Hernán Navascués | Montevideo
@|Don José Añón fue un nacional español que vino siendo muy niño a Uruguay escapando con su familia de la guerra civil. Aquí creció y adoptó muchas costumbres uruguayas, entre ellas, la pasión por uno de los grandes clubes de fútbol del Uruguay.
Se transformó en un hombre muy emprendedor, participando en la creación de dos empresas de transporte colectivo: Onda, la mayor durante décadas dedicada al transporte de personas por toda la República; y fundamentalmente, por su especial esfuerzo, Cutcsa, aún vigente y de cuya importancia resultaría ocioso referirme. Fue su Presidente durante muchísimos años y posiblemente el principal gestor de su grandeza comercial.
Pero, al mismo tiempo, durante seis años, desde 1956 hasta 1961, fue Presidente de Nacional. Durante su mandato se inauguró la gran Sede Social y los seguidores de su equipo disfrutaban a Santamaría, Ambrois, Julio Pérez y “Ciengramos” Rodríguez, a influjo de los cuales, entre otros, ganó un tricampeonato.
Pero Don José Añón supo separar las cosas. Su calidad humana, su sentido de distinción entre una y otra función y, sobre todo, el respeto a los sentimientos de los demás lo llevaron a ser muy cuidadoso en el trato a sus ocasionales adversarios en las lides deportivas; sabedor que lo más importante en una sociedad civil es la convivencia humana en términos de dignidad.
Es muy legítimo que cuando se siente una gran alegría deportiva se festeje con toda la intensidad que se considere que la ocasión merece.
El pasado triunfo de Peñarol en el clásico dio lugar a efusivas manifestaciones, muy legítimas por cierto, aunque no todas (fruto de una sociedad en que no todos quienes las componen tienen los mismos valores) fueron respetuosas de la dignidad humana, dando lugar a cánticos que se refieren a la muerte de un joven, suceso tan lamentable como en sentido contrario también ha sucedido. El respeto a la condición humana requiere otro comportamiento.
Es por ello que invoco el recuerdo de José Añón, con el firme deseo que su ejemplo lleve a la reflexión, tanto a partidarios de clubes deportivos como a algún sucesor suyo en la empresa que engrandeció.