Roberto Alfonso Azcona | Montevideo
@|Durante décadas, la sociedad uruguaya se ha enorgullecido de su tradición de diálogo, su vocación de amparo social y una tolerancia histórica que sirvió como cimiento para la convivencia ciudadana.
Sin embargo, en el escenario contemporáneo, esta inclinación hacia la empatía ha sufrido una distorsión profunda bajo la hegemonía cultural y política de la izquierda; lo que en su origen pretendía ser un compromiso con la justicia y el bienestar común ha devenido en una forma de empatía culpable, una disposición acrítica a ceder principios republicanos fundamentales, libertades individuales y la propia viabilidad económica e institucional en nombre de un beneplácito moral ilimitado.
Esta empatía mal entendida se ha transformado en el núcleo normativo de la ideología woke.
Lejos de promover una verdadera integración o el desarrollo basado en el mérito, el esfuerzo y la responsabilidad personal, este paradigma prioriza la fragmentación en colectividades victimizadas, la tutelaridad estatal omnipresente y la condescendencia frente a la transgresión de las normas básicas de convivencia.
Bajo el discurso de la inclusión y la sensibilidad colectiva, se justifica el sobredimensionamiento de la burocracia estatal, la proliferación de subsidios que perpetúan la dependencia y la indulgencia ante dinámicas corporativas y presiones sindicales que paralizan los servicios esenciales del país.
La consecuencia directa de esta deriva es el progresivo debilitamiento de los pilares que sustentan a una república libre; cuando la empatía deja de ser una virtud ética equilibrada por la justicia, la ley y la verdad material, y se convierte en un dogma ideológico que castiga al contribuyente, desincentiva al generador de trabajo independiente y tolera la imposición autoritaria sobre las instituciones, la sociedad termina consumiendo sus propias bases de sustento.
El desafío urgente para el Uruguay no consiste en abdicar de la solidaridad ni del respeto hacia el prójimo, sino en rescatar estos valores de la instrumentalización ideológica.
Urge reconstruir un orden donde la libertad individual, el cumplimiento irrestricto de la ley, el mérito y la responsabilidad ciudadana prevalezcan sobre las fórmulas asistencialistas y las agendas de imposición cultural.
Para lograr frenar de manera definitiva esta inercia que erosiona el futuro del país y devolver el poder soberano a los ciudadanos, se vuelve imprescindible avanzar resueltamente hacia una reforma constitucional que restrinja los abusos del Estado y garantice la verdadera democracia.
El Uruguay de izquierda
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