Mario Coppetti | Montevideo
@|Recuerdo que habiendo sido concejal municipal entre los años 2010 y 2015, participé de varios talleres sobre Ciudad Vieja, uno de ellos en el salón de eventos del Teatro Solís.
En dicha oportunidad, uno de los panelistas fue un representante de la empresa Katoen Natie, invitado para hablar de los planes “a futuro” de la nueva terminal de contenedores y lógicamente se refirió al área que la misma iba a ocupar.
Ante una consulta sobre cómo estas obras afectaban a la Escollera Sarandí, dio a entender que la playa de contenedores se extendería todo a lo largo de tan histórica construcción y que por lo tanto quedaría librado al pasaje del público el lado que mira hacia el este.
Varios de los asistentes, entre ellos el Arquitecto Mariano Arana, consideró que esta afectación era un disparate desde todo punto de vista.
Por lo pronto, aquellos que solían recorrer esta estructura para ver la bahía de Montevideo tendrán que buscar otro lugar para hacerlo, o bien esperar a que construyan miradores por encima de la montaña de contenedores.
Obviamente el progreso no se puede parar, en particular para un país que necesita divisas, tal el caso de Uruguay, pero me preocupa cuánto tiene que ceder el Estado ante empresas extranjeras que siempre buscan la ventaja.
No menos preocupante es lo que tiene que ver con el cuidado del medio ambiente y cuánto se ve afectado por sobredimensionar el terreno ganado al mar.
Esperemos que no primen los intereses económicos en forma desmedida; que las autoridades competentes sepan evaluar correctamente hasta qué punto pueden llegar las ambiciones empresariales y que ante todo se preserve y se proteja el bien común de todos los uruguayos.
Como bien dijo Artigas: “No venderé el rico patrimonio de los orientales al bajo precio de le necesidad”.