ciudadanía de a pie; en momentos donde el país atraviesa urgencias dramáticas, el Parlamento se frena a discutir el proyecto de ley impulsado por la senadora Blanca Rodríguez para promover el “lenguaje claro” en el Estado.
¿Cómo pretenden aplicarlo?
Nada menos que creando un nuevo Consejo Asesor integrado por representantes de la Udelar, universidades privadas, el Ministerio de Educación y Cultura, el IMPO y la Oficina Nacional del Servicio Civil, supuestamente para “emitir recomendaciones, realizar estudios y promover la reflexión” sobre la comunicación estatal.
¿Y para qué?
Según la exposición de motivos, para “ponerse en el lugar del ciudadano, usar frases más cortas y eliminar palabras técnicas”.
¿De qué “lenguaje claro” le van a hablar a un jubilado que cobra una partida de hambre?
¿Qué eufemismo técnico o frase corta van a inventar para explicarle a una familia que, según los criterios oficiales, ganando 15.000 pesos ya “no es pobre” aunque siga pasando necesidades básicas?
¿Con qué palabras simples le van a explicar el desempleo a miles de uruguayos que ven cómo se pierden puestos de trabajo día a día, mientras las empresas y productores acumulan pérdidas, la producción cae y el salario mínimo sigue siendo lamentable?
Es una falta de respeto absoluta a la dignidad de quienes sostienen a este país; pretenden “hacer más accesible el Estado” multiplicando la burocracia con comisiones y consejos consultivos, mientras la pobreza infantil e indigencia siguen ahí, intactas y sin soluciones de fondo.
La burocracia estatal no crea trabajo, no produce alimentos ni le devuelve el poder adquisitivo al bolsillo golpeado de los trabajadores; lo único que genera la burocracia son más comités, más estructuras, más recomendaciones teóricas y una cuenta abultada que siempre, de forma indefectible, termina pagando el ciudadano común.
Basta de circo y de discusiones autorreferenciales en el Senado; basta de crear aparatos burocráticos vacíos mientras el empleo se destruye y las familias no llegan a fin de mes.
Si la política no sirve para resolver las emergencias de la gente, el trabajo, los salarios y el hambre, entonces no está sirviendo para nada.
Es hora de que el Parlamento baje a la tierra, deje de mirarse el ombligo y empiece a responder a las verdaderas prioridades del pueblo uruguayo.

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