Arq. (J) Ignacio David Weisz | Montevideo
@|Según el mito bíblico, cuando los descendientes de Noé quisieron afrontar un futuro diluvio erigiendo una torre en Babel, el dios de los judíos evitó su continuación cambiando el idioma de los que la construían. Actualmente basta nombrar una comisión para lograr similar resultado. La discordante participación de una multitud ralentiza cualquier acción.
Lamentablemente, hay tal inconsciencia de la verdadera responsabilidad que les asignó la ciudadanía que algunos elegidos cambian el sentido de su verbo como si hablaran otra lengua. A pesar de su envidiable remuneración traicionan su cargo discurriendo vanamente urgencias como si fueran émulos de la citada torre.
Contraviniendo una de las señeras frases del Prócer: “La causa de los pueblos no admite la menor demora”, desconocen que lo urgente está antes que lo importante y que demasiadas personas carecen de bienes básicos mientras ellos, honestamente, exponen dilatorias exposiciones, como si hablar fuera más importante que obrar.
Las mayorías populares no siempre actúan juiciosamente pero cuando tienen razón... sus reacciones duelen.