Juan Pueblo | Montevideo
@|Uruguay enfrenta una paradoja permanente. Es reconocido regionalmente por su razonable nivel de estabilidad democrática, seguridad jurídica y cohesión social; sin embargo, convive con un crecimiento económico cansino, un costo de vida elevado y una competitividad resentida por el denominado “costo país”.
El diagnóstico técnico está más que estudiado. El verdadero desafío radica en comprender por qué resulta tan complejo “mover la aguja”. A diferencia de otros países golpeados por la volatilidad política, parte del freno uruguayo puede encontrarse en una de sus mayores virtudes: la búsqueda permanente de consensos. En el afán de garantizar certezas y preservar equilibrios, el Estado ha consolidado una arquitectura burocrática pesada, en la que modificar lo existente suele resultar más difícil que agregar nuevas regulaciones.
El impacto es evidente en la economía cotidiana. Por ejemplo, la importación de determinados insumos o productos de consumo masivo puede atravesar un laberinto de registros, tasas y habilitaciones de distintos organismos. Esta superposición, cuando no responde a una necesidad concreta de control, no genera necesariamente mayor seguridad para el ciudadano; puede fragmentar el mercado, limitar la competencia y encarecer los precios finales que pagan las familias y las empresas.
Ante este escenario, reclamar reformas de shock no suele ser viable en una sociedad que prioriza el equilibrio. La alternativa pasa por ejecutar, por ejemplo, algunas reformas microeconómicas de precisión quirúrgica que permitan reducir el costo país desde adentro:
- Ventanilla única e interoperable: Unificar los trámites de registro alimentario y comercial para que emprender no requiera peregrinar por distintas oficinas públicas.
- Homologación automática: Validar, bajo criterios previamente establecidos, insumos, medicamentos o bienes que ya cuentan con la aprobación de agencias sanitarias y técnicas de alta exigencia internacional, abriendo la competencia y contribuyendo a reducir precios.
- Adaptabilidad para las PyMEs: Incorporar mecanismos de adaptación en las negociaciones colectivas que contemplen las diferentes realidades de las pequeñas y medianas empresas, especialmente en el interior del país.
Uruguay no necesita renunciar a su identidad de país previsible para ganar dinamismo. La competitividad no se logra reduciendo derechos o garantías, sino eliminando la burocracia innecesaria acumulada sobre ellos. Reducir el costo de producir y vivir en el país, sin sacrificar aquello que sostiene su estabilidad, puede ser una de las políticas de desarrollo más efectivas para el futuro.
Dificultades de crecimiento
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