Nelson Varela | Montevideo
@|El 23/3/2021, la pandemia cobró la vida de Rodolfo Schuster, trompetista y director de la Memphis Jazz Band.
Lo conocí en 1987 cuando otro trompetista, Homero Campistrous, que había tocado conmigo en la Kakum’s Jazz Band, se enteró que Rodolfo quería incorporar un saxofonista en su banda que en ese momento era un cuarteto (sección rítmica y trompeta). La idea me entusiasmó pues se acababa de disolver la orquesta Los Gigantes en la que estuve 8 años y, si bien estaba activo con la Kakum’s Jazz Band (una big band de 12 músicos que ejecutaba jazz de los años 30), me gustó la posibilidad de tocar dixieland y swing. Esto ocurrió en los últimos meses de 1987. Y simultáneamente se incorporó a la banda el trombonista Artigas Leal.
Rodolfo era el firme impulsor de la M.J.B., el que organizaba los ensayos, conseguía los trabajos y también se preocupaba de presentar a la banda en conciertos en diversas instituciones teatrales (La Colmena, La Candela, Teatro del Anglo, Teatro Solís) y en festivales de Jazz que se realizaron en Argentina (Mar del Plata y Rosario de Santa Fe). También tocamos en el interior del país (Canelones, Flores, San José y Colonia) y en el Festival de Jazz de Punta del Este, en enero del 2006.
Para juzgar a Rodolfo desde el punto de vista jazzístico, se debe hacer considerando dos aspectos: a) como líder del ensamble con su corneta (él prefería este instrumento muy similar a la trompeta) y b) como solista. Guiando el ensamble era sumamente seguro y exacto con un sonido potente, brillante y, a la vez, cuando ejecutaba baladas, lo hacía en forma muy cálida y dulce. Y en el rubro solista, improvisando, posiblemente carecía de ese don que tienen los auténticos jazzmen. No tenía una sólida formación musical, prácticamente era casi autodidacta, pero tenía un oído fenomenal y eso le permitía aprender los temas y tocarlos con mucha seguridad. Él reproducía fielmente sus solos todas las veces que fuera necesario ejecutar un tema, pero no modificaba o agregaba algunas notas que le dieran espontaneidad y creatividad a esos solos; no exploraba las posibilidades armónicas que tenían los temas para crear un solo con la originalidad necesaria para sorprender al oyente.
Esto lo sabía el propio Rodolfo pues algunas veces lo comentábamos y con total honestidad lo reconocía. No tiene sentido la comparación con los solos que ejecutaba Louis Armstrong en sus últimos años al frente de sus All-Stars, pues “Satchmo” los repetía casi igual en sus conciertos porque había encontrado la forma de hacer explotar de entusiasmo a sus fans con esos solos estudiados para lograr ese efecto.
También está la otra faceta de Rodolfo que era la de cantante. Era dueño de un timbre de voz brillante, con un vibrato muy medido, una perfecta afinación y una exacta pronunciación del Inglés. Por último, cabe mencionar el inmenso mérito que tuvo al escribir una “Historia del Jazz en el Uruguay”, editado en abril de 1998, acompañado de un CD con grabaciones de grupos uruguayos. Abordó una tarea de investigación y recopilación que jamás habían hecho los innumerables críticos de jazz que comentaban actuaciones en la prensa escrita o radial. También en 1995 había escrito otro libro de carácter autobiográfico: “Altos y Bajos”.
Rodolfo Schuster fue un trabajador incansable por el jazz en nuestro país, organizador de espectáculos con la intervención renovada de solistas y cantantes, variando constantemente el temario de la M.J.B., con un profundo espíritu solidario y, especialmente, un sentido muy particular de la amistad. Eterno descanso para Rolf.