Un Conejo Blanco | Montevideo
@| Hace unos días comentaba con un amigo la equivocada creencia que en Latinoamérica hay gobiernos de izquierda y de derecha, y analizando el contexto no encontrábamos ejemplos para decir qué país podría tener un gobierno de izquierda o si existía uno de derecha.
En realidad, podríamos afirmar que la mayoría de los países que pregonan su rechazo a las “élites” tienen gobiernos “populistas”, como sería el caso de Argentina, Bolivia, Venezuela, Perú, Brasil o Nicaragua; pero lejos están de ser de izquierda.
En la misma forma no existen gobiernos de derecha, como la izquierda opositora pretende tildar al nuestro, pues en Uruguay impera un estado democrático “pluralista” que es contrario a la visión dualista y maniquea tanto del “elitismo” como del “populismo”.
Para confirmar nuestro aserto, el populismo, según la RAE es “una tendencia política que pretende atraerse a las clases populares”, fomentando una dualidad entre “pueblo” y “élite” o lo que es lo mismo: “la lucha de clases”. Es un término que se utiliza para definir fenómenos políticos muy disímiles como los autoritarismos políticos de Donald Trump y Cristina Fernández de Kirchner, catalogados como de derecha e izquierda; o gobiernos centroizquierdistas latinoamericanos con grupos neonazis en Alemania. Todos son populismos.
Algunos calificados economistas identifican al populismo con un “conjunto de políticas macroeconómicas promovidas con el fin de ganar elecciones, pero que una vez implementadas terminan por generar niveles de gasto insostenible y desencadenan, tarde o temprano, profundas políticas de ajuste”. Generalmente promueve la preeminencia del Estado en la economía, participando o regulando la producción, apoyado fielmente por el sindicalismo, con el cual demagógicamente troca favores, prebendas y beneficios por votos.
Ahora, definido el populismo, ¿no les recuerda en nuestro país la gestión de 15 años del FA, o las mentiras y promesas que pregonan hoy desde la oposición político-sindical?
¿Estamos dispuestos a elegir un gobierno populista que busque atraer a las masas populares para acumular votos que le lleven al poder y cuando eso suceda olvidarse del pueblo propiciando la inseguridad y la ignorancia y usar ese poder para sí y sus amigos? ¿Estamos dispuestos a soportar el crecimiento del déficit fiscal aumentando la deuda pública por la cual pagamos millones de dólares de intereses, o a engordar el Estado hasta límites insostenibles para acomodar amigos y parientes ineptos en empleos públicos, o mantener empresas del Estado que dan pérdida en producciones como portland, azúcar y licores que deberían ser libradas a los privados? ¿Estamos dispuestos a correr el riesgo de tener un gobierno administrado por la soberbia despilfarradora de Cosse, la ineptitud de Sendic, la violación de las normas de derecho de Placeres y Carrera, el peligroso lobo con piel de cordero y fiel alumno de Mujica y su MPP, Yamandú Orsi, o ser manejados como títeres por el PIT-CNT?
Reconozcamos que Uruguay es hoy, orgullosamente, el país de Latinoamérica que goza del gobierno más elogiado, que no es de izquierda o derecha ni populista, que es democrático y pluralista. Y siendo conscientes de ello, luchemos para mantenerlo, alejándonos del desleal, hipócrita y mendaz temido grupo de los “populistas”.