Dr. César Eduardo Fontana | Montevideo
@|La del título es una famosa frase otrora muy utilizada y que ha ido perdiendo poco a poco el protagonismo que alcanzó a tener hace años, aunque la realidad actual de nuestro país está reclamando su vigencia debiéndose analizar el por qué de que esto suceda.
Veamos: mientras el mundo está pendiente de si se cierra o no el estrecho de Ormuz por donde transita un enorme número de buques petroleros; mientras la guerra en Ucrania lleva ya sus buenos cuatro años y medio; mientras en Cuba arrecian los apagones y la población pasa mal sin saberse el fin de la película; mientras en Alemania el partido AfD crece; mientras el exdictador Maduro sigue preso e igualmente ocurre así con otros tantos hechos globales más o menos importantes, en nuestra pequeña y adormilada aldea parece ser que nuestros políticos y sus voceros tienen en mente cosas de un valor liliputiense. Como saber, por ejemplo, si un empleado digo, perdón, si un “asesor” de edil (quien escribe no sabe con qué le pagan dado el carácter honorario del cargo y menos qué puede estar haciendo un funcionario departamental en China según ha mencionado la prensa) efectuó o no una maniobra confusa. Y otros, a su vez, se preocupan de influir en las elecciones brasileñas sin explicar cómo lo haría un país que no llega a los tres millones y medio de habitantes hacia otro que alberga a más de doscientos millones y que por lo demás tradicionalmente en sus relaciones exteriores tiene en la famosa Itamaraty su calificado vocero un tanto independiente de cual sea el primer mandatario.
Por si esto no bastara, la prensa se ha encargado de señalar un - pequeño - cruce de opiniones en el Senado entre un legislador opositor y otro oficialista, y así, en fin en varios asuntos baladíes, sin demostrar en cambio mucha preocupación sobre la situación de nuestro puerto (razón de ser del Estado nacional) que quizás sea más el tiempo en que está de paro que el que funciona; que los homicidios continúan segando vidas; que la enseñanza pública por un pretexto hoy sí y mañana también suspende sus actividades; que en las puertas de emergencia de hospitales y mutualistas los pacientes críticos deben esperar largo tiempo para que los atiendan; que desde hace años de años no vigilamos nuestro mar y se nos llevan la pesca; que el sagrado FONASA sigue dando déficit; que un partido de fútbol tenga que jugarse sin público, lo que es el claro reflejo de algo muy preocupante cual es nuestra absoluta decadencia ciudadana.
Todo esto y mucho más para ni hacer mención siquiera del lamentable hecho de que cada año que pasa somos menos habitantes, y todo ello aguardando en una suerte de sala de espera “sine die” a que alguien, no se sabe quién ni cómo, con cierto grado de criterio se ocupe en serio en tratar de darles una respuesta efectiva.
En resumidas cuentas, vivimos en un país atrasado por lo menos treinta años respecto del mundo y que permanece estacionado durmiendo una larga siesta y lo peor de todo es que tal extremo o mantiene indiferentes a muchos o inclusive gusta a no pocos.
Por eso lo del título: “Como el Uruguay no hay”.
Como el Uruguay no hay
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