Alberto Rodríguez Genta | Montevideo
@|Te juro Lula que siempre tuve un especial respeto por tu persona. Como auténtico obrero, sindicalista y la mejor expresión del socialismo frente a tantos “chantas” que iniciaron contigo e incluso con nosotros, los uruguayos, ese arrollador frente progresista, apenas comenzado el presente Siglo XXI. Y de los cuales, y que me perdonen todos, los únicos que supimos aprovechar las experiencias de ese pasado abusivo, sangriento y tortuoso, y convertirlo en un modelo de crecimiento económico con inclusión social, fuimos los uruguayos. ¡Y por eso nos ganamos una posición de respeto frente al resto del mundo!
Pero que tú, ahora que tuviste una merecida oportunidad más al frente de tu hermoso país, vengas por la revancha societaria psicológica a tratar de reivindicar a Maduro y sus crímenes en Venezuela, cuando todos los organismos internacionales han coincidido en denunciarlo por sus torturas, asesinatos, y la huida de más de 7 millones de compatriotas por no tener ni para comer, ni dignamente para subsistir y darles a sus hijos un mejor futuro, aparenta como que no aprendiste nada.
O, por lo menos, no quieres aceptar nada que reconozca el abrumador fracaso de tus compinches ideológicos y la vergüenza en la que han sumergido a sus países.
Yo he visto, como medio mundo, las fotos de esos queridos hermanos venezolanos tratando de cruzar por los pantanos de la selva del Darién, arriesgando vida, dignidad y desesperación con tal de llevar a sus hijos a un destino mejor.
Tengo guardada especialmente la foto de un joven padre venezolano en pleno viaje a la libertad a través de la selva del Darién, recostado contra un árbol, agarrándose la cabeza en un gesto de impotencia, cubierto de barro tanto como su hijita de no más de 4 o 5 años, quien, dentro de sus botitas de goma embarradas, lo mira como diciendo “¿Qué pasa papá? Hasta aquí hemos llegado; vamos, no estés triste, sigamos adelante”. Y te pregunto Lula: ¿acaso tú no viste imágenes como ésta?
Esa pequeña niña desconocida, embarrada, sorprendida que debería estar jugando con sus muñecas y disfrutando de su hogar y en su país, y que hoy acompaña a su padre a un destino tan incierto como el que abandonaron, me parte el alma.
Quiero mucho a los venezolanos. Conviví con ellos durante buena parte de ese “proyecto bolivariano del Siglo XXI”, que terminó por hacer a uno de los países más ricos del mundo, en uno de los más desgraciados.
No solo Lacalle Pou rebatió tus cómplices argumentos a favor e Maduro, sino incluso lo hicieron otros países, entre ellos el nuevo Presidente izquierdista de Chile, Gabriel Boric, quien recordó el martirio de los miles de venezolanos que han buscado asilo y oportunidad en su país.
Te recuerdo además, que varios de los representantes de nuestro partido de izquierda, el Frente Amplio, como Danilo Astori, el ex -Intendente de Montevideo Daniel Martínez e incluso uno de tus amigos preferenciales, el expresidente José Mujica, coincidieron en señalar que en Venezuela hay una dictadura.
Por eso creo que esta vez la reconocida y exitosa diplomacia de Itamaraty, le erró feo. O no quisiste escucharla.
Lástima Lula; creo que tú eres un idealista bien intencionado. Pero no aprendiste nada. Y ahora tratas de convertirte en el nuevo Mesías de una idílica integración latinoamericana; tratando de reunir y reivindicar a las peores expresiones del fracaso latinoamericano. ¡No nos ayudas nada!