Jubilado crítico | Montevideo
@|En los últimos días, se ha vuelto a poner sobre la mesa la discusión acerca de la edad de jubilación, sugiriendo revertir las reformas que adecuaron el retiro a los 65 años para retornar a la pauta de los 60 años. Conviene recordar algunos elementos centrales de juicio para analizar esta cuestión con objetividad.
A nivel internacional, la tendencia predominante de forma abrumadora no es un capricho político, sino una respuesta inevitable a la realidad: la expectativa de vida ha aumentado significativamente y la tasa de natalidad ha caído. Prácticamente todos los países desarrollados han ajustado o están ajustando la edad de retiro hacia los 65 o 67 años para garantizar la sostenibilidad de sus sistemas de previsión social.
En Uruguay, mantener el retiro a los 60 años con una población cada vez más longeva genera un desequilibrio estructural insostenible. Financiar más de dos décadas de inactividad por cada jubilado con una base decreciente de trabajadores activos solo es posible de dos maneras: reduciendo el monto de las jubilaciones o aumentando desproporcionadamente la carga impositiva sobre las generaciones jóvenes, comprometiendo recursos necesarios para la infancia, la educación y el desarrollo.
Extender la etapa laboral de forma acorde a los avances en la calidad y duración de la vida no solo preserva las cuentas públicas, sino que permite acumular mejores niveles de aportes para obtener prestaciones más dignas. Volver atrás en esta materia sería ignorar el consenso técnico global y dar un paso en falso contra la equidad intergeneracional y el futuro del país.
Esperemos que prime la cordura y la racionalidad y no la inconsistencia de la política actual.
Edad jubilatoria
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