Jenifer Silva | Montevideo
@|Me robaron la moto el 1 de agosto debajo de la cámara de mi trabajo, debajo de una cámara de seguridad del Ministerio del interior, a metros del tótem del Ministerio del Interior de Ciudad Vieja.
A los 15 minutos me di cuenta, di aviso al 911, fui a la comisaría y aporté la filmación de mi trabajo. Me dijeron que no podían ver las cámaras de seguridad hasta que la Fiscalía no tomara el caso.
Pasaron dos semanas, la Fiscalía no tomó el caso.
Mi moto apareció publicada en internet. Llamé a automotores, pasé todos los datos, me repitieron que no podían hacer nada hasta que la Fiscalía no tome el caso.
Hice un escrito con esto mismo que cuento acá, quise presentarlo en Fiscalía. Llegué y no me la quisieron tomar: no pueden tomar sobres abiertos, ni sobres cerrados, ni nada que no venga de manos de un abogado y con previa cita y como están en conflicto, no sabrían decirme para cuando la cita. Salieron dos actuarias, les expliqué mi situación, la impotencia, el ver que estaba todo ahí, pero nadie hacía nada. Se sintieron ofendidas, agredidas en su lugar de trabajo y me hicieron una denuncia penal.
La Fiscalía tomó el caso al día siguiente, para el lunes estaba citada en el juzgado y debía comparecer con un letrado. Me explicaron que estaba mal informada, todo dependía del Ministerio del Interior, no de ellos. Automotores dice que ellos no tienen nada que ver, que depende de la Fiscalía.
Perdí la moto, perdí el costo del letrado, gané una enfermedad que me regaló la impotencia de ver cómo me robaron en la cara y cómo teniendo todas las herramientas para recuperar el fruto de mi trabajo, nadie hizo nada. Me enfermó el miedo de que la justicia estuviera en mi contra, como si yo hubiera sido la que hizo algo mal.
La impotencia de ver cómo tenés que dejarte robar, porque en la burocracia y en el afán de hacer menos, la delincuencia nos está ganando a pasos agigantados.
No bajan los delitos, bajan las denuncias. La gente no quiere pasar por todo lo que yo pasé, y es sabio hacerlo.
Los laburadores, los buenos, le tenemos miedo a la justicia.